miércoles, 30 de abril de 2008

LAS ASTUCIAS DEL DESTINO

Distinto al Cándido de Voltaire, que al ser pateado en el culo* por el señor barón de Thunder-ten-tronckh cayó fuera del mejor de los mundos posibles – su castillo en Westfalia – para conocer la Inquisición, el hambre y el dolor vagando por las soledades de América, y el infortunio perdiendo todos los carneros del buen país de El Dorado, Caetano Veloso** fue a parar al paraíso después del puntapié castrense que sufriera en 1969. Su exilio lo vió levantarse del suelo quitándose el polvo del traje en alguna callecita perdida de Londres. ¡Londres!: ni ostracismo ni cicuta. Caetano bebió a borbotones de las fuentes del cosmopolitismo, del refinamiento, del eclecticismo musical. Y halló allí su sedoso estilo. Mientras otros aún hoy ven una virtud en la reivindicación de lo nacional en detrimento de lo extranjero, el joven y melenudo Caetano de aquellos días olió en este tipo de declaraciones el hedor del más rústico nacionalismo. Entonces se tapó la nariz y miró al cielo londinense para grabar en su espíritu todos los colores del mundo. Captó la magia de la capital espiritual universal y la llevó a su música, a su poesía, a sus palabras. La historia se vale de intrincados mecanismos para concretar sus objetivos. Lo que parece un castigo, puede ser una bendición. Ojalá si alguna vez nos sacan del edén podamos caer en Londres. I'm wandering round and round, nowhere to go I'm lonely in London, London is lovely so I cross the streets without fear Everybody keeps the way clear I know I know no one here to say hello I know they keep the way clear I am lonely in London without fear I'm wandering round and round, nowhere to go While my eyes go looking for flying saucers in the sky (2x) Oh Sunday, Monday, Autumn pass by me And people hurry on so peacefully A group approaches a policeman He seems so pleased to please them It's good at least, to live and I agree He seems so pleased, at least And it's so good to live in peace And Sunday, Monday, years, and I agree While my eyes go looking for flying saucers in the sky (2x) I choose no face to look at, choose no way I just happen to be here, and it's ok Green grass, blue eyes, grey sky (2x) God bless silent pain and happiness I came around to say yes, and I say While my eyes go looking for flying saucers in the sky *Las buenas traducciones no se andan con eufemismos. **Me acordé un chiste malísimo: 1er. acto: Gino Renni vestido de cazador en Canadá. Camina sigiloso con su arma por el bosque. 2do. acto: Gino Renni siente un crujido, pierde el equilibrio, cae en un pozo. 3er. acto: Gino Renni abre los ojos sorprendido y asustado dentro del pozo. Un enorme animal ruge a su lado. Gino intenta escapar desesperadamente. ¿Cómo se llama la obra?

martes, 29 de abril de 2008

PARA ROMPER EL CUBITO

Un video que me gusta (seguro también le gusta a vauquita) para romper el hielo y volver despacito, entrando tarde a la fiesta disimulado, haciendo mío el pasado inmediato que no viví.

viernes, 18 de abril de 2008

SEÑAL DE AJUSTE

Inconvenientes en el canal cabecera nos impiden continuar con la programación habitual. Solicitamos a nuestra amable teleplatea, sepa disculpar las molestias. Muchas Gracias.

BRIELRD

Mi amigo Gabriel cumple 32 años este 19. No como él hubiera querido. Ya hace dos años de su terrible accidente, de su estado de semiplena consciencia, de su silla de ruedas, de sus operaciones. Quienes lo conocemos sabemos que su apetito de conocimiento siempre ha sido infinito. Por eso preferimos interpretar su condición actual como un viaje, su desgracia como un privilegio, un modo extraño de arribar a la verdad del ser, de arribar a un estado de conocimiento vedado al común de los mortales. ¡Feliz Cumple, Gaby! BrielRD La espalda al fuego de las horas que espanta, que limita, que asesina. Huir del vasto espacio que confina, que corroe, que deshace, que devora. Al amparo del sueño, que suspende el engaño de la muerte y de la vida, se cobija un alma que en su herida se resiste, no soporta, no comprende. No perturbe tu sosiego su letargo, es su viaje una intuición, un privilegio. Es su ausencia un extraño sortilegio: el sabor de la verdad es siempre amargo. Del orbe de arquetipos al perverso mundo de reflejos que es tu cielo volverá a ti y correrá el velo del secreto final del Universo.

sábado, 12 de abril de 2008

EXTINCIÓN

Hundida en la oscuridad, paralizada. Sólo iluminada por la luz tenue de la luna de verano; ella es ahora una parte más del silencio, de la humedad, del calor, de la densa selva. Las hojas que esconden la tierra a su alrededor no son parte de su mundo. Tampoco lo son las raíces descubiertas del árbol en que apoya cuatro de sus patas. Su sigilo es expectativa. El tenaz chirrido del macho lo anuncia a la distancia y anticipa la cópula que seguirá. El hechizo de su individualidad se deshará: su tendencia será la de su especie, y también lo será su deseo. Lo será también su inútil resistencia y su doloroso goce. Pondrá a prueba la estrategia que sus genes han urdido para resistir a la desaparición, para perpetuarse en otras arañas, que serán otras pero serán las mismas Llega. Lo siente como el dolor que se siente en los sueños. El macho ya está encima clavando sus pinzas en ella (son las armas que compensan su disparidad de tamaños). Por primera vez percibe la consistencia de su propia sangre, deslizándose interminable a través su abdomen. Está aprisionada y sus patas apenas logran separarla de la tierra. Furia. La vida comienza a atravesarla. Ruido. Su cuerpo es desgarrado en goce. Flujo. El macho siembra su simiente; se empapan. Son uno para ser cientos. Furia, ruido, flujo: silencio. El movimiento se congela. Se separan. Los ímpetus son calma. Él se deja caer desde la espalda de la enorme hembra, entumecido. Cumplidos los instintos que justifican que esté vivo, respira peligrosamente cerca. Se miran a los ojos, los dos inmóviles. Resta el último ritual y el instinto marcará los pasos: se abrirán las fauces, chorreantes de irrefrenable lascivia y hambre; el agotamiento se convertirá en necesidad de nutrientes; la necesidad, en negro impulso asesino; el impulso, en feroz ataque. La hembra se acerca, veinte machos podrían cobijarse bajo su pálida sombra nocturna. La adrenalina tiene sabor a muerte, pero no impide que las veloces patas del macho se claven en el abdomen en el que ahora se cobijan sus propios genes. El primer tirón y ella ya no puede caminar. El segundo, la deja indefensa. Sus dientes viriles desprenden el primer trozo de cabeza y desde aquí ninguno de los movimientos de la víctima es voluntario: desordenados reflejos, súbitas contorsiones espasmódicas; nada puede evitar el proceso caníbal. Tal vez en la fiereza del ataque se manifieste una intuición. Tal vez en alguna parte de sí, en lo profundo de su casi nula conciencia, de alguna mágica manera, el macho conozca que es el último individuo de una especie que no conocerá el futuro, el último vehículo de unos genes que han fallado en su empresa inmortal; que su tendencia es un ensayo y un último error

¿POR QUÉ NO LO CUENTA ASÍ NOS REÍMOS TODOS?

FAVOR DE DIFUNDIR Galletita de Prensa: La Comisión de Graduados y Estudiantes de la U.La.Sa (Universidad de La Sanata), subsede Mar del Plata, ha organizado un seminario titulado "Sea la atracción de la fiesta". El seminario será de carácter presencial y de modalidad eminentemente práctica. En él, los inscriptos tendrán la posibilidad de ejercitarse en las artes de la creatividad humorística, aplicando tanto consagradas y ya clásicas técnicas, como las más revolucionarias destrezas de los modernos ases de la risa. Incluimos aquí una muestra de las actividades que serán realizadas en el curso. Los invitamos a resolver el ejercicio y demostrarse a sí mismos si son capaces de aprobar los requerimientos necesarios para convertirse también en... ¡La atracción de la fiesta! EJERCICIO NRO. 1 Complete los globos de diálogo intentando generar una situación jocosa.

jueves, 10 de abril de 2008

ME LIBRO DEL LIBRO

Para ser un adulto responsable, entre otros requisitos, es fundamental mostrar preocupación por el escaso nivel de lectura que se percibe en la juventud. Culpas echadas a la computadora, a los "jueguitos", a una banalización generalizada de la percepción del mundo. El sentido común nos insiste en la importancia de la lectura. Y los jóvenes más comprometidos - futuros adultos responsables - se hacen carne de esta realidad. Y van los estudiantes de letras a "rescatar" "heróicamente" a los niños de un barrio careciente de su seguro destino de ignorancia, organizando un festival de lectura. Y sacan pasaje seguro al cielo. Pero señora, fíjese: muchos leen a través de internet. No es el punto. La decadencia de occidente se muestra en la falta de lectura, en el prácticamente nulo contacto con los libros y en "Wild on". Pero de alguna manera leen "libros" en internet, señora. No es el punto. Y ahí te tiran todos los lugares comunes del romanticismo del papel: que el "amor táctil" que se genera con los libros, que el placer irreemplazable de llevarte el libro a la cama, que el olorcito ese. Señora, señora. Pero los e-books... Nada, no es el punto. El punto parece ser que el libro, el formato libro (tapas, lomo, hojas de papel, etc.) está sacralizado. No se presta, no se subraya, debe mantenerse impecable y CAERÁN SOBRE TU DESCENDENCIA ETERNAS CALAMIDADES si llegases a descartar uno. Patrañas y prejuicios. Y aplicación anacrónica de mandatos heredados. Está bien que en la Edad Media el libro gozara de semejantes prevendas: no existía tecnología alternativa alguna para conservar y transmitir la información. ¡Y la información que merecía formar parte de un libro era considerada vital!. No existía tampoco manera alguna de hacer demasiadas copias. La sacralización como medida práctica. Como la imposición religiosa de no comer cerdo, nacida seguramente de la constatación de lo devastadora que puede ser la larva de la triquina cómodamente insertada en nuestros músculos. El libro es una tecnología fantástica, que fue irremplazable por mucho tiempo. Pero su santificación cultural es atendible tan sólo en el caso de no existir sustitutos, de que con la pérdida de un libro se pierda su contenido mismo para siempre. En tiempos de reproducciones masivas y múltiples medios para la propagación de la cultura, se trata de una exageración infundada y pasada de tiempo, una exageración ritualizada, repetida, impensada. Algunos que constatan la irremediable caída de la contabilidad de las librerías, que observan nostálgicamente su progresiva y otoñal desaparición, ven en ello un signo de debilitamiento cultural, de raquitismo civilizatorio. Lo sería si no hubiera tecnologías de reemplazo y mejora, si no hubiese Internet, si no existiesen los nuevos libros electrónicos: que se pueden llevar a la cama, que no cansan la vista, que casi no ocupan lugar, que no juntan polvo (o no tanto, o se les puede pasar un trapo), que tienen imágenes en movimiento, que tienen sonido, que se conectan a Internet, que reducen el costo (no el valor, ojo) de la cultura a dos mangos. Además, el otro enemigo declarado del libro es la televisión. Otro supuesto signo de decadencia: la pasividad espectadora de la tele contraria a la actividad espectadora del libro. Pero al fin dos formas de ser simples testigos, de no ser actores (la segunda más incómoda). Otra manifestación del mismo convencionalismo: lo escrito, por ser escrito, es siempre mejor que lo televisado. Pero no. Error. Hay tanta basura escrita como maravillas televisadas. Hay tanto para aprender con el control remoto como lo hay en algunos libros (y no voy a caer en la tontería de pensar exclusivamente en el Discovery Channel y sus canales hermanos) y en muchos casos, la mayoría de lo producido merece ser descartado. Como dice un amigo, cuando uno entra a una librería hay muchas cosas parecidas a libros, pero los libros-libros se cuentan con los dedos de la mano. La diferencia está puesta no en el medio – que, por si hace falta aclararlo, es un mero medio - sino en la capacidad del receptor. El tipo inteligente usa cualquier elemento de la realidad como disparador de pensamientos. Dichoso sería Voltaire, dichoso san Agustín y más prolíficas sus obras, si hubieran contado con la televisión, que hubieran visto compulsivamente, hasta las ojeras; si hubieran podido acceder a Wikipedia, si hubieran podido marcar sus libros de cabo a rabo, protestar contra ellos y festejar las ocurrencias de sus autores con groseras notas al margen, con desprolijos subrayados; si hubieran podido tirar a la basura sin culpa los volúmenes que no merecían la prosperidad; si hubieran podido buscar en un catálogo virtual toda la información que querían y obtenerla por unos pocos dineros en segundos. Los libros ya no se venden, las librerías se están extinguiendo, la juventud lee muy poco, mi negocio desaparecerá irremediablemente: pero estoy feliz. Será porque leo muy poco y miro mucha televisión.

martes, 8 de abril de 2008

HUMOR: INERCIA Y TABÚ

No pudiendo agradar a nadie, en algún momento opté por buscar aprobación a través del humor. Tampoco pude. Parece que soy naturalmente odioso o simplemente que la gracia es otra de mis carencias. Pero en el derrotero de esta travesía inconducente, creí poder sacar algunas conclusiones respecto a en qué consiste la materia de esta particular habilidad. Todo lo que es cómico implica algún tipo de confusión: el "remate" ha de quebrar el derrotero natural de una inercia específica. Por ejemplo: donde es de esperar que la señora dé un paso más para llegar a la bocacalle, la cáscara de banana se interpone en su inercia y estallamos de risa. Allí donde el niño espera que su padre le conteste qué es un degenerado, éste lo hace callar porque él mismo es un degenerado. Sin embargo, esta condición se nos hace necesaria pero no suficiente. Pues en muchos casos, la constatación de una ruptura en la previsibilidad que genera nuestra capacidad de "tendencia al cierre" no alcanza para que mostremos los dientes y las comisuras de nuestros labios busquen desesperadamente a las orejas. La cortina automática se está cerrando pero se pará a la mitad y nadie siquiera sonríe. No es gracioso. ¿Cuál es la otra pata del humor? Mi respuesta, condensada a través de innúmeros intentos fracasados de hacer reír, habla del ingreso en el terreno de alguna cuestión tabú. Constituimos nuestra realidad a través de límites diversos que configuran el valor de las cosas que nos rodean, y cuando se penetran y se transgreden esas fronteras, confusión mediante, aflora la risa. El primer tabú es la burbuja que nos separa de los otros. La intimidad ajena más superficial, el respeto que impone el hecho de que la identidad es en cada caso particular y no puede sino serlo. Por eso Mel Brooks en "La loca historia del mundo" señala el origen del humor en la escena en que un dinosaurio se come a un cavernícola. Y es este el mismo motivo por el cual nos reimos con la señora que resbala. El tabú más extendido es, sin embargo, el del sexo. Por mucho tiempo, el humor sexual tuvo una enorme efectividad. En la década del treinta, referir el trasero con alguna palabra más rimbombante, hacía saltar por el aire las costillas de los espectadores. Hoy, más abiertos a este respecto, sería impensable una revista como “SEX-HUMOR”. El tabú se hizo más laxo y la efectividad de la ruptura de la inercia en estos ámbitos bajó proporcionalmente. Lo mismo para el humor político. Los chistes sobre el gobierno y los gobernantes son tanto más divertidos, cuanto más fuerte se imponen las investiduras. Hoy por hoy, muerte de Dios mediante, nada reviste los atributos de lo respetable. Por eso quedan pocos límites que transgredir, pocos espacios para disfrutar de la interrupción intempestiva de la continuidad, pocos terrenos en los que aflore la confusión. Es el tiempo del triunfo del humor absurdo y del humor negro: del humor absurdo porque rompe con el tabú de la habitualidad, tan cercana por momentos que ni sabemos que existe. Y del humor negro porque la muerte nunca dejará de ser un tabú. Como le escuché decir una vez a Wainraich, el día que entre un notero a hacer gracias con los deudos en un velorio, se habrá acabado el humor.

lunes, 7 de abril de 2008

NOTICIAS REILUSTRADAS

El régimen comunista, ante su mayor desafío: la polémica por los Juegos Olímpicos Fuertes protestas contra China en Londres

Miles de manifestantes intentaron interrumpir el recorrido de la antorcha olímpica; hubo por lo menos 30 detenidos

LANACION.com | Exterior | Lunes 7 de abril de 2008

viernes, 4 de abril de 2008

LAS INQUIETUDES ÉTICAS DEL GRAN DANÉS

"Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que Yo te había prohibido comer: Maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga sacarás de ella tu alimento por todos los días de tu vida. Espinas y cardos te dará, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. Porque eres polvo y al polvo volverás." (Gén. 3: 17-18-19) En una de mis innumerables recorridas por la Biblioteca Nacional de Belgrado, buscaba información referida a cierta supuesta obra del célebre Juan Le Rond d`Alembert, genial matemático y filósofo francés. Recurrí para ello a la sección de autores del catálogo. Allí fue que la casualidad hizo que me topara con la ficha que consignaba los datos del poco afamado pensador danés Levis Arkhüssgaard. Este autor, de no muy prolífica pero sí muy interesante obra, llamó a las puertas de mi interés a través del título de su obra más importante: Es lógico que seamos tan estúpidos. Su particular forma de titular hizo que se despertará mi desagradable maliciosidad crítica y, movido por este desdeñable sentimiento, solicité al instante el préstamo del libro, con la única intención de defenestrarlo. A esta clase de impulsos - léase atender sólo a los errores y evitar los aciertos de los demás - estamos sometidos los mediocres para, al menos, sentir que somos superiores a alguien. Al llegar a mi habitación de la calle que bordea el río Save, comencé a hojear el bocado que ese libro suponía para mi voracidad crítica. Sin embargo, el buen Arkhüssgaard derribó el soberbio pedestal desde el que yo me proponía analizar su obra. Ya en la introducción, nuestro autor se defendía de las seguras acusaciones que caerían sobre el título de su ensayo arguyendo que había decidido darlo a conocer con tan mala denominación por el hecho de estar harto de adquirir libros de espléndida portada y contenido nefasto. Exhibidas sus advertencias, el autor explicaba a través de una complicadísima exposición y verborrágicos ejemplos, una concepción a mi entender magnífica de las razones de la maldad, la codicia, el egoísmo y el desamor reinantes en el mundo. Arkhüssgaard se vio asombrado desde pequeño por la ambigüedad entre los mandatos éticos y las actitudes de los hombres. La brecha entre lo que "debía ser" y lo que "era" le resultaba un abismo en el que su joven mente no podía evitar caer. La popularidad que adquirió en su pueblo natal el caso de un sacerdote que espiaba colegialas, fue la piedra de toque para que pusiera manos a la obra en la investigación sobre el origen del mal y la concupiscencia. El pensador danés había sido educado en una rígida espiritualidad religiosa; esto hizo que la explicación que buscaba la encontrara primeramente en la lectura de las Sagradas Escrituras. Allí, se atribuía a la debilidad de Adán la culpa de todos los males que pueblan la Tierra. Sin embargo, con una singular iconoclastia, rechazó ésta como una explicación plausible. Sospechaban sus jóvenes 16 años que esta respuesta que hubiera encontrado en el Antiguo Testamento dejaba entrever algún elemento de desidia, que era una forma de quitarse de encima el peso de la maldad y hacer recaer el fardo sobre el pobre primer hombre. De hecho, pensaba, "seguramente Adán no sabía qué cosa era el mal." Además, sus cuestionamientos lo llevaron a repasar algunas lecturas de San Agustín, quien dejaba abierta la intriga acerca de cómo era posible el traspaso de la maldad a almas inocentes nacidas en tiempos ulteriores al comienzo del mundo; y si el mismísimo San Agustín dejaba inconcluso un asunto tan importante, era dable seguir cuestionándose sobre el particular. Fue por los motivos mentados y por otros "...que no mencionaré sólo con intención de generar intrigas..." - según palabras de nuestro danés - que se dispuso a encontrar la causa del pesado tormento de la vileza. Pero su tarea debía enfrentarse con una serie de dificultades. Si bien, como se dijera, había rechazado de plano la concepción que hacía caer las culpas sobre Adán - rompiendo así con la tradicional interpretación eclesiástica - no podía apartarse de los datos que la Biblia le proporcionaba, pues esta hubiera resultado una herejía imperdonable. De esta forma, Arkhüssgaard basó su novedosa explicación en el sagrado texto, pero considerando otros aspectos. Ya en las primeras páginas del Antiguo Testamento, se habla de que Adán y Eva concibieron tres hijos varones: Caín, Abel y, más tarde, como modo seguro de expiación, Set. Ahora bien, el sagaz Levis reparó en el detalle de que, de repente y sin esfuerzo alguno por mantener la coherencia, se decía que "...Caín tuvo relaciones con su mujer, la cual dio a luz un hijo que llamó Henoc." (Gén. 4:17). ¡Incesto! ¿Quién era sino su madre misma la mujer con la que tuvo relaciones?. Ya otros hombres antes habían caído en la cuenta de este terrible suceso - como bien señala nuestro autor - y trataron de brindar una solución a lo que ellos suponían que era un error, argumentando que Adán y Eva habían concebido otros hijos. Pero, de esta forma, Caín se habría casado con alguna de sus hermanas. Como se ve, la Biblia no parecía poder eludir el problema de la endogamia; negarlo sería desbaratar toda la concepción religiosa del origen del mundo. Arkhüssgaard no tenía la intención de pasar sobre el mensaje del libro sagrado. De esta manera, jamás consideró que hubiera en él equivocación alguna. Lo que los intérpretes consideraban un error era para el danés un hecho inequívocamente real. No había por qué dar explicaciones; la descendencia de Caín era fruto de una relación incestuosa. Ahora bien, muchos especialistas sostienen que el tabú del incesto surgió para evitar conflictos de celos dentro de los grupos familiares, o bien para aumentar la diversidad cultural en la interacción con otros clanes. Sin embargo, el saber vulgar - que no por vulgar ha de ser equivocado - indica que la prohibición de las relaciones sexuales entre parientes cercanos se debe a que resultan de ellas hijos con deficiencias mentales, que pueden llegar incluso a la imbecilidad (por quién sabe que problema en la compatibilidad sanguínea). Levis Arkhüssgaard nos dice que, si bien la extensión y el carácter de su ensayo no hacen posible la justificación científica de este hecho, deberá bastar al lector como prueba la anécdota que nos cuenta sobre una vecina de su abuela que se casó en segundas nupcias con su propio primo-hermano, y de cuya descendencia resultó un individuo de prominentes dientes que derramaba saliva cada vez que se le hacía figurarse una imagen. A partir de estas premisas, el sagaz pensador sostiene que toda la humanidad debería reconocer su origen a partir de una unión incestuosa, que habría marcado nuestro destino como raza tiñéndolo de idiotez e imbecilidad, cosa que no parece diferir en demasía con las motivaciones de los actos impíos. Así no sería tan dificultoso concebir la manera en que un ser dotado de inteligencia haya cometido (y continúe aún cometiendo) tantos actos estúpidos. Mi impresión es que, si bien las pruebas que nos aporta Arkhüssgaard de que la endogamia causa alteraciones mentales a los descendientes de tales relaciones no son lo suficientemente buenas, intuitivamente su formulación parece indiscutible. A la vista de las iniquidades cotidianas como las guerras sempiternas entre pueblos vecinos que ya han olvidado el motivo de su lucha, la intolerancia, la discriminación o la violencia sinrazón tomada como elemento de culto, esta aparentemente simple teoría erupciona con gran fuerza y mayor admisibilidad que la historia de la manzana, la serpiente y la mujer (valga la redundancia). Si es que uno posee pretensiones de adquirir conocimiento seguro, pues entonces parecerá que las ideas del danés poseen bases demasiado endebles como para ser aceptadas. Sin embargo, es de tener en cuenta que dos años después de haber publicado su obra, Levis Arkhüssgaard fue condenado a muerte por el Tribunal Eclesiástico de Copenhague, siendo acusado de sacrílego y hereje. La acción de los inquisidores confirmaba, sin quererlo, su teoría. Ante este hecho, los refuerzos argumentativos que daba en su obra, citando escandalosas relaciones incestuosas entre los miembros de renombradas casas reales europeas perdieron sentido. Levis Arkhüssgaard escribió dos obras más luego de la publicación de Es lógico que seamos tan estúpidos: la primera, un ensayo sobre la imposibilidad de adquirir la esterilidad por herencia, titulada ¿Cómo va a transmitirse la esterilidad a la descendencia, si la esterilidad no permite crear descendencia? ; y la segunda, una novela que narraba las peripecias de un aventurero por tierras de enanos y de gigantes. Existen serias sospechas de que esta realización postrera habría sido un plagio. La teoría que el gran danés nos lega es importante para identificar nuestras conductas erróneas y modificarlas. Por otra parte, identifica la maldad con la estupidez; esta última circunstancia es, a mi entender, su mayor acierto. (diciembre 1993)

martes, 1 de abril de 2008

¿Error Vocacional?

Cuando un muy estimado profesor mío dijo en una clase que quienes desearan encontrar respuestas en filosofía habían cometido un grave error vocacional, sonreí con desdén y descrédito. El cano docente argumentaba que si acaso un problema filosófico se resolvía, cambiaba su status y pasaba a ser un tema científico (En rigor, no se trataba de un cambio, sino del reconocimiento de una determinación que el problema había tenido siempre). Para mis adentros pensé que la cuestión así presentada relativizaba la problemática verdadera, trocándola por un asunto de rótulos. Y para dar por tierra con semejante forma de ver las cosas me di a la tarea de la elaboración de un texto de dudosa calidad donde sostenía que 3000 años de pensamiento sistemático respecto a las cuestiones fundamentales eran poca cosa para llegar a semejante conclusión. Sobre todo porque las más de las veces ese conocimiento tenía que luchar, no contra los problemas mismos, sino contra prejuicios y convicciones infundadas. Si históricamente se hubiera llegado a un acuerdo metodológico - sugería - quizás se estuviera en nuestros días más cerca de la verdad. Ejemplificaba con un cubo de Rubik en manos de una civilización a la que éste le hubiera llegado del cielo: ¿cuántos canos profesores de ese mundo habrían decretado la imposibilidad de su resolución?. Como dijera en el interesante blog de Federico, si algo se da, habrá de darse de algún modo. Y como es de suyo que el Ser se ha dado, lo habrá hecho de alguna especial manera. Descubrir ese modo implicaría descubrir la verdad. Mi argumento ayudaba a tranquilizarme: quizás no tuviera que volver a abandonar una carrera a pesar del agorero comentario de mi profesor. Por aquel momento yo me decía interesado por casi todo. Pero el tiempo me fue haciendo más juicioso y, poco a poco, fuí cayendo en la cuenta de que esa multiplicidad de objetos de mi atención podía reducirse a unas pocas y profundas temáticas. El "click" lo tuve en ocasión de tener que articular los contenidos de un programa de nuestra disciplina para la escuela secundaria. Quería evitar el enfoque histórico, olvidarme de las escuelas, y exhibir a los alumnos lo que yo creía apasionante: las problemáticas mismas. Así establecí 5 unidades que hablaban de libertad y determinismo, de realismo e idealismo, de la muerte, de la existencia de Dios y de la fascinación que el ser fuera. Me hubiera costado agregar una unidad complementaria: el tema se acababa allí para mí. Decidí abocarme a estos asuntos casi exclusivamente, enfrentarlos, mirarlos a los ojos, manipularlos, palparlos, degustarlos, encontrarles la quinta pata. Siempre con la esperanza de hallar detrás de ellos la cifra definitiva. Pero no. Tan abarcativas estas cuestiones que todo lo demás comenzó a parecerme intrascendente. Resigné la participación interesada en cuestiones sociales, en charlas con amigos, en preocupaciones comunitarias y encontré remanso tan sólo en la condescendencia de los allegados que, seguramente por cortesía o por interés esporádico, se hacían eco de mis preocupaciones. Y cuanto más pensé, menos hallé; con más paredes me topé, más golpes recibió mi ego, más patente se hizo mi finitud, mi humano destino de creación intermedia, incapaz de la aceptación impensada del animal, incapaz del saber acabado del Dios. En la imposibilidad de hallar respuestas definitivas, de resolver de una vez y para siempre las problemáticas filosóficas, y no creyendo que tal impedimento fuera inmanente a mi espectro de incumbencias, pregunté a los demás. Tenía que haber alguien que tuviera el asunto resuelto; de otro modo, ¿cómo explicar su tranquilidad espiritual, cómo dar cuenta de la expresión satisfecha de compañeros dedicados a las mismas faenas? Pues la relación inacabada con el conocimiento fue siempre para mí motivo de ansiedad, fuente de desvelos, causal de zozobra. Pero contrariamente a lo esperado, me encontré con una exhibición de lugares comunes acerca de la necesidad de encontrar placer en la misma búsqueda, de disfrutar un trayecto que se sabe inacabable; de filosofar sólo por filosofar, pues allí estaría el aspecto interesante de la cosa. ¡Patrañas! Filosofar por filosofar es inhumano, nos enseña Unamuno. Emprendo mi búsqueda para encontrar el tesoro; si sé que no hay tesoro, me quedo en casa. Filosofar por filosofar igual que fornicar inacabadamente, refregar los sexos hasta evaporar los flujos, hasta que el flujo devenga sangre, sin acabar. Filosofar por filosofar como remar en el desierto. Buscando soluciones hallé tontos consuelos, justificados de mil maneras; respuestas terapéuticas para evadir el dolor de no ser Dios. Pero la filosofía no es institución de señoritas ni empresa de autoayuda. Quien desee abarcar el todo tendrá que soportar caminar hacia un horizonte huidizo, que parecerá ser ilusión, espejismo. Tendrá que saber llorar por su impotencia, morderse los labios de la desazón, hacer oídos sordos al discurso de los derrotados, que son los resignados, los asumidos. Tendrá que perseverar hasta perder el aliento, saltar los obstáculos de la desconfianza. Y seguir sin sucumbir al estoicismo cobarde. Hay una verdad y está en el hombre poder hallarla. Quiero encontrar la verdad y muero si no la consigo; y no renuncio de antemano. Y quien ha errado su vocación no es quien quiere dar con soluciones en materia filosófica, sino quien piensa que en este terreno se puede arrojar la simiente yerma del onanismo intelectual.