lunes, 29 de diciembre de 2008

UNA VEZ RETIRADO DE VENTANILLA NO SE ACEPTAN MÁS RECLAMOS.

Voy a dejar de lado el hecho de que yo, personalmente, jamás me sometería a una práctica que sé de antemano dolorosa. Y no voy a considerar tampoco el desagrado estético que, por lo general, me provoca el resultado de esta extraña costumbre. Estas son cosas personales, en todo caso. Mi rechazo de los tatuajes anclará en un aspecto vinculado a la incapacidad de crecimiento personal.
Quien imprime en su piel una marca simbólica cualquiera, no hace más que ritualizar su dogmatismo. Tatuarse es afirmar de modo artístico una certeza. Y en un mundo que es devenir constante e interminable, creerse poseedor de verdades indubitables – ya sean estéticas, devocionales, éticas, o lo que fuere – parece demasiado imprudente. Una aguja penetrará mi dermis para que un sello visual declare para siempre que yo creo tal o cual cosa, que gusto de esta o aquella cuestión, que adhiero a un pensamiento u otro. Y la consciencia de este rasgo de perennidad no será más que el reflejo de la incapacidad de aceptar los cambios y las modificaciones que son las condiciones de la evolución y el crecimiento.
Cuando actúo regido por principios fijos, cuando supongo que mis preferencias serán eternas, no hago más que poner palos en la rueda de la ampliación de mis terrenos espirituales. Quien, por el contrario, acepta la mutabilidad como el rasgo necesario del mundo, se adapta a gobernarse por ideas, preceptos dúctiles y maleables que pueden ser reemplazados por otros nuevos tantas veces como sea necesario. Y de tal modo no podrá aceptar huellas que lo acompañen mientras viva: sabe que no hay nada tan duradero.
Tatuarse involucra un aspecto religioso, ortodoxo, sumiso del carácter. La verdadera heterodoxia, la rebeldía radical, la no sumisión a estandarte alguno, está en no hacerlo nunca.

13 comentarios:

Luc dijo...

No tengo tatuajes pero disiento. Ni lo uno ni lo otro. Hacerse un tatuaje desde hace bastante tiempo no es algo para toda la vida. Del mismo, aunque lo fuera, tampoco es fruto de una certeza sino que está más cercano a un capricho, una moda, un deseo que se hizo intenso o la necesidad de expresión de algo a partir de un símbolo. En tanto que símbolo, el mismo puede ser resignificado muchas veces. Incluso la mujer de la foto, que de perfil me hace acordar a Mónica Gonzaga, podría hacer que su Doug fuera no un ex novio sino el mismísimo Hombre Codorniz, Doug Narinas.
Creo que un pensador como Hegel tiene razón en algo, para ejercer la libertad también hay que determinarla. No es más libre el que no se hace el tatuaje que el que se lo hace como tampoco tiene que ver con heterodoxia u ortodoxia (salvo que el grabado sea hecho en cierta parte blanda del cuerpo).
Yo siempre quise hacerme un tatuaje, pero desistí cuando vi que no se hacía con pinceles sino con agujas. Detesto el dolor. Aunque pensé seriamente en hacerme uno de henna ;)
Bueno, este es mi aporte a su temática.

BVB

Jorge (el profe del veterano) dijo...

Hay que estar lo suficientemente aburrido como para empezar a pensar en hacerse un tatuaje.
Hay que estar lo suficientemente al pedo como para ir a hacérselo.
Con todo lo que hay por hacer, no entiendo; aunque respeto; como puede una persona perder el tiempo, esfuerzo y dinero en cosas como tatuajes, hacerse emo o flogger.
En un par de años ¿que camino pueden afirmar que caminaron?
Habrá que tener cuidado, no sea cosa que el futuro nos sorprenda llenos de humo o de vacíos.

Walter L. Doti dijo...

Luc: Ud., por su corta edad, no tiene ocasión de ver día a día el arrepentimiento ligado a los tatuajes. Yo frecuento treintañeros que no saben como hacer para disimular el dibujo de He-Man que llevan en sus espaldas.
Hay un antes y un después de las opiniones de todos los hombres: los treinta años.

Jorge: Ese es el problema, justamente. Mirar para atrás y ver una década de humo o vacíos. Lamentablemente, sin embargo, esa sabiduría es siempre retrospectiva.
¡Saludos y buen año!

Luc dijo...

Me extraña, Gualterio, valiéndose del argumento ad hominem. Revíselo y dígame si no es así.

BVB

Fede dijo...

Estoy de acuerdo. Mutatis matandi es mi lema; de hecho, me lo tatue en el gluteo.

•Miserable Fan• dijo...

No concuerdo, y vos sabes xq :P

A mi me funciona a modo de brujula. Se lo que quiero y si algun dia cambio de norte..no tengo porq borrar el trayecto recorrido

Cuando te decidas a hacerte un delfin, si queres te acompaño.

Walter L. Doti dijo...

Fede: Me tatué al Che en una nalga, al lado de mami para que no se salga.

Miserable Fan: Buena respuesta. Me voy a dejar el tatuaje de Marcelo de Gran Hermano 1 y el de Macaferri y Asociados.
Un beso, un buen año.

Fede dijo...

Catálogo de mis tatuajes favoritos:

1) INSERT HERE

2) Más abajo no es espalda

3) Sector VIP

4) ¡Es para vos, es para vos!

5) Usted está aquí

6) ¡Acá, ciego!

7) Gracias por su visita


Los favoritos de las chicas (En proyección espacio-temporal):

1) RECOPLA

2) RECUCONOPLA

3) RECUERCONSTINOPLA

4) RECUERDO DE CONSTANTINOPLA

Fogel dijo...

Siempre sacudiendo la estanteria del pensamiento humano, usted, Don Walter, aunque en este caso me permita disentir con su postura. El tatuaje como tal se lo conoce desde que existe la sociedad humana, y tiene como intención la de identificar al individuo como parte de una tribu social, además de pretender resultarle más atractivo e interesante a la hembra o macho de dicha tribu.
De cualquier manera, y a pesar de que esta no sea la conducta lógica de esperar en un intelectual que se precie, le anuncio que no pienso de ningura manera quitarme el tatuaje de Dan Brown que llevo grabado en el medio del pecho...¡Que tanto!

maria b dijo...

Yo si acuerdo con usted, Walter. En realidad acuerdo más con usted, que con el mismísimo Bauman...la vida es líquida...¿se imagina hacerle un tatuaje a un río? Se hacen tatuajes los que se sueñan sólidos.

Darth Tater dijo...

Ay Walter, tan joven y tan intolerante...

gab dijo...

De acuerdo con casi todo. El tatuaje es un sometimiento, al dolor, a la fealdad (pero eso es personal) y a lo que nos gustaba en una época. Además, muy cierto, el tiempo que hay que tener para pensar en hacerse un tatuaje, aunque pienso que en general es bastante mecánico: "Ay! me quiero tatuar un delfincito y un corazoncito que diga bebè y que rodeen la cara de cortazar"... y sí, así como sale la idea se va y se hace. Excepto que se sea vueltero, como yo. De todas maneras nunca pensé en un tatuaje.
Pienso en la circuncisión que quiźas le espera a mi pobre hijo, si tengo etc. Terrible... Pero a la vez lo ancestral le da peso.
En fin... me colgué..
Ah... compré una biblia de la libre antes de marcharme de mardel. Así estamos!
Saludos!

Anónimo dijo...

Yo soy un humanoide , así que me tuve que tatuar un ombligo por estrictas razones de supervivencia.