martes, 4 de marzo de 2008

La mirada as-tu-ta del gorila

Tanto desarrollo actual del marketing, tanto estudio de la publicidad; miles y miles de libros escarbando en los terrenos pétreos del inconsciente para encontrar las raíces del obrar, la capa sedimentaria donde descansan las motivaciones. Y nada, nada tan efectivo como los sistemas propagandísticos que desde los años treinta han inyectado su contenido en los cerebros de nuestros mayores; atravesando cuero cabelludo y hueso, hueso y meninges, hasta derramarse sobre la materia gris, a presión, a presión tan alta que los hace impactar y deformar el interior de las neuronas y modificar ideas y pareceres, apreciaciones, conductas. Uno habla con un señor de edad avanzada y, haya estado de acuerdo o no con los líderes políticos que se asomaban a los balcones del poder en su mocedad, el hombre le pinta a uno la realidad de un país que hoy se nos antoja extraña, alejada, ficticia o imposible. Se habla de la Argentina del mismo modo en que se describirían verbalmente los noticiosos que contaban en el cine los "Sucesos Argentinos", con la misma voz exageradamente nasal, pero sumando una añoranza tanguera, casi recitada; con la mirada perdida y levantando las cejas de un empujón, para que la cabeza caiga al aflojar, amortiguándose un sí leve de afirmación de la época dorada perdida. Escuchamos con aburrimiento el nivel comparativo de nuestras exportaciones en aquellos días, la organización y el orden social que permitían caminar por la calle con seguridad hasta cualquier hora. Una pausa parece acabar el discurso, pero es aire para seguir contando: el respeto, la industria, los ferrocarriles. Algunos ociosos estudiantes de historia extranjeros, muy probablemente para escapar de los rigores a que son sometidos los trabajos académicos que tienen algún tipo de interés genuino para alguien, guiñan el ojo a su compañero de campus y eligen dedicarse a la historia argentina. Estos estudiantes de vocación dictada por la mediocridad, son entrevistados a veces por historiadores locales fascinados por la anécdota de que su miserable pasado sea objeto de interés para alguien de afuera. Entrevistados con adulación. Y en estas entrevistas declaran su incredulidad por el hecho de que un país narrado tan rico y poderoso sea, visto, tan pobre y débil. Entonces justifican sus becas tratando de realizar conjeturas para explicar la declinación de nación tan próspera. Y esculpen nuestras opiniones con estas conjeturas. Pero por miles que sean las tesinas al respecto, ninguna explicación más que una suerte de hipnósis propagandística como la que referimos podría explicar el que millones de personas pudieran añorar una tierra con tan poco para dar. Porque es cierto que están presentes aquí todos los climas, pero ninguno de modo acabado. Así como la calurosa tierra misionera es calentada por el clima subtropical, de igual modo el resto de los climas es también "sub". Y "sub" la producción agrícola-ganadera, superada varias veces por la china, la brasileña, la estadounidense (siempre, en todas las épocas). "Sub" son las industrias; "sub", la cultura, "sub" los paisajes, siempre mucho más lindos "del otro lado" (en Chile, en las cataratas). "Sub" los balnearios veraniegos, cuya canción-bandera los describe con olas, viento y frío de mar. "Sub", nuestro arte; y nuestra filosofía, "sub-cero". ¿Cuándo la Argentina fue grande?, ¿cuándo ocupó el tan mentado cuarto puesto en el orden de las naciones; según qué ranking?; ¿cuando todos los demás países estaban destruídos?. Quizás tanto rotular etiquetas de nada nos haya hecho pensar que teníamos algo. Pero no. No hay nada de que estar orgullosos. Nada. Nada de todo esto, pero mucho menos aún – y este es el punto de esta entrada – de nuestras mujeres. Muy a menudo se escucha decir que las argentinas son las mujeres más lindas del mundo. Es que además del “granero del mundo” seríamos un semillero de beldades universales por todos reconocido. Se cree esto con la misma convicción con que se lamenta por las gestiones políticas que han dilapidado las virtudes de una tierra en la que se tira una semilla y crece una planta. Pero si esta afirmación no es hija de la manipulación panegirista que desde hace décadas realiza el poder para hacernos creer que vivimos en un paraíso; si esta afirmación no es acrítica ni surge impensadamente como surge un cliché, realmente tengo que poner en tela de juicio la capacidad estética de mis compatriotas. Es muy cierto que hay modelos argentinas de gran belleza, tanto en lo que refiere a la armonía de sus rostros, como en cuanto a sus esculpidos cuerpos. Y, aunque me parecería falso y exagerado, la elasticidad de mis criterios para juzgar armonías me permitiría aceptar que alguien dijera que los argentinos contamos con las mejores y más bellas modelos. Modelos, no mujeres. La atrofia del Juicio tal vez tenga que ver con un displicente entrenamiento de la facultad de observación. Fijamos la vista para ver la tele, pero observamos sólo de refilón a la fémina que pasa a nuestro lado, por pudor, por fingida elegancia. Propongo que la silueta que atrae la vista para el lado contrario hacia el que avanzamos sea groseramente observada, seguida incluso. Que no nos dejemos tentar por las imágenes de archivo que evoca el encuentro confuso con una señorita en la calle, sino que evaluemos en función sólo de lo que se da. Una especie de fenomenología estética en la que nos demos “a las mujeres mismas”. Lo que así se descubrirá en promedio es la manifestación regional de un género abundante en redondeces mal ubicadas (pliegues que caen sobre otros pliegues ocultando cicatrices, cesáreas), con serias dificultades nutricionales heredadas, plasmadas en una altura sólo aceptable en la Europa del siglo XVII; con rostros que mezclan insensiblemente un fuerte componente indígena con lo más tosco de los rasgos de las regiones europeas donde la naturaleza es menos generosa para otorgar frutos a sus hijos. Y lo peor: la mujer argentina camina como deshaciéndose, descoordinadamente; avanzando como un zombie, sin que pueda adivinarse en ella ninguna voluntad que la dirija. Está porque está, camina porque va. Y corona el cuadro con una mirada francamente muy, pero muy poco inteligente. (¿En qué se diferencia un gorila a una mujer argentina? En la mirada as-tu-ta del gorila). Con la mujer argentina promedio no puede cruzarse medio diálogo sin que aparezcan, como surge la bailarina de la cajita de música, sus carencias intelectuales. Y estas carencias se encarnan en su rostro, en sus gestos, en sus ademanes. Será cuestión de stock: “es lo que hay”. Será que la Voluntad nos hace ver perlas donde hay mierda. Concluye mi amigo Hernán: “Subite a un colectivo, contá cuantas minas están buenas y el promedio te dará una muestra representativa a nivel país.” Yo, por eso, ando en auto.

3 comentarios:

Rodrigo dijo...

Triste realidad. Sobre todo cuando esos resultados se dan en una cadena que parece infinita. Aunque todos guardamos esa ilusión de que alguna, algún día, pueda sorprendernos..aunque sea más de dos días.

Luc dijo...

Por favor!!! Qué es lo que pasa, el polvillo de los libros viejos te está haciendo mal.
Tomo todo este comentario como un petardismo marketinero y nada más. Pero no pudiendo con mi genio caigo en la trampa, del mismo modo que sigo tomando esa maldita gaseosa.
Todo el comentario parece desprenderse de Gualterio no tuvo un buen de semana.
Mi principal problema para rebatir vuestros argumentos es que no he salido del país. De modo que mi argumentación será trascendental en un laxo sentido kantiano: del país para acá y no del país para allá.
Comparte que existe cierto mito de la Argentina como potencia que jamás fue. Eso lo notamos cuando hablamos con alguien del extranjero (en mi caso vía internet) desconocen todo lo referente al país. Generalmente nos imaginan a todos como en el siglo XVI viviendo en un gran Tawantinsuyu.
No obstante, hay dos cosas muy buenas que no se pueden negar: la extensión y el agua. Los japoneses con solo el Valle de la Luna en sus condiciones de sequedad extrema construirían una potencia. Y el agua no es un recurso para despreciar. No obstante, no tengo muchas ganas de entrar en una defensa patriótica. Que podría hacerla pero me interesa más otro punto. Le ragazze!
¿Cómo es eso? En principio tendría que atacar sus estadísticas. Pero no me interesan los números. Prefiero hacer una defensa cualitativa que cuantitativa. No sé cómo serán las mujeres en otros países, por el poco conocimiento que tengo las francesas están entre las más hermosas (me baso en las mujeres mediáticas).
Sin embargo, en el trascurso de mi vida he conocido argentinas no bellas sino mucho más que eso. De esa clase de mujeres que con solo verlas uno no solo está dispuesto a hacer lo que sea sino que desea hacerlo.
La ventaja argentina es la del crisol de razas, digamos que la variedad enriquece la belleza en general de las mujeres. Por supuesto que hay unas cuantas que uno no quisiera encontrar de noche. Pero hay tantas tan hermosas para el deleite de nuestros ojos que no sé cómo estando en el centro puede afirmar aquello.
Desde los seis años no hubo un día en que no esté loco por una argentina. No me considero una persona de mal gusto. Y por mucho tiempo pude decir con Dolina: "Me han escupido en la cara las mujeres más hermosas del país". Creo que ahora se quedaron sin saliva.
En cuanto a lo intelectual, el lado B de la belleza. Es más dificultoso hallar mujeres que posean el atributo completo aunque de nuevo uso el "argumentum lamiarum existentia": que las hay las hay.
Podría coincidir en que hay cierto carácter bastante choto (en el sentido de ethos choto) en nuestras compatriotas. Lo cual podría ir en contra del lado B, pero no del A.

Carolingio dijo...

Hombres necios que acusais...

Aunque coincido en que por aqui no hay muchas mujeres inteligentes, agrego que tampoco son muchos los hombres inteligentes que conozco.

No puedo hablar demasiado de la belleza femenina de las argentinas, ya que no soy hombre y eso limita mi objetividad, mi interes y mi observación. Si tengo que hablar de mi, solo puedo agregar que pertenezco al desafortunado grupo que esta "plasmadas en una altura sólo aceptable en la Europa del siglo XVII". (O, de última, de algún pais asiatico)

Por otro lado: ¿Que es la inteligencia? ¿que es ser inteligente?
Y mas dificil aún ¿que es ser bello?

Ud se atreve a definirlo?