sábado, 15 de marzo de 2008

¡NO TE JUNTES CON ESTA CHUSMA!

Hay un límite infranqueable para la tolerancia y la amplitud que pregonan tener los intelectuales: la música de bailanta y el humor chabacano. Bien pueden aceptar - esgrimiendo relativismo cultural, perspectivismo axiológico o sindiásmica general - que una persona sea lapidada en Medio Oriente por interrumpir el discurso de un lider religioso, o que en la pretensión de controlar la natalidad creciente, las niñas sean arrojadas en depósitos de humanidad excedente en China. Sin embargo, todo tiene coto. Hay una restricción inevitable en el listado a que autoriza el eclecticismo manifiesto. Estoy cansado de enterarme, una y otra vez, que proto señores con polera y anteojitos escuchan "De todo. SALVO bailanta." Me pregunto por qué la amplitud disminuye al chocar con la puerta de Maremoto. Me respondo que debe haber mucho de desprecio social en el asunto, que aceptar que a uno se le mueven solas las piernas al escuchar el "Bombón Asesino" debe dejar muy poco claro al mundo que uno no es de "esos". Creo que ese límite que nos preocupamos por dejar bien subrayado revela lo peor de nosotros. Revela nuestra frivolidad, nuestra hipocresía, nuestra jactancia, nuestro fascismo menos morigerado, nuestra discriminación más cruda. Lo siento igual de ofensivo que cuando se enumeran las penas que habría que aplicar (que la clase media tendría que aplicar) a las clases bajas (a esos "negros de mierda", según decimos todos cuando nos molesta algo que hace alguien no tan bien vestido); igual de ofensivo que cuando nos quejamos de que la Secretaría de Turismo no se preocupó por limitar el ingreso de un turismo "de cuarta". La conciencia no nos permite aceptar estas razones, y nos llena la boca de justificaciones relacionadas con supuestos parámetros artísticos. La que primero llega a mover la lengua habla de que la cumbia "son cuatro acordes" o que las melodías son de una pobreza insoportable. Sin embargo, quizás sean menos los acordes y casi inexistentes los dibujos sobre el ritmo en otros géneros que gozan de mayor prestigio social. Nadie hace salvedades respecto de la música electrónica. Puede que tampoco les guste, pero nadie deja explícito este hecho después de ser cuestionado por sus preferencias. Y no hace falta que se mencione a la bailanta en la pregunta, para que su exclusión aparezca en la respuesta. Creo que los psicólogos llaman a esto "denegación". Yo quisiera que se me respondiera qué clase de música podría ser mejor para bailar en una fiesta de quince, o en año nuevo, o como la banda sonora de un día de mucha alegría, un día en que pudiéramos gozar del hecho mismo de, simplemente, seguir vivos. Si aceptamos la (discutible) hipótesis de que la mayor complejidad es sinónimo de mayor calidad en las artes, quizás en el contraste directo con las armonías que tiene el jazz, o con las melodías de Piazzola, la cumbia salga perdiendo. Pero no me deja de gustar el pan con manteca porque haya descubierto el sexo. Cada cosa debiera ser juzgada en relación a otras de su género, pues así se ponderaría su valor formal. Sería legítimo sostener, por ejemplo, que "Tonta" no es tan divertida como "Qué tendrá el petiso", pero no que "Violeta" no tiene nada que hacer comparada con el "Réquiem" de Mozart. Los géneros son inconmensurables entre sí; y cuando sentimos el impulso de hacer este tipo de mediciones cualitativas, lo que comparamos son los contextos sociales asociados a aquellas expresiones, para dejar bien establecido que no pertenecemos a la chusma. Y por supuesto, no solamente afirmamos nuestra identidad social a través de nuestros desprecios por las manifestaciones culturales de "los otros", también hacemos un esfuerzo por construir nuestro status intelectual en el rechazo de los aspectos donde detectamos que se asentaría la inteligencia. Uno de estos aspectos es el humor. Se supone que la hilaridad es el resultado de una elaboración intelectual y que para que algo cause gracia debe ser fruto de una complejización intelectiva. Las guerras de tortas parecen destruir el supuesto. Tal vez esta falsa hipótesis nazca de una particularidad que el humor comparte con el género policial: se trata de expresiones que requieren sorpresa para lograr efectividad. Así, la repetición es inaceptable y los cerebros dedicados a generar suspenso o risas deben ensayar constantemente nuevos giros y vueltas de tuerca. Pero esto no quiere decir que nuevas formas simples o antiguas fórmulas elementales en nuevas presentaciones no causen gracia o no produzcan intriga. El humor chabacano, por ejemplo, es un caso. Solemos mordernos el labio inferior a la vez que negamos con la cabeza cuando nos hallamos frente a un espectáculo donde abunda el recurso a lo escatológico. Nos quejamos de haber pagado una entrada para ver y escuchar algo tan obvio y poco inteligente. Ponemos cara de odio mientras los otros se descostillan. Pero no queremos ser como los otros: vamos a la Universidad, leemos libros, no vemos T.V. (sólo lo hacemos si hay películas coreanas), tenemos un espíritu crítico y somos más conscientes del mundo donde estamos parados que la plebe, ¿Cómo reírnos de lo mismo que ellos se ríen?, ¿cómo no poner a la vista de todos y de nosotros mismos el hecho de que estamos por encima?. Pero estas vías de consolidación yóica que hacen pié en la cabeza de los otros, en el rechazo de aquello con lo cual no queremos que se nos confunda, no nos permiten más que crear máscaras que ocultan nuestro verdadero rostro: el rostro que se llena de gozo cuando danza pasos alocados en la fiesta de egresados, el rostro del que brota la carcajada caudalosa cuando la vieja pisa la cáscara de banana. Todos coinciden en que para disfrutar lo bueno debe existir lo malo; que para que River exista, debe continuar la historia de Boca y que para haya algo que se llame noche, el cielo debe a veces aclararse. Entonces, para que se recorte un YO, un NO YO deberá demilitarse. Así parece que nos constituiríamos como los que (en cada caso) somos, a partir de separarnos de los que no queremos ser. Sin embargo, hablaría muy bien de nosotros que el patrón de medida de esa distinción tendiera a evitar los fuertes y desagradables componentes clasistas.

9 comentarios:

Luc dijo...

A ver, a ver... Gualterio, Gualterio. Coincido en muchas cosas de este escrito. No obstante, tengo que separar a la sindiásmica de su bolsa relativista. Insisto en que o no entendió nada o busca polémica en vano.
Confieso que por mucho tiempo juzgué muy mal los ritmos tropicales e incluso dudaba de su status musical. Ese es mi pecado, lo reconozco. Pero un pecado ligado a la ignorancia, los ritmos tropicales son muy variados solo que como todo quien ignora algo no puede distinguir ni apreciar sus matices. Del mismo modo que a todo habitante de Bangkok a Manila le decimos "ponja".
Esto es una limitación, la sindiásmica busca la variedad y la estimula. Las nuevas combinaciones nos enriquecen... así que no hipotetice defensas del integrismo para la sindiásmica, todo lo contrario.
Deberé disentir en algo más. En princio, en su revalorización de lo "popular" hay una hipérbole. Hay aspectos musicales de complejidad y del contexto de creación y producción que hacen que la humanidad pueda valorar con ciertos criterios de sólida argumentación que una pieza de Mozart enriquece más que el tema "Tonta". No es que desmerezca el producto creativo "Tonta" pero hay que situarlo en un contexto artístico. Igualar de esa forma es ser injusto con el artista, incluso con el compositor de "Tonta".
Por otro lado, lo corriente no es por eso negativo. Creo que hay pocas cosas más constantes y corrientes que el sexo y esto no lo hace menos placentero.
En cuanto al chiste de Corona, cuyo humor reconozco no me agrada del mismo modo que le confesé no me agrada Mr. Bean, tiene cierta complejidad. Valores positivos: no es el chiste del mon(o-g)arca, y tiene cierta complejidad argumental: hay 3 actos, hay repetición, hay un contrapunto ligado al sueño y a la vigilia y hay humor escatológico. Creo que no es despreciable y tampoco es de los chistes corrientes.
Por último, me atrevo a dejarle un consejo olvídese por un rato de sus prejuicios y las grabaciones de Videomatch y vaya a alguna fiesta y baile el Bombón alegremente (sin detenerse en su explícito encomio del traste).
Atte. su amigo, Luc

fede dijo...

El último párrafo de Luc fue un verdadero "¡pum en el ojo!" La música bailable se defiende bailándola, querido W. Y ud se perdió la tarantela.

Por lo demás, comparto su desagrado y lo celebro. Ciertos desprecios jactanciosos (que ocultan, como ud bien dice, un velado desprecio de clase)parecen
formar parte del catálogo de normas a seguir para ser "progre".

Y ni hablar si uno quiere ser considerado un intelectual... Porque uno puede ser inteligente, culto y creativo sin ser "un verdadero intelectual"... Para serlo, uno debe estar indignado con la invasión del Tíbet, la programación de canal 9 y no comer nunca (jamás) en MacDonalds. (Además de fumar en pipa y por supuesto, usar la baraba lo más parecido al Che que sea posible)
Y nadie (esto es muy curioso), absolutamente nadie, se define a si mismo como tal a no ser que quiera levantarse una mina en el CRU... Al parecer, ser intelectual es algo así como ser un jedi o entender el Tao.

"Soberbios y melancólicos
que miran, callan y creen
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va infestando la tiera..."

(Antonito Machado)

Calderondelabarca dijo...

Entiendo que te estás refiriendo a aquellos " de polera y anteojitos" como una especie dentro del género.
En dicho caso pienso que lo que expresás puede ser muy cierto.
Sin embargo,hay un espectro más amplio que también reniega de esa música o de ese ambiente por otras razones y no para buscar diferenciarse. Pero como no te haz referido al mismo, no abundo sobre el tema.

fede dijo...

Por medio de la presente, los invito a visitar mi novedoso y genial blog por un módico click en mi nombre.

PD: Antes de entrar límpiense los pieses.

Carolina dijo...

Walter:

Varias cosas. Primero, creo que hay que hacer una separación. Una cosa es el arte (llámese "réquiem" de mozart o "la persistencia de la memoria" de Dalí) y otra cosa es el entretenimiento ("el bombón asesino" de Los palmeras, “Diógenes y el linyera”).

El entretenimiento, bien hecho, entretiene... y ahi se termina. El arte puede entretener, pero va más allá. Conmueve y transporta al que lo escucha/ve. No hace falta poder distinguir que funciones armónicas utiliza Mozart en “lacrimosa” al igual que para emocionarse, no es necesario “entender” un cuadro.

Obviamente, siempre puede decir alguien -a mi me conmueve “tonta”, me hace acordar a una novia que tenia-. Es una discusión sin fin, que es arte y que no.

Tema humor: Sinceramente me resultan chocantes la mayoría de los chistes de, pongamos, Corona. Y dicho choque les quita la gracia. No tengo más argumento que ese.

Ahora, dando una respuesta mas amplia al escrito, creo que defender algo popular solo porque es atacado por “los otros”, es lo mismo que atacar algo popular solo porque es popular. Porque lo escuchan quienes son “negros de alma” (esa es la PEOR frase de la historia, la de la coloración del alma…). En mi opinión, lo que tendrías que haber dicho es: “creo que la cumbia es un gran genero porque ta-ta-ta y ta-ta-ta”. O, simplemente, porque me gusta. El recalcar que hay gente que hace esa división, ¿no te pone a vos mismo un poco en ese lugar?

Por mi parte escucho lo que me gusta, cuando tengo ganas. Y voy a bailar, y me divierto con música que me hace bailar. Valoro artísticamente y agradezco la existencia de Freddy Mercuri, Bach, el Cuchi Leguizamon, Serrat y tantos otros, que considero únicos e irrepetibles. Y valoro a los palmeras, que me divierten en los cumpleaños… pero conciente de que de no existir ellos, habría otros, prácticamente iguales

Walter L. Doti dijo...

Luc:
Que a los habitantes de Bangkok a Manila los llamemos "ponjas", confirma mi sospecha de que el criticado humor chabacano de Tinelli es mucho más disfrutado de lo que se confiesa.
En relación a la sindiásmica, sólo la mencioné para irritarlo. Sin embargo, ahora me arrebata una duda: ¿cómo se compatibiliza el hecho de que se propenda a la pluralidad con la no aceptación de las barbaridades citadas?
En relación a Corona, ¿por qué esa necesidad de desglosar la estructura lógica del chiste? ¿Por qué no sólo reirse de él?.
Y sobre la fiesta - y esto va también para Fede- espero que haya terminado en orgía, de otro modo no entiendo por qué tanto reproche por mi ausencia. Hubiera ido con ganas - es raro, pero hacía tiempo no deseaba ir a una fiesta- pero el virus que genera la herpangina decidió que mi hija era un huésped ideal.

Fede: Muy atinado el poema. Salvemos al Tibet (pero mandemos a una isla a los negros de mierda esos que escuchan bailanta).

Caldera: Comprendió Ud. muy bien. Yo no defendí la música de bailanta y el humor chabacano de modo integral. Sólo hablé de que tienen aspectos positivos y me puse en contra de su desprecio sistemático y fundado en aberrante soberbia de clase.

Carolina: No comprendió, parece, tanto como Calderón. No defiendo lo popular sólo por el hecho de serlo, destaco algunos de sus aspectos positivos para ir en contra de su rechazo sistemático y denunciar su motivación clasista.
Y ya que declara que le gusta salir a bailar, ¿no me acepta en esta pieza? (suena el vals "Tu pálida voz").

Luc dijo...

Un poco podrido de gritarle a los sordos junto el guante dejado para la sindiásmica.
Dicha corriente jamás aceptaría los casos mencionados porque ambos atentan contra la posibilidad de nuevas combinaciones. Niegan la posibilidad de combinar. Además para poder combinar y "leer" más combinaciones se necesita un requisito indispensable: la vida. Todo lo que vaya contra la vida va contra la sindiásmica. El día que ésta última vaya contra la vida irá contra sí misma y será un caso más de autodestrucción.
Espero digan de mí, como del filósofo innombrable, que se me terminó el lenguaje y no las ideas.

Insisto en las cuestión de la identidad de los cobloggers, no con ánimo de coleccionar material para argumenta ad hominem sino para seguir conociendo gente.

Si porgono distinti saluti.

Carolina dijo...

"Un poco podrido de gritarle a los sordos junto el guante dejado para la sindiásmica." <--- Creo que me perdi algo. De que hablamos cuando hablamos de sindiásmica?? Alguien será tan amable de explicarme?

"Y ya que declara que le gusta salir a bailar, ¿no me acepta en esta pieza? (suena el vals "Tu pálida voz")." <---- Acepto con una simple condición: Que sea la voz de Rolon la que diga "te oí decir: adios, adios". (Podriamos llegar a aceptar "Rubi", mismo interprete )

Luc dijo...

La sindiásmica es un intento de generar una nueva corriente pensamiento a partir del axioma "todo lo cognoscible es combinación". Para más información visite mi blog, para críticas infundadas a la teoría consúltelo a Gualterio.
Atte. Luc