lunes, 5 de mayo de 2008

SI FUERA POR MÍ, NI LA RUEDA

Mientras manejaba hace unos días de mi casa hacia el trabajo, Drexler me cantaba “Guitarra y vos”, un extraño tema en el que, después de enumerar cientos de cosas que existen gracias a la tecnología humana (desde los ladrillos hasta los ordenadores y los espejos, hasta las drogas de diseño, hasta las tomografías computarizadas, hasta la mesa donde se apoya el vaso de vino) Jorge concluye que sólo le hacen falta su guitarra y su mujer. El paisaje indiferenciado que se veía desde la ventana de mi auto en movimiento comenzó a volverse inteligible. Comencé a ver, allí donde antes simplemente miraba. Y vi calles, autos, edificios, plazas, carteles, empresas, balcones, rejas, ladrillos, ordenadores, espejos. Vi hombres trabajando detrás de todas las cosas, vi las cosas como efectos, las cosas como productos, como el resultado de las ideas de individuos particulares puestas en juego, llevadas a la práctica. La cerradura de la puerta de un comercio me hizo visualizar a un lejano inventor enfrentado al problema de conservar sus bienes, sus horas de trabajo pergeñando el sistema, a un rudimentario herrero (que luego sería cerrajero) limando llaves, a alguien que pensó en combinaciones, a la industria del metal, la del acero. Pensé en los mineros extrayendo los elementos nativos, en hombres en carros, carretas, autos y camiones, transportando de aquí para allá sus cargas para que fueran materia prima de maquinarias creadas por otras necesidades, por otros individuos. Una cerradura me abrió las puertas de todo un mundo. Comencé a pensar cómo sería un lugar habitado sólo por gente como yo. Un mundo de personas enfrascadas en sus divagaciones, un mundo de eternos procastinadores, de despreciadores de la práctica. Jonathan Swift ya lo había imaginado al describir a los habitantes del extraño reino de Lupata*. El viajero Gulliver no podía entender cuál era la causa de que sus sirvientes tuvieran una pequeña varilla de la que colgaba una vejiga con guisantes o piedrecillas menudas, ni por qué con ellas a cada rato tocaban las bocas y los oídos de quienes tenían cerca de sí. Pero a poco de verlos descubrió el misterio: los cerebros de aquellas gentes estaban siempre absortos de tal modo en intensas especulaciones que no podían hablar ni escuchar a los demás sin que los órganos de la fonación y de la escucha les fueran tocados. Así, quienes podían pagar por este servicio, contaban con un golpeador (climenole) sin el que no salían ni a la puerta. Esta gente amaba la especulación matemática, pero despreciaba la geometría aplicada. Sus casas eran así desastrosas, con las paredes en chanfle, sin ángulos rectos. En todo lo práctico – hasta en lo más habitual - eran lentos y dubitativos, mañosos y torpes. Vivían en cambio atormentados pensando en los movimientos celestes que pudieran derivar en la destrucción total de la Tierra, o en la segura destrucción del sol. Y así no podían gozar de los placeres cotidianos de la vida. Debo tener mis antepasados en ese lugar. (¡Laputa!). Admiro y envidio profundamente a aquellos temples que han podido y pueden sobreponerse a la constatación de la ausencia de sentidos últimos y, creándose los propios provisionales, han construido este plexo articulado de útiles y objetos que llamamos mundo. La ciencia, la poesía, el barro, el ladrillo, la pared, las fotografías, el arte, la artesanía, las guitarras, el nylon, el metal, el clavijero, la prensa, la gubia, el barniz, las herramientas del carpintero, la computadora, la afeitadora, el despertador, el telescopio, el arado, el molino, la mesa en que apoyo el vaso de vino, las curvas de la montaña rusa, la semicorchea y la semifusa. El té, los ordenadores, los espejos, los lentes para ver de cerca y de lejos, la cucha del perro, la mantequilla, la yerba, el mate y la bombilla. Cines, trenes, cacerolas, fórmulas para describir la espiral de una caracola, el tráfico, los créditos, las cláusulas, las salas vip, las cápsulas hipnóticas, las tomografías, las condiciones para la constitución de una sociedad limitada, biberones, obuses, los tabúes, los besos, el hambre, el sobrepeso, las curas de sueño, las tisanas, las drogas de diseño y los perros adictos a las drogas en las aduanas. Y si fuera por mí, ni la rueda. *El nombre original del lugar imaginado por Swif era Laputa. Algunas buenas traducciones, parece, se andan con eufemismos.

7 comentarios:

Idea dijo...

Walter, si no fuera por su prosa, por esa manera suya de contarlo, que lo deja a uno pensando si de verdad entendió lo que entendió, y que sospecha, porque uno siempre tiene dudas, que detrás de un gran procastinador hay un posible filósofo o acaso un pensador, quizás un voyeur, pero siempre un oculto optimista.

Idea dijo...

Walter, ¿le gusta Drexler? Mire que uno hace fuerza por arrimar a la patria, pero a veces...yo lo encuentro ñoño, qué no sé bien qué es pero suena casi como la música de Drexler.

Walter L. Doti dijo...

Drexler dice de sí que no tiene un lenguaje poético. Es médico, viene de las ciencias duras. Si se fija, en todas sus canciones parte de conceptos de la física, de la química y así. Escribe con ideas, no con palabras, parafraseando a Baudelaire (según nos cuenta Fede). Yo me he sentido admirado de la pasión que Ud. transmite en sus escritos; también he dicho de mí que carezco de otro modo de conectarme con las cosas que no sea la fría razón. Drexler es lo más poético que puedo llegar a percibir. Creo que es lógico que a mi me guste y que a Ud. le resulte ñoño. Mi sensibilidad artística es ciertamente más tosca o, mejor, casi nula.(hablaré de esto en un futuro post)Por eso en "Otra definición" no pude hablar del arte. Lo puse en duda y lo definí según mi ceguera para la belleza: como el mero perfeccionamiento de una técnica.
Y en relación a lo primero, no puede ser optimista alguien que descubrió que adelante siempre está la muerte.

Idea dijo...

Walter, ¿me permite tomarme una licencia? Como no voy a esperar a que me conteste, porque imagino que usted tan amablemente me dirá que sí, le digo entonces que me permito dudar de su tosquedad y su racionalidad, o al menos las pondría entre comillas. Ese sentido trágico de la vida, el saber que para adelante siempre está la muerte y vivirlo con pesar no es propio de la racionalidad sino tal vez de una extrema sensibilidad que prefiere permanecer oculta.
Curiosamente, cuando le dije que a mi Drexler me resultaba ñoño, me refería a la música más que a las palabras, es su música, el conjunto lo que no me atrapa.
Por el contrario, sus textos, o lo poco que yo he leído de lo que usted ha escrito, envuelve en su mundo, lo coloca a uno en el lugar de su escepticismo, de ese sentido trágico de la vida que conduce a la muerte. Si eso no es poético, entonces yo no entiendo nada de poesía.

fede dijo...

Una cosa muy llamativa es que cada vez menos personas están detrás de las cosas. No conozco casi a nadie que trabaje haciendo cosas. La mayoría de nosotros lleva pizzas a dmicilio, vende celulares o saca fotocopias. La producción es hoy un hecho oculto, casi obsceno. ¿Quiénes, en medio de la oscuridad, están haciendo el mundo? ¿Qué pensarán de nosotros?

PD: La canción de Drexler no deja de ser la reelaboración de un poema de Borges, que les traigo sin cargo:

EL ENAMORADO

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,/ lámparas y la línea de Durero,/ las nueve cifras y el cambiante cero,/ debo fingir que existen esas cosas./ Debo fingir que en el pasado fueron/ Persépolis y Roma y que una arena/ sutil midió la suerte de la almena/ que los siglos de hierro deshicieron./ Debo fingir las armas y la pira/ de la epopeya y los pesados mares/ que roen de la tierra los pilares./ Debo fingir que hay otros. Es mentira./ Sólo tú eres. Tú, mi desventura/ y mi ventura, inagotable y pura.

LUC dijo...

Estimado Gualterio:

Rompa el maleficio de la siguiente forma:

- deténgase en algo que le moleste a diario. Algo simple, como por ejemplo esa tela que traen los sweaters que raspa el cuello.

- luego idee una forma sencilla de solucionarlo. Por ejemplo, mida el largo promedio e idea una pequeña guillotinita.

- por último, piense en un nombre pomposo, v.gr.: No Red Neck Ultra Magic System.

Listo, ya tiene su aporte al mundo de la praxis. Puede ahuyentar su fantasma.

Un abrazo

Calderondelabarca dijo...

Mi Estimado :
Así hubieras puesto 500 cosas , las hubiera leído a todas con igual placer porque es evidente que han sido selectivamente elegidas de la Caja de Pandora .

Cuando hace unos días los agricultores me tenían las pelotas llenas con la monserga de que eran ellos quienes realmente nos daban de comer , muy en el fondo sentía un poquito de vergúenza : no podía dejar de reconocer ( viendo esos tractores , esos granos, esos silos, esos campos laboriosamente trabajados )que eran los verdaderos y únicos hacedores.

Como el pobre PACO de su Organigrama.

Razonando más fríamente , pensé que si ellos dejaran los Campos desiertos ,y se quedaran de brazos cruzados , el instinto de supervivencia me haría embarrar las patas, improvisando algún Arado y plantando unas semillitas.

Cuando algún ignorante Director Técnico osaba sacarme de la cancha , me figuraba que tan lejos llegaría un Equipo conformado por 11 jugadores exactamente iguales a mí(Incluyo al Arquero ). Hábiles , veloces, con poca marca.

El ONCE CALDERONES perdería casi siempre por goleada , pero a cancha llena.

Un planeta lleno de gente como Usted - al que yo llamáría WALTIERRA - sería igual que Mundo Marino : lindo para recorrer, pero sólo una vez.