domingo, 27 de julio de 2008

TALANTES

Nunca lo vi sin ella. La barba blanca de mi papá parecía venir con él de nacimiento. Es que la verdad al momento de tenerme otro ya estaría más para abuelo que para padre, más para pensar en el retiro que para criar a un bebé. Pero él no. Siempre le había sacado veinte años de ventaja a la vejez, siempre se las había rebuscado para que su cuerpo no siguiera el ritmo de los almanaques.
Caminaba tan rápido que casi no podía seguirlo. A pesar de la agilidad en que haría pensar mi cuerpo flaco y joven, siempre me sacaba varios metros de ventaja. Cruzábamos la plaza hacia la avenida Libertad para ir al banco, para preguntar por el crédito, para poner en marcha el proyecto. Yo siempre atrás, llevándole las carpetas, perdiéndome la mitad de las cosas que decía sin darse vuelta; viendo sus pantalones ajustados por encima del ombligo y sus pies chiquitos, avanzar veloces esquivando obstáculos. Y hablando, hablando sin parar.
Cortando la plaza en diagonal y sin parar un segundo, giramos la cabeza para ver, debajo de una boina negra, la mano de un viejo que alimentaba palomas en cámara lenta sentado en el banco grande de piedra. La imagen se perdía hacia atrás como los paisajes que se abandonan desde la ventanilla de un tren. Unos pasos después se detuvo por primera vez por un instante mínimo, y por primera estuve lo suficientemente cerca como para que girara para hablarme:
-"¡Qué bolas que hay que tener!", me dijo.
Desde ese momento y hasta el día en que tuvimos que enterrarlo viví convencido de que sólo los imbéciles envejecían, se enfermaban y morían.

7 comentarios:

Idea dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Idea dijo...

Estimado, me conmovió su relato, puedo imaginar a su padre aún sin conocerlo, pero no puedo evitar preguntarle, por el final, porque me pregunto si esta es una ficción o si de verdad tuvo que enterrarlo.

Walter L. Doti dijo...

No, gracias a Dios. No. Toco madera.

Fede dijo...

Hay personas que mueren de antemano. Prefiero los que se resisten. Hay tipos de ochenta con mayor vitalidad que otros de veinte que no merecen tener veinte.

Oliver Twister dijo...

Que animalito divino que sos...! Cómo se te ocurre enterrarlo tan pronto!!?? Mirá, más que matarte, habría que colgarte de las pelotas...

Walter L. Doti dijo...

Hay personas que ya vienen muertas. Tiene razón, Federico, tiene razón (golpeo mi dedo índice contra el borde de la mesa)

Oliverio, hijo de la parroquia:
Lo quisimos enterrar, pero se resistió como una rata.

Darth Tater dijo...

Es cierto lo que dicen, hay personas que nacen muertas y hay muertos que no merecen morir. Linda historia.