martes, 28 de octubre de 2008

DE LAS RAZONES QUE ME HACEN LAMENTAR EL NO HABER CONOCIDO PRIMERO A ALEJANDRO ROZITCHNER QUE A ARTHUR SCHOPENHAUER

Habiendo ya comenzado el profesorado de filosofía me topé una vez con el Otro poema de los dones, de Jorge Luis Borges. Me sorprendió mucho ese verso en que nuestro poeta declaraba sus preferencias filosóficas: "Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas, entre otras cosas, por Schopenhauer, que acaso descifró el universo". Pensé que Borges exageraba. Años más tarde me aboqué a la lectura de El mundo como voluntad y representación, quizás movido por obligaciones académicas: concluí que el “acaso” de aquel verso estaba completamente de más.
Schopenhauer miraba la existencia de frente y mostraba al mundo en su realidad más cruda. Reflejaba la vida sin imponerle modelos diseñados por el deseo ni por la conveniencia. Y sobre esta base estipulaba una ética caracterizada por la prerrogativa de huir de un mundo determinado por la mutabilidad, la contradicción y el caos.
Fosilicé una declaración y se la entregué empaquetada a cada quien con el que hablaba: “Si hubiera descubierto antes a Schopenhauer, de seguro no hubiera continuado con mi carrera”. El genio de Danzig, con su estilo corrosivo, con su incorrección política, con su contundencia a veces caprichosa y sobre todo con su voluntad de dar cuenta de la realidad de modo fidedigno, había dado respuesta a todos los interrogantes que alguna vez me hubieran inclinado por la actividad filosófica. No necesitaba nada más para satisfacer mi deseo de conocimiento.
Pero resultó que instalarme en el schopenhauerianismo fue la ocasión de encontrar una sólida guarida para ejercitar las virtudes del no-ejercitar: la victimización, la visión crítica del mundo, la queja, la seriedad. Las particularidades de los tristes hombres de conocimiento, que tan sólo realizan una estéril descripción de una realidad que juzgan despreciable e insoportable por no tener un sentido preconcebido. El lamento miserable de los pusilánimes e improductivos, de los incapaces de crear direcciones propias para la vida asumiendo la responsabilidad total de las propias decisiones; el sufriente rictus de aquellos que siempre atribuyen las causas de su derrota a factores externos, a instancias trascendentes que conciben como limitantes insalvables para concretar el deseo.
El apellido Schopenhauer todo el tiempo en la boca, exhalado como una nube negra entendida y aceptada como sinónimo de profundidad y sabiduría. Pero un día la aparición de otro apellido raro para anunciar que toda profundidad implica oscuridad; que la mirada desconfiada es neurosis cuando no impostura: Rozitchner.
Alejandro Rozitchner, montado en brioso corcel nietzscheano, encara la batalla contra un prejuicioso y hundido mundo académico que mira escandalizado a uno que se atrevió a levantar la bandera del entusiasmo, del conocimiento como pasión, de la espontaneidad como norma.
Mirado de reojo por los círculos universitarios, crucificado muchas veces por el prejuicio de mediocres hombrecitos sombríos que brillan rellenando páginas inútiles en las que dan cuenta de lo que otros dijeron sobre lo que otros dijeron acerca de porciones intrascendentes de la vida, Rozitchner se atreve a enfrentar al pensamiento oficial del mundo proponiendo evitar la mediación de las autoridades eruditas en la apasionante tarea de conocer.
Asumiendo el destino con todo el peso de su incertidumbre inherente, concibiendo la turbulencia como norma y no como desajuste de una instancia idealizada y falsa, enseña a valorar el cambio incesante, a “plenificar” el devenir que para los débiles es digno de menosprecio. Y así se abre a la riqueza borboteante de la vida, disfrutando el conflicto como manifestación necesaria de esa prodigalidad. Y así logra zafarse de las cadenas del prejuicio apocalíptico que impiden tomar las herramientas que el mundo pone a nuestra mano para ayudarnos a pensarlo.
Rozitchner puede aggionar su pensamiento alejándose de los lugares comunes políticamente correctos que responden a modelos que ya no calzan con una realidad que se escapa a toda intención de constreñirla. Y parte de una plataforma de refrescante realismo, aportando elementos útiles para operar de modo fructífero y afirmativo en todos los aspectos de lo vital.
Muchas veces me cuestioné acerca de mi labor como docente de filosofía. ¿Cómo transmitir a personas en formación una disciplina que en tantas ocasiones adjudiqué a la tarea de individuos infelices? Pues la desiderata docente de A. R. – consecuente con su visión del mundo – me dio la respuesta: la filosofía puede no ser la transmisión de una mirada decadentista de las cosas, sino una oportunidad para contagiar la pasión por desentrañar el nudo de la realidad, para repensar las conclusiones fijadas por una historia de convenciones impensadas, para direccionar la vista hacia la maravillosa experiencia de estar vivos.
Muchos no logran ver la verdadera impronta de este filósofo; siguen atados a la idea de que el valor de un pensador está en relación a su importancia académica. Quizás tenga que recurrir otra vez a Schopenhauer para comprender esta situación y aceptar su idea de que “toda verdad pasa por tres etapas: primero es ridiculizada; segundo, sufre una oposición y tercero, es aceptada como autoevidente”.

13 comentarios:

Idea dijo...

Le voy a decir algo: del pensamiento de Schopenhauer y de Rozitchner sé poco más que nada por lo que asumo que su visión resumida de ambos es absolutamente cierta, pero lo que encuentro mucho más interesante es de qué forma el pensamiento de uno y otro pueden provocar en usted un autoanálisis de semejantes dimensiones que le confieso no sé si usted lo aprecia en su verdadera magnitud.
Tal vez con lo único que discrepo es que no necesariamente el comprender y compartir una manera de ver el mundo deba traducirse en una forma de vivir la vida por añadidura.

Walter L. Doti dijo...

Idea: cuánto gusto me da su comentario, tan silenciosa que ha estado últimamente.
Es cierto que comprender y compartir una cosmovisión no implica ser consecuente con ella en los actos. Sin embargo, yo siempre precisé utilizar la reflexión filosófica como bastón vital.
De verdad gracias por el comentario en estos días en que estoy tan alejado de todo intentando manejar estas situaciones tristes y complicadas que suceden al final de los capítulos de la vida.

Luc dijo...

Le voy a ahorrar mis comentarios de desprecio para Rozitchner. Creo que quizás encuentre un tercer pensador que hegelianamente haga la síntesis y lo ayude a abandonar su procastinación:
Se llama Walter L. Doti.

Es un tipo que tiene muchas obsesiones, una de ellas es la racionalidad y consecuentemente la argumentación de la misma índole. Suele escribir bien y mantiene una síntesis interesante entre lo que el llama la cumbre del conocimiento (filosofía) y el conocimiento llamado "vulgar" (cultura popular, TV). Está a favor del buen trato entre las personas e incluso parece incapaz de violencia física al tiempo que es un ferviente antiecologista. Se desvive por los suyos pero no suele ir a los cumpleaños (por lo menos a los míos) :)
El día que el autor de este blog de con él, es más, que se reconcilie con él. Ya no necesitará unas muletas schopenhauerianas o rochisnerianas podrá andar solito y con paso firme.

Un abrazo

Alejandro Rozitchner dijo...

Muchas gracias Walter...

•María Laura• dijo...

A mi me cae bien, habla "fuerte y claro" como dice la propaganda de audifonos de Sprayette :P
Aunque no me cayó bien que saliera en el programa de Grondona.


Bue..me voy a seguir con la odiosa guia semanal de Lacan ¬¬

chau

Carolina dijo...

W:

Si yo hago un post sobre Woody Allen y en el 4to comentario aparece su foto agradeciendome, me muero. Funcionará???? Por si acaso, no posteo nada.

Besos

Daniel Rico dijo...

Hay un fenomeno que he visto varias veces y que no encontre analizado en ningun lugar: es el de personas esepcionales que en un momento dado admiran mucho a otras absolutamente mediocres.

Como pensador vos sos muy superior a Rozitchner, cuando te decidas a recibirte tu carrera academica alcanzara alturas en las que Rozitchner solo podria soñar. Entonces le podrias dar una mano.

De Rozitchner aprendi algo que me sirvio para delimitar mis aspiraciones como estudiante de filosofia:

Uno puede ser un filosofo de izquierda o de derecha, puede ser idealista o realista, y aun puede ser muchas cosas mas; lo que no puede ser es el tipo que se sienta al la derecha de Grondona o el alcahuete de Macri.

Espero que tus cosas te den una tregua y todo valla bien. Muchos Saludos.

Santiago Javier dijo...

Comparto lo que decis Woody Allen, a mi conocer a Alejandro me cambio la ,manera de pensar y medio impulso para escribir..

Tu analisis está muy bueno, me gusto leerlo, te felicito...

Morgenrot dijo...

Saludos,

Me presento como lectora de otro blog que hasta aquí me ha traído.

Al leer la descripción de su perfil, me he reído y deleitado enormemente. Desconozco si ha imitado usted a Allen o Allen a usted, lo cierto es que admiro a nuestro Allen , creo que desde antes de conocerlo.

Con respecto a su post , no soy filósofa, aunque estudié bastante filosofía fundamentalmente en mi licenciatura en derecho, pues me especialicé en el derecho político.
Por éllo, no soy experta ni en Rozitchner , ni en Schopenhauer. Lo que sí puedo decir es que la esencia de cada ser influye en sus teorías, y uno se acerca más o menos a unas conclusiones u a otras , también en función del ser individual.
Soy de las que cree y lleva a idea aquello del " profundo dolor de vivir ", lo que traslado a mi día a día; pero una visión cruel de la realidad no elimina el instinto de supervivencia ni las tendencias individuales para ponerlas en acción. Creo en la acción, como principio, basada en ideas y mediatizada por el entorno, en mayor o menor medida según las fuerzas individuales.

Espero que comprenda mi incultura filosófica, pero no por éllo, me callo, aunque yerre, pues " errare humanum est ".

Me ha gustado su blog, y me ha encantado su perfil y presentación.

Espero me permita pasar por aquí de vez en cuando.

Saludos desde España.

Walter L. Doti dijo...

Luc: Gracias. Pero una cosa no quita la otra.

Alejandro: De nada. Su aparición, parece, ha provocado un efecto de sorpresa espectral (ver más abajo, comentario de Carolina). Es para mí un honor.

María Laura: El tono es la convicción.

Carolina: ¡Por si acaso postee!

Daniel: Lo mío es impresentable.

Santiago: Muchas gracias. A ver si pasa seguido.

Morgenrot: Woody evidentemente me ha plagiado, no lo dude.
Respecto al asunto de que el talante individual determina la filosofía que uno produce o a que uno adhiere, hay que decir que sostener esta postura implica creer en la existencia de un alma sustancial de caracter independiente de la experiencia. Una suerte de alma angélica, cuyas características están dadas de antemano y a la que las experiencias inherirían sin modificarla sustancialmente. Argumentar a favor de esta idea es, sin embargo, bastante complejo.

Esa concepción que ve a la vida como una herida absurda está como legitimada socialmente. Nos conecta con una supuesta profundidad. Pero fíjese que es una perspectiva poco realista; una mirada que surge no de mirar el mundo a los ojos, sino de contrastar los hechos con una instancia ideal que sólo existe como desiderata y que nada tiene que ver con el modo en que las cosas se dan efectivamente. Ahora bien, si de cualquier modo esa postura le permite ponerse en acción, ¡adelante! Aunque claro, si abandonase esa mirada trágica quizás la acción la podría hacer con mayor plenitud.

Aquí nadie tiene la palabra vedada. Y no porque seamos plurales, sino porque no sabemos en ningún caso de qué estamos hablando.:) Así que líbrenos de tener que disculparnos con Ud. en el futuro, renunciando desde ahora a hacerlo Ud.
No sólo le permito que pase a menudo, sino que además la compelo a hacerlo. ¡Bienvenida!

Fogel dijo...

Querido Walter, después de haber leido la clara muy explicativa disertación suya sobre los pros y los contras de haber conocido, en primera instancia a uno, y posteriormente al otro de los dos grandes libre-pensadores,(uno más libre, el otro un tanto más sujeto a condicionantes preconcebidas de antemano)y, luego de haberme empapado, gracias a lo fluido de su dialectica, en los pormenores de pensar de una u otra forma, a según discrepa una u otra escuela o tendencia filosófica,y, sumandole a esto el valor agregado, que no es poco, aclaro, de aprender un poco más sobre Borges y su inclinación al perfeccionismo implícito en cada uno de sus cuentos o poemas, solo me resta preguntar,a riesgo de pecar de oportunista en el saber, y quedar como un simple arribista que pretende obtener algún provecho de una reyerta intelectual,de que lado le parece a usted, dado su posicion filosófica ya aclarada en su post, es preferible poner la tira de asado a las brazas, si del hueso o del lado del cuero con grasa. Amablemente agradecido, como siempre: Gustavo Fogel

Walter L. Doti dijo...

Querido Fogel:
No es mi costumbre dejar en evidencia los errores de mis compañeros, pero esta vez no lo puedo dejar pasar. Me pregunta Ud. si es preferible poner la tira de asado del lado del "hueso". Como ya habrá advertido ahora que se lo destaco, debería haber escrito "bueso", como lo indica correctamente el disinario de la RAE. Pero no se preocupe, se trata de un error muy común entre los nobatos. Un abrazo.

Gualter.

Anónimo dijo...

“Si hubiera descubierto antes a Schopenhauer, de seguro no hubiera continuado con mi carrera”.

Esto es lo que a mi me paso, no soy estudiante de filosofia de manera academica, la filosofia es una busqueda de conocimiento que depende de la nada, la nada conocemos, falta lo otro, la formacion estructurada desforma, en el devenir de una frase esta la causalidad de toda la linea que uno quiere comprender, todo lo demas esta demas.

Cuando descubri a Schopenhauer sinceramente no necesite mas, solo la curiosidad por el transcurso de la historia me motiva a seguir leyendo a otros pensadores.

Por entiendo cada una de tus palabras, es cuanto al otro pensador argentino no tube la oportunidad de conocerlo.

En cuanto a cambiar de actitud frente al sufrimiento impuesto en lo particular yo! pretendo ser el creador de mi vision cambiante, puesto que para eso tengo a mi filosofia natural a la que amo.