jueves, 27 de marzo de 2008

Voyage, Voyage

Sólo una cosa me provoca más placer que viajar: la sensación del viaje inminente. El que espera desespera, pero cuando la espera se da en un aeropuerto, se convierte en gozo completo. En el aeropuerto el pasado, con todas sus cargas, se borra; el presente se eterniza, porque no se quiere abandonar; y el futuro inminente, plagado de emociones soñadas, es tan denso que no deja ver la luz oscura que siempre ilumina al futuro lejano. El ambiente de las estaciones aéreas es siempre de una tranquilidad, un refinamiento y una seguridad impensables en el mundo real. Todos visten bien, todos se esfuerzan por mostrarse educados y la gran mayoría se siente feliz. Abunda el dinero y quien más, quien menos, todos pueden sucumbir a la tentación de hacer algún gasto que alimente su hedonismo por un rato. Se piensa en lo que viene y - si se olvida el miedo de volar - no puede dejar de esbozarse una sonrisa. Todos en el aeropuerto llevan puesta una sonrisa. ¿Volveré a sentir esa sensación alguna vez?

8 comentarios:

fede dijo...

Los orientales creían que entre más lejos viajábamos, más lejos nos íbamos de nosotros mismos... Hoy, recorren el planeta con sus palms fotografiando hasta las colillas de los ceniceros y son capaces de pagar u$ 20 por un mate.
¡Ahora sí: no me venga con Uropa! A mí déjeme irme por uno o dos meses con cuatro o cinco personas bien elegidas a alguna islita en la Polinesia (de aguas cálidas y cristalinas)y déjese de embromar con el museo del Luuuvrgrgr y el palacio Bókinjan, que hasta las postales de esos lugares son aburridas.

Walter L. Doti dijo...

Dice un amigo que lo contrario de "aburrido" sólo es "divertido", y no "interesante" o "fascinante" o "increíble". Quizás Europa no le resulte divertida, pero le juro que es incomparable: recuerdo la sensación cuando le dí la mano a la Torre Eiffel, cuando caminé por la oscura noche de "Jack, el destripador", o cuando me miraron a los ojos los inimaginados enormes personajes de "Las Meninas" de Velázquez; o cuando mis ojos aprovecharon los 20 segundos que, sin detenerme, tuve para ver el cuerpo inmóvil y tenuemente iluminado de Lenin.
Europa es el único lugar que considero cualitativamente superior al resto. Los demás sitios difieren entre sí tan sólo en grado. La Polinesia se lleva un diez allí donde Mar del Plata un 1, pero no dejan de estar en la misma escala.

Carolina dijo...

Coincido plenamente con el post. Viajar es una de las cosas más emocionantes del mundo. Es atrapante todo el ritual, el empacar, el comprar las cosas necesarias, el planear un itinerario...

Confieso con un poco de vergúenza que a mi me emociona cualquier tipo de viaje. Cada tres semanas voy a capital a tomar clases, y el hecho de subir al micro (con toda la modestia al lado de sus aeropuertos) me genera una emoción irreproducible. Siento que mi vida cambia, que me transformo en otra persona, que puedo vivir por un rato una vida ajena…

Walter L. Doti dijo...

Carolina: cuidado cuando pase por Dolores!

Calderondelabarca dijo...

Coincido absolutamente. El pasaporte debería exigirse directamente al entrar al Aeropuerto. Alucinado,me veo rodeado de gente sajona con escandaloso millaje, que me mira de reojo como diciendo ...¿ Tú piensas subir a MI Avión ?

Walter L. Doti dijo...

Después de este cometario, queda despejada la duda de muchos: Calderón es Petinattoooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!

Daniel dijo...

Hay una película sobre un pajuerano de la Europa oriental que se queda varado en un aeropuerto americano y vive ahí por años....me refiero a que trabaja, se enamora, ase amigos, etc; si las empresas aéreas tuvieran sentido del humor se la pasarían a los sudacas en viaje a la vieja Europa, tal vez en doble programa con Aeropuerto 78...

Yo, que soy uno de los mejores
amigos del famoso INTRONAUTA creo, con el, que el viaje es imposible.

Me explicare: o uno viaja rodeado de las comodidades y seguridades del mundo de hoy, o sea, rodeado de una burbuja que le asegura que nada imprevisto le pasara, con lo que el viaje no es mas que el mudar momentáneamente de escenario la comedia rutinaria de nuestros días;

o viaja de manera improvisada y hasta involuntaria, de polizón , sin certezas, completamente vulnerable a los dramáticos vaivenes del destino y entonces uno , después de vicisitudes y aventuras diversas , después de años como laberintos, puede volver al barrio a contarle a los muchachos sus aventuras, pero sera inútil, porque ellos no lo reconoseràn, porque el viajero ya sera otro .

Para viajes, recomiendo el del famoso Tulio Graciano, que engañado por astutos comerciantes fenicios firmo un contrato como socio minoritario con derecho a remo en un trirreme y recorrió el mediterráneo, remando y sintiendo en el lomo los asotes de un nubio impaciente, por diez años, al cabo de los cuales pudo abandonar la bodega y volver a su natal corcega a relatar lo que habia visto, que no era mucho pues la bodega estaba alumbrada por una pequeña lampara de aceite.

fede dijo...

Una persona medianamente inteligente no se aburre nunca: todo le interesa, por la sencilla razón de que el mundo entero encierra las posibilidades de su existencia.
Pero uno también se harta de ciertos lugares comunes de lo que siempre se ha dado en llamar "enriquecimiento espiritual". Sé que usted no participa de esas giladas, pero quiero que el resto del mundo lo sepa también. Me gusta la gente que no siente la obligación de leer nada e, incluso así, parece haberlo leído todo.
Cuando dije Uropa, me refería a ese espantoso monstruo de lugares de visita obligatoria, de recorridos guiados y de fachadas históricas, de franceses poniendo cara de snobs e italianos poniendo cara de renacentistas...
Para quitarme ese sinsabor, hábleme también de Europa, cuéntenos que también extraña a las italianas (que dicen que están buenííísimas), o la costa azul (donde las namis hacen tanga), o las fuentes de Firenze, las enredadas calles de Barcelona o Los Campos Elíseos. (Eso de lo que ningún gil habla)
O cuéntenos, ¿por qué no? que Venecia huele horrible y que el clima de Londres es espantoso.

Deseándole un buen viaje (sea cuando sea)

Fede.