jueves, 30 de octubre de 2008

NEW KIDS ON THE BLOG

Nuevos blogs que se suman a nuestra comunidad. Visítenlos y apóyenlos. ¡Un link no se le niega a nadie, che!
EL CLUB DE IAN: Con tan sólo cinco años y a dos palabras por minuto Ian Doti ha iniciado el registro audiovisual de su infancia.
UNA MISERABLE FAN: María Laura arrancó bien. Bregando siempre por la brevedad, promete reflexiones interesantes, nuevas perspectivas de opinión. Un blog para nada miserable.
CUENTOS AL CONTADO: Estos cuentos garpan. Fogel es un gran escritor.
ACADEMIA DE FRIKILOSOFÍA: De freak y de filósofo, todos tenemos un poco.
¿Tienen blogs que recomendar?, ¿Saben de nuevos emprendimientos?

martes, 28 de octubre de 2008

DE LAS RAZONES QUE ME HACEN LAMENTAR EL NO HABER CONOCIDO PRIMERO A ALEJANDRO ROZITCHNER QUE A ARTHUR SCHOPENHAUER

Habiendo ya comenzado el profesorado de filosofía me topé una vez con el Otro poema de los dones, de Jorge Luis Borges. Me sorprendió mucho ese verso en que nuestro poeta declaraba sus preferencias filosóficas: "Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas, entre otras cosas, por Schopenhauer, que acaso descifró el universo". Pensé que Borges exageraba. Años más tarde me aboqué a la lectura de El mundo como voluntad y representación, quizás movido por obligaciones académicas: concluí que el “acaso” de aquel verso estaba completamente de más.
Schopenhauer miraba la existencia de frente y mostraba al mundo en su realidad más cruda. Reflejaba la vida sin imponerle modelos diseñados por el deseo ni por la conveniencia. Y sobre esta base estipulaba una ética caracterizada por la prerrogativa de huir de un mundo determinado por la mutabilidad, la contradicción y el caos.
Fosilicé una declaración y se la entregué empaquetada a cada quien con el que hablaba: “Si hubiera descubierto antes a Schopenhauer, de seguro no hubiera continuado con mi carrera”. El genio de Danzig, con su estilo corrosivo, con su incorrección política, con su contundencia a veces caprichosa y sobre todo con su voluntad de dar cuenta de la realidad de modo fidedigno, había dado respuesta a todos los interrogantes que alguna vez me hubieran inclinado por la actividad filosófica. No necesitaba nada más para satisfacer mi deseo de conocimiento.
Pero resultó que instalarme en el schopenhauerianismo fue la ocasión de encontrar una sólida guarida para ejercitar las virtudes del no-ejercitar: la victimización, la visión crítica del mundo, la queja, la seriedad. Las particularidades de los tristes hombres de conocimiento, que tan sólo realizan una estéril descripción de una realidad que juzgan despreciable e insoportable por no tener un sentido preconcebido. El lamento miserable de los pusilánimes e improductivos, de los incapaces de crear direcciones propias para la vida asumiendo la responsabilidad total de las propias decisiones; el sufriente rictus de aquellos que siempre atribuyen las causas de su derrota a factores externos, a instancias trascendentes que conciben como limitantes insalvables para concretar el deseo.
El apellido Schopenhauer todo el tiempo en la boca, exhalado como una nube negra entendida y aceptada como sinónimo de profundidad y sabiduría. Pero un día la aparición de otro apellido raro para anunciar que toda profundidad implica oscuridad; que la mirada desconfiada es neurosis cuando no impostura: Rozitchner.
Alejandro Rozitchner, montado en brioso corcel nietzscheano, encara la batalla contra un prejuicioso y hundido mundo académico que mira escandalizado a uno que se atrevió a levantar la bandera del entusiasmo, del conocimiento como pasión, de la espontaneidad como norma.
Mirado de reojo por los círculos universitarios, crucificado muchas veces por el prejuicio de mediocres hombrecitos sombríos que brillan rellenando páginas inútiles en las que dan cuenta de lo que otros dijeron sobre lo que otros dijeron acerca de porciones intrascendentes de la vida, Rozitchner se atreve a enfrentar al pensamiento oficial del mundo proponiendo evitar la mediación de las autoridades eruditas en la apasionante tarea de conocer.
Asumiendo el destino con todo el peso de su incertidumbre inherente, concibiendo la turbulencia como norma y no como desajuste de una instancia idealizada y falsa, enseña a valorar el cambio incesante, a “plenificar” el devenir que para los débiles es digno de menosprecio. Y así se abre a la riqueza borboteante de la vida, disfrutando el conflicto como manifestación necesaria de esa prodigalidad. Y así logra zafarse de las cadenas del prejuicio apocalíptico que impiden tomar las herramientas que el mundo pone a nuestra mano para ayudarnos a pensarlo.
Rozitchner puede aggionar su pensamiento alejándose de los lugares comunes políticamente correctos que responden a modelos que ya no calzan con una realidad que se escapa a toda intención de constreñirla. Y parte de una plataforma de refrescante realismo, aportando elementos útiles para operar de modo fructífero y afirmativo en todos los aspectos de lo vital.
Muchas veces me cuestioné acerca de mi labor como docente de filosofía. ¿Cómo transmitir a personas en formación una disciplina que en tantas ocasiones adjudiqué a la tarea de individuos infelices? Pues la desiderata docente de A. R. – consecuente con su visión del mundo – me dio la respuesta: la filosofía puede no ser la transmisión de una mirada decadentista de las cosas, sino una oportunidad para contagiar la pasión por desentrañar el nudo de la realidad, para repensar las conclusiones fijadas por una historia de convenciones impensadas, para direccionar la vista hacia la maravillosa experiencia de estar vivos.
Muchos no logran ver la verdadera impronta de este filósofo; siguen atados a la idea de que el valor de un pensador está en relación a su importancia académica. Quizás tenga que recurrir otra vez a Schopenhauer para comprender esta situación y aceptar su idea de que “toda verdad pasa por tres etapas: primero es ridiculizada; segundo, sufre una oposición y tercero, es aceptada como autoevidente”.

lunes, 27 de octubre de 2008

A MI MADRE

Tornasolando el flanco a su sinuoso
paso va el tigre suave como un verso
y la ferocidad pule cual terso
topacio el ojo seco y vigoroso.
Y despereza el músculo alevoso
de los ijares, lánguido y perverso
y se recuesta lento en el disperso
otoño de las hojas. El reposo...
El reposo en la selva silenciosa.
La testa chata entre las garras finas
y el ojo fijo, impávido custodio.
Espía, mientras bate con nerviosa
cola el haz de las férulas vecinas,
en reprimido acecho... así es mi odio.
Enrique Banch. Argentina (1888-1968)

miércoles, 22 de octubre de 2008

¡ÚLTIMO MOMENTO!

CONFIRMADO:
SOY EL JUAN PERUGIA DE LA CARRERA DE FILOSOFÍA.

lunes, 13 de octubre de 2008

SOBRE NARANJAS Y ELEFANTES

De la inagotable producción del también inagotable amigo Albano Bodrio, reproduzco a continuación su laureado ensayo Sobre naranjas y elefantes. ¡Disfrutenlón!

SOBRE NARANJAS Y ELEFANTES
Cansado ya de las constantes disquisiciones referentes a la antigua confusión entre naranjas y elefantes, es justo que marque el punto final de este entuerto. Haré justicia afirmando apodícticamente que, por mucho que insistan algunos autores, no existe parecido – y, por tanto, posibilidad de confusión alguna – entre los dorados cítricos y los aburridos paquidermos.
En primer lugar, excepción hecha de algún daltónico, nadie puede, como parece hoy estar tan en boga, encontrar una similitud cromática entre los dos objetos. La naranja, como su nombre lo indica, es redondamente (y nunca mejor utilizado este término) naranja; y no porque no pueda derivarse el color del nombre genérico del elefante, se argüirá por ello que entonces el elefante sea naranja. No. El elefante, y numerosas estadísticas de importantes universidades de todo el mundo apoyan esta sentencia, es gris. Gris topo. Y no “redondamente gris”. Es substancial dejar bien claro esto último, para que la confusión no lleve a encontrar otra falsa analogía con el consabido cítrico.
No dudamos de la honorabilidad de los miembros de la escuela de Frankfort, pero su afirmación del parecido susomentado en la incapacidad de todo olvido por parte de las naranjas – que las equipararía a los elefantes, en cuanto a memoria se refiere – es por demás equivocada. Nadie discute que las naranjas no puedan olvidar, pero esto no se debe a que posean una retentiva encomiable, sino más bien a su carencia total de funciones mentales.
Otros más audaces aún, infieren del hecho de que algunas naranjas cuenten con innegables ombligos, que se trataría de una extraña especie de mamíferos, y por esta vía arriban a la declaración de la imposibilidad de diferenciarlas de nuestros enormes amigos. Pero esto sería tan caprichoso como decir que las bicicletas caen del cielo sólo porque tienen rayos.
“Las naranjas no temen a los ratones”, reza la vieja sentencia hindú. Es increíble que a occidente le tome tres mil años caer en la cuenta de lo que los orientales supieron vislumbrar en el alba misma de la civilización. Y si podemos tomarlos como autoridad en este campo, habrá que hacer caso también de las Upanisadas cuando afirman “Imposible separar un elefante en gajos”.
Creemos que lo dicho es suficiente para librarnos de uno de los mayores y perjudiciales mitos de la historia. Pero no obstante pecar de insistencia, habré de dar un elemento de juicio más en contra de esta tan triste confusión: es imposible encontrar una naranja con colita.
Albano Bodrio

viernes, 10 de octubre de 2008

DESESTIMACIÓN DE LAS TEORÍAS CONSPIRATIVAS

Imponiéndole a la realidad el esquema según el cual entendemos a nuestro propio yo (como fundamento y causa simple), todo lo que es plural y diverso en su genealogía lo comprendemos como creado por una causa única y simple. Suponemos un demiurgo donde lo que hay en realidad son causas múltiples y nos hacemos la ilusión de la existencia de un fin último que reúna todas las intenciones cuando no hay más que pequeñas acciones dispersas. Ése es el origen de las miradas conspirativas.
Es como creer que hay un Dios creador del mundo y de las especies, que son colocadas allí con una finalidad específica, cuando todo lo que hay son cambios y mutaciones fortuitas que no presumen ningún telos. Al ver las especies animales las creemos fijas, inmutables: no somos capaces de entenderlas como momentos de un proceso mayor de variaciones constantes y nos cuesta hacernos a la idea de que suceden porque suceden, sin ningún para qué. De igual forma nos pasa con los cambios y decisiones políticas y económicas. Habría cerebros preclaros, herederos de antiguas tradiciones de poder para los que cada decisión formaría parte de un sistemático plan general. Pero en rigor, para nuestra desgracia, hay sólo acciones sueltas, trazos más o menos desprolijos que vistos todos juntos, con intención de encontrar un sentido, pueden ser interpretados como un dibujo. Pero si no hay dibujante no hay dibujo. Hay lo que queremos ver.
Por otra parte no puedo comprender la preocupación por el sometimiento. Si fuera verdad que todo está controlado, que estamos encerrados en una matrix, que hay espíritus maquivélicos controlando nuestras existencias, ¿cuál sería el problema? Pensar en quitarnos ese condicionamiento presupone la idea de que existiría algo así como un estado de libertad total posible que podría conquistarse (o reconquistarse). Pero no hay tal cosa. Existir presupone una serie de condicionamientos. Las limitaciones no son aspectos negativos, son condiciones de ser: para poder ser hay que no ser algunas otras cosas.
Las suposiciones de conspiración son a la verdad de los hechos sociales lo que la religión a la dinámica evolutiva.

viernes, 3 de octubre de 2008

LISTADO DE LUGARES COMUNES POLÍTICAMENTE CORRECTOS

La pereza mental se evidencia en la utilización de los lugares comunes. La repetición de comentarios políticamente correctos patentiza la hipocresía. La síntesis: nuestra estúpida falsedad.
1.- Yo soy ateo, pero respeto a los que creen en Dios.
2.- Prácticamente no miro televisión.
3.- A mí no me gusta, pero eso no quiere decir que no esté bueno.
4.- No sólo no soy antisemita, sino que además tengo muchos amigos judíos.
5.- Maradona fue un gran jugador, pero como hombre deja mucho que desear.
6.- Generalmente no miro televisión y si lo hago, me engancho con los documentales de Nacional Geographic o con el canal Encuentro.
7.- No consideren esto un “adiós”, sino un “hasta luego”.
8.- No saben lo difícil que ha sido para el jurado…
9.- Francamente, nunca me interesó el dinero.
10.- Yo viviría leyendo.
11.- Es una pena que hayamos tenido que separarnos. Se había formado un grupo humano maravilloso.
12.- Te envidio… pero, ¡ojo! Sanamente, eh.
13.- No me importa el físico, lo importante es cómo sea por dentro.
14.- Vos te merecés a alguien mejor que yo.