sábado, 16 de agosto de 2008

LEER

No voy a negar que prefiero ver la película a leer la novela. No voy a negar tampoco el hecho de que, como decía Fontanarrosa, un libro largo me parece una falta de respeto por parte del autor*. Quienes me conocen saben que creo que leer es lento y aburrido; que no hace falta leer para pensar y generar ideas; que la civilización occidental persistirá a pesar de que los jóvenes lean poco. Sin embargo, hay dos aspectos de esta extraña actividad humana que me resultan poderosamente intrigantes, casi obligándome a suponer - como suponen quienes sucumben ante la pereza mental - que son generados por alguna clase de proceso mágico.
En primer lugar, me subyuga la idea de que mi repaso visual y mi interpretación de una lectura pongan en movimiento a un personaje que espera allí, en un letargo eterno, una voluntad ajena que lo anime. En alguna dimensión de la realidad está Don Quijote congelado en una determinada y tal vez incómoda posición sobre su caballo, y el avance de mi vista entre las letras de la novela (que es su vida misma) lo hará comenzar la marcha hacia su amada. Allí están también los agentes de la policía que vinieron a comunicar a K. su infracción a las leyes, aguardando que alguien lea y, como si se tratase de la orden de uno de sus superiores, se les permita seguir adelante con su operativo. Quien lee otorga un hálito vital que pone vidas en marcha: ¿Habrá un lector que lea a los lectores?
El segundo aspecto sorprendente de la lectura hace hincapié en el inverosímil hecho de que los textos sean soportes de transmisión de las emociones. El ámbito de la vida interior, nuestros setimientos, nuestros estados de ánimo, nuestras sensaciones , nuestro dolor, son nuestros en cada caso y parecen haber nacido con el sello de la intransferibilidad. No podemos tocar a alguien y pasarle, por ejemplo, nuestra alegría, ni podemos tampoco extraerle el dolor con una sonda. Sin embargo, un artilugio de fina tecnología, consistente en una serie de manchas de tinta desperdigadas en una hoja de papel contrastante según el patrón de una serie de signos arbitrarios (o convencionales, si se quiere: una convención es una decisión arbitraria tomada por muchos), permite a quien lo labra depositar allí su mundo interior para que pueda ser trasladado por el espacio físico hasta donde otro (u otros) que, tan sólo decodificando esta presentación, podrán entrar en un espacio que la naturaleza diseñara unipersonal.
Leer es volver a dar vida; y escribir, volcarse uno en la espera de que sus emociones sean leidas, sean re-vividas. Este es el aspecto de la práctica literaria que se liga a la inmortalidad: el eterno retorno de lo mismo, de los mismos hechos, de las mismas vivencias, pero cada vez renovado el combustible, renovada la voluntad que los anima.

*Según el gran humorista rosarino, escribir un libro demasiado extenso equivale a que alguien nos dijera: -"Te tengo que contar algo. ¿tenés dos semanas?". Evidentemente, una falta de respeto.

6 comentarios:

Idea dijo...

Disculpe, pero los post largos se presumen aburridos. ¿Me lo puede resumir en una idea de pocas palabras?

Walter L. Doti dijo...

Claro, Idea:
La escritura combina juegos de lenguaje que refieren a las cosas y a la interacción de las cosas (que son los hechos), en un sistema cuya decodificación requiere un seguimiento lineal y por lo tanto una extensión en el tiempo. Así, el despliegue de las acciones narradas se va dando de paulatinamente mientras se lee, provocando un efecto curioso.

Lo segundo es sencillo: Conocemos el mundo de acuerdo a una matriz lingüística. Es obvio entonces que la decodificación de la representación gráfica de tal matriz despierte sensaciones, sentimientos, conocimiento. A eso se reduce el hecho de que una estructura lingüística "tenga sentido" o "signifique".

Bastante bien, ¿no?. ¡Y eso que la exposición la hice con la máquina detectora de sarcasmos al rojo vivo! :)

Fede dijo...

Primero y principal:
Ay, sí: sarcasmo, cómo no.

Segundo: Holanda.

Tercero: Me extraña que no haya dado un giro witgensteiniano ¿1 o 2?) y dicho que, al fin de cuentas no hay tal magia, puesto que el sentimiento expresado y las palabras con la que se lo define son las mismas. ¿O al sustituir pensar y sentir ya no vale witgenstein? ¡Qué pregunta!

Walter L. Doti dijo...

Chaaaaaaaaaauuuuuu... mimaaaaaaató con esa pregunta. Mucho, mucho muy interesante. Yo en particular creo que sentir es también una forma de pensar.

Luc dijo...

Breve: me gustó el post, poco petardista con una idea aplicable.

Extenso:

Si no fuera por el post con la bandera yanki hubiera pensado que se le mojaron los petardos.
Considero este post aceptable, poco petardista, interesante, seguramente es que lo escribió con poca convicción jejeje.
Yendo al punto, me gustó la idea de post largos con resúmenes.
Por ejemplo estaría bueno poner en este comentario un resumen de una o dos líneas. Es más, lo voy a hacer, mi duda es si al hacer esto mi comment no sea circular en algún modo?

Calderondelabarca dijo...

A este Post le tenía ganas, pero paso Ud. muy rápido al siguiente.
Igual, cuando me haga un minuto ,
le digo algo.