miércoles, 2 de julio de 2008

PAIDOMENSURA

De la emoción del reconocimiento de lo que fuera habitual, de la sonrisa que surge al recordar súbitamente los objetos olvidados en el momento mismo de verlos otra vez, de la nostalgia de recorrer los espacios que recorrió el niño que fuimos; de todas las sensaciones que surgen en vórtice al volver a los lugares que fueran habituales en nuestra infancia, una se muestra como más sorprendente, como más inverosímil, como más increíble. Se trata de la impresión que nos causa la comparación entre nuestra percepción actual de la dimensión de los espacios y aquella que guarda nuestra memoria infantil. Todo parece desde la mirada adulta risueñamente más pequeño. Las paredes y las rejas inexpugnables podrían ser ahora superadas casi sin esfuerzo; los infinitos pasillos, cruzados en tres pasos; las alturas que causaban vértigo se reconocen mirando hacia abajo. Nuestra perspectiva cambia y cambia con ella el valor que otorgamos al mundo. De niños tenemos nuestra propia norma, nuestro propio patrón; percibimos nuestro ámbito desde nuestro pequeño enfoque y juzgamos que todo es gigante, enorme. Pero no sólo hablamos de espacios, de alturas, de anchos, de largos. Igual nos representamos el futuro, nuestro futuro, nuestras posibilidades, nuestras metas, nuestros sueños. Desde el fondo del pozo del tiempo, en cuclillas, miramos hacia arriba y vemos nuestra adultez por venir. Vemos su luz y su magnificencia, vemos su brillo y su suntuosidad. Soñamos. Sin embargo, inevitablemente crecemos y nos instalamos en el hoy que ayer fuera mañana. Y notamos que este ahora no es tan grande como se veía de lejos, que nuestra realidad, representada enorme en la niñez, se ve ahora exigua, menguante, pequeña. El cotejo de los puntos de vista explica por qué todo recuerdo es triste.

7 comentarios:

Idea dijo...

Algunos textos deberían acompañarse con advertencias, porque a esta hora, en que buscamos cobijo entre las menudas y estrechas paredes de la casa, la tristeza del recuerdo enmudece.
Y cuánto más viejo se va haciendo uno, más duro es cotejar los puntos de vista. Sin embargo, tengo dos puntos de vista que el tiempo o la perspectiva no pudieron derrumbar, el amor de mis padres y los intensos aromas de la cocina de mi casa los domingos cuando la vida era una fiesta de colores.
Me gustó mucho su nostalgia.

Luc dijo...

Querido Gualterio:

Estoy totalmente de acuerdo con su teoría de la paidomensura (qué feo que sonaría pedoménsura o pedomedición). Sobre todo cuando me la explicó en un papel, porque como dice Sartori soy un video-niño "si no video no entendeo nada".
Aunque creo que hay un contraejemplo para la paidomensura. Hoy cuando la vejez se sienta al regazo de lo que queríamos ser suele haber días: feriados o domingos en los que el tiempo tiene el sabor de la eternidad.
No sé si me explico, o no sé si le pasa al resto. Sólo es necesario que deseo algo en el tiempo T3 para que T1 y T2 sean la eternidad y el infinito.

Un abrazo

Calderondelabarca dijo...

Es así nomás...
Más lo noto cuando retorno a algunos lugares tras un tiempo , como la casa de mi abuela...
También el tiempo era inmenso. Mil novecientos setenta y dos : veinticinco letras , cuatro dígitos, mil doscientos cuatro días.
Tarjetas, credenciales, documentos.
Y las llaves : esos demonios labrados de metal que sólo miden nuestra propia dependencia.
De a poco la arena va llenando la parte inferior del reloj.
Espero que Ud. encuentre la forma de que podamos darlo vuelta cuando se acabe la de arriba.

fede dijo...

No sé si pueda darle la razón. Intuitivamente creo que la tiene, pero no puedo asegurarlo. Aunque parezca una exageración, nada de lo que yo´conocí cuando era chico existe: sacaron los caños de la plaza Dorrego, modificaron la que era mi casa y el patio de Nacional 2, la canchita de los bomberos ya no tiene arcos...

"¿Dónde estará mi arrabal?
¿Quién se robó mi niñez?"


PD: Muy bueno el video de Capusoto imitando a Drexler.

fede dijo...

BARQUITO DE PAPEL

Barquito de papel,
sin nombre, sin patrón
y sin bandera,
navegando sin timón
donde la corriente quiera.

Aventurero audaz,
jinete de papel
cuadriculado,
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.

Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar
era jugar con el viento,
era una sonrisa a tiempo,
fugándose feliz
de país en país,
entre la escuela y mi casa,
después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.

Barquito de papel,
en qué extraño arenal
han varado
tu sonrisa y mi pasado,
vestidos de colegial

Joan Manuel Serrat

EGO dijo...

Me ha gustado mucho este post. Lo he trasladado a mi niñez, mi egocentrismo perceptivo infantil. ¡Que bien llegamos ahora a coger las galletas sin partirnos la pierna subiendonos en los cajones!
Jeje. Un saludo

Walter L. Doti dijo...

Aidía:
Como dice la canción de Pedro Guerra que ilustra el post, "... el mar es igual, profundo y azul. Más grande que yo, más grande que tú." Aquello que nos supera inmensamente en tamaño escapa a la paidomensura. En su caso, el amor de sus padres y los aromas de la cocina son sus mares.
¡Gracias!

Luc: Evité utilizar los sinónimos que menciona, por discreción.
No entendí demasiado bien el contraejemplo,¿Me lo explica?

Calderón: Respecto al tiempo que también era inmenso, ¿vió que las
anécdotas que nos llegaban de chicos sobre nuestros padres y abuelos parecían situadas en un tiempo inmemorial, y ahora cuando sabemos en el año en que sucedieron, caemos en la cuenta de que ocurrieron en realidad tan sólo un par de decenios antes de nuestro nacimiento? Le cuentan a uno de Evita y el recuerdo parece en blanco y negro, y tal vez sólo sucedió diez años antes de que uno naciera.

Fede: Y güeno, que le hayan afanado los puntos de referencia no refuta la teoría. Es como decir que ahora el metro mide menos porque Ud. ha perdido la cinta.
¡Muy lindo el poema! Graciela.

Ego: "... mi egocentrismo perceptivo infantil". ¡Eso es definir! Y bueno, Ud. ha estudiado :).
Y si agarra la galleta, convide.