martes, 20 de enero de 2009

AUTO-ANÁLISIS

- ¡Es que son cosas que no puedo resolver! No es que sea desbolado, no es que no sepa qué es lo que tengo que hacer. Pero no puedo. Hay cosas que no las puedo hacer. No sé bien por qué. No sé, en serio. No entiendo. Ponele: con este asunto de las boletas y de ARBA, yo hace rato que le vengo diciendo al contador que cómo hay que solucionar el tema, que a ver si terminamos de una buena vez con los bimestres atrasados y toda la bola. Pero cuando voy, el tipo me dice que sí, que tiene todo controlado, que lo va a tener listo para dentro de dos días. Y después paso a los dos días y resulta que me dice que no pudo, que ya está listo, pero le pedís y no te da nada. Y yo, como es el contador, no me da para reclamarle nada y me quedo callado. ¡Pero después el quilombo lo tengo yo! ¿Entendés?¿Y sabés qué? Creo que eso es lo que me pasa con todo. Como que siempre tengo en claro qué es lo que hay que hacer pero no sé cómo hacer para que los demás lo lleven a cabo. Y entonces algo que es una boludez, que se soluciona fácil, termina desencadenando en un problema enorme porque yo no me puedo imponer. Y eso es lo que me estresa.
- ¡No me mires a mí! Mirá para adelante que vamos con los chicos.
- Está bien. ¿Pero entendés a lo que voy? Todo es así. No es ni casualidad, ni que esté maldito, ni nada. Todos, pero absolutamente todos los quilombos en los que me meto, responden a lo mismo. No puedo imponerme para que las cosas pasen como yo sé que tienen que pasar.
No se animó a pasar de golpe al camión que iba despacito adelante. Había bastante tráfico y esa había sido siempre una ruta peligrosa. Bajó la velocidad y mientras se cercioraba de que no viniera nadie por la otra mano, suspendió la charla. Su mujer lo escuchaba resignada y si no se dormía era por su eterno miedo a un accidente fatal. Morir en una ruta después de un fin de semana de descanso obligado por el médico, era suficientemente ridículo como para que pudiera pasar.
- ¿Viste que últimamente vengo diciendo que tengo que darme más bola a mí mismo? Es eso. Ese es el punto. Darme más bola a mí mismo. Pero cuando pasa algo donde tengo que tomar una decisión o hacer algo en concreto para solucionar la cuestión, me taro y veo cómo se va armando el quilombo como desde afuera, llorando porque nada va a suceder como yo sé que debería suceder.
- ¡Mirá para adelante, por favor! En serio.
- ¡Pero si no viene nadie! Y lo peor de todo es que me doy cuenta de que siempre me pasó así. Siempre. Mirá: diciendo esto me acuerdo de esa vez en “Luna Roja”, cuando fui con todos los rusos a la playa. ¿Te conté lo de “Luna Roja”?
- No sé.
- ¿Yo qué tendría? Ponele cinco años. Me agarraron ganas de hacer pis y como no estaban mis viejos no me animaba a decirle a nadie ¿entendés? Y me quedé ahí sentadito en una piedra sin hablar con nadie. Me puse blanco; no daba más. Y no dije nada. Cuando el papá de mi prima me vio ahí acurrucadito, llamó a mis viejos enseguida porque no tenía ni idea de qué corno me pasaba. Y recién cuando mis viejos aparecieron dije lo que me pasaba. ¡No sabés cómo me cagaron a pedos! “Sos un boludo!, ¿¡Cómo no vas a decir nada!?” Pero prefería morirme que tener que ser el protagonista de un quilombo. De hecho terminé con una fisura en la vejiga.
- Nunca me habías dicho nada.
- ¿No? ¿Y de lo de la pileta de olas?
- Eso sí.
- Se me acalambraron las dos piernas justo cuando anunciaban que empezaban las olas. Yo quería acercarme al borde para salir. ¡Y lo peor es que tenía al guardavida ahí, justito al lado! Pero no pude decir nada. Y te juro que me hundía; me ahogaba. Pero no le podía decir nada.
- ¿Y cómo saliste?
- Justo pasaba uno de los mellis con los que había ido y le pedí que me sacara. Estaba medio desmayado. El bañero me hizo masajes en las piernas y me cagó a pedos también. Era un pendejo él también y si se le ahogaba alguien lo iban a matar. No sabés cómo me puteó.
- Un boludo importante.
- ¡Terrible! Lo peor es que cuando me pasa con relación a otros, todos piensan que lo hago de egoísta, de garca. Pero fijate que ni ahí: me puedo estar muriendo yo mismo y no hago nada para remediarlo. Un poco que te convierte en un hijo de puta. Con el nene, por ejemplo. ¿Te acordás? Pasé de la alegría de ser papá a tener que llevarlo a un hospital en Buenos Aires porque se nos moría y cuando llegamos y nos dijeron que no había cama, me lamenté despacito, le agradecí al de la recepción y me di media vuelta como para irme. Si vos no hubieras armado el despelote que armaste por ahí no lo teníamos durmiendo acá atrás.
-Bueno, pero vos estabas nervioso. Era un momento terrible…
- … Pero para vos también era terrible. Y pudiste hacer lo que había que hacer. En cambio yo actué como un salame. Era obvio qué era lo que tenía que hacer, pero esa especie de respeto que me generan las otras personas es más fuerte. Más fuerte que el amor que le tengo al nene. Y fijate que todo responde a este modelo: todo. Nunca me había dado cuenta. Es como que prefiero al otro que a mí. Y para evitar esos momentos dejo que todo se resuelva solo. Y dependo de la suerte para que todo salga bien; porque si la cosa se complica, cagué. Es como que fuera en una lancha que se desvía y se desvía y yo tengo el volante ahí y algo me traba para dar el volantazo y dejo que avance y avance. Después si no choco y me hago pelota, joya; pero si no, me quedo viendo como se va todo al carajo y no puedo reaccionar. …En el negocio lo mismo. Dejo que todo el mundo haga lo que se le canta. Y no sólo los empleados. También me pasa con los clientes. Cada vez que alguno me pide un favor, rezo para que sea un tipo educado y ubicuo. Que no se zarpe. Pero en general se zarpan y no les puedo para el carro. No puedo. Acordate de la vieja esa que venía y rompía siempre las pelotas a todos. ¿Te acordás? Yo la odiaba, la hubiera matado. Pero la dejé, la dejé, y al final armó la puesta en escena esa, haciéndose la que tenía convulsiones. Decí que vino el abogado que le administraba la guita y nos explicó que siempre hacía cosas así para llamar la atención. Podríamos haber tenido un problema de aquellos.
- ¿Y la loca esa que iba al otro local?, ¿Alicia era?
- ¿Cuál?
- Esa que te terminó pidiendo guita y vos le diste.
- Ah, cierto. Pero le di para no matarla. Porque eso me pasa, ¿entendés? No tengo término medio: o hago todo lo que me piden, como un boludo; o me caliento mal, exageradamente y soy capaz de asesinarla. ¡Otra que me acordé ahora! El arquitecto del local ese que alquilamos al principio. El tipo lo defendía al dueño y querían que nosotros pagáramos toda la reforma. A mí me dolió la panza una semana sabiendo que tenía que enfrentar ese asunto y hacerle ver que eso no estaba dentro del trato. Y cuando lo encaré lo mandé a la putísima madre que lo parió. Resultado: el tipo se ofendió para el orto, terminó como que él tenía razón y encima pagamos todo con tal de quedarnos en el local. ¡Cualquiera!
- O el que te afanó la mercadería delante tuyo. Se miraron a los ojos mientras se metía las cosas en el pantalón y no le dijiste nada.
- Ese respeto por el otro es inquebrantable. No hay nada que pueda con él. Ni aún cuando es recontra obvio que me están cagando. Dejo pasar, dejo pasar y después se hace una bola de nieve increíble. Y termino viviendo problemas totalmente inverosímiles que me hacen preguntarme “¿por qué estoy en esta situación?, ¿cómo llegué a esto?” ¿Viste lo del efecto mariposa? Una modificación chiquitita al principio crea un caos al final. Por eso no es que todo lo que me pasa sea porque el perro nos meó la ruda. Me pasa porque soy un ganso.
- Siempre te das con un caño. Por ahí es un problema psicológico con nombre y apellido.
- Por ahí sí: esto debe tener un nombre, ¿no?... …¡Dale boludo, avanzá, la puta que te parió! ¿¡Desde cuándo le dan registro a los negros!?...

16 comentarios:

Fogel dijo...

¡Espectacular! Que buen analista se perdió mi suegro, si usted se hubiera decidido por ese area de la ciencia, o del arte, porque no sé, no estoy muy seguro si no es la fase "artística analítica" la que le surge así, de ese modo tan espontaneo, que casi lo convence a uno de que ha sido un pelotudo toda la vida. Me quito el peluquín ante este post. Una joya.
PD: Aplausos por el link.

Luc dijo...

En cuanto a la escritura, fluída, clara, atrayente, nada nuevo: 10. Pero lo que me interesa es lo otro.

Creo que no es una cuestión de respeto hacia al otro. Si se me permite la impertinencia, creo que es miedo a hacerse cargo de las propias decisiones. Creo que hay un poco de hipérbole en la descripción pero no está tan lejana de la realidad. Ahora bien, ¿por qué el protagonista de su relato no se auto-afirma? Tengo un par de hipótesis:

- Podría ser un tremendo miedo al error. Eso en una personalidad obsesiva y quizás también muy propensa al juicio sería una combinación terrible que resultaría en una suerte de apraxia. No con una finalidad de respeto por el otro sino para no hacerse cargo de la necesaria intervención que podría ser errónea o no tener el mejor final. Ahora bien, esto contrastado con los horribles resultados de la inacción llevarían a una mente racional a pensar en cambiar las cosas. Pero no es todo tan fácil en el mundo humano. Los psicólogos dicen que hay "goce".

- Este hipótesis es subsidiaria de la anterior. El "goce" del protagonista está dado en el dilatar la toma de decisiones. Mantener hasta el punto insostenible la postura de espectador. Obviamente este goce tiene que ser individualizado y resignificado para que no dañe más al individuo.

- Por último, podría ser que en la no asertividad del protagonista se encuentre el reflejo de una situación ya vivida en la infancia y que él repite. Al pequeño X no lo dejaban tomar decisiones, si decidía algo lo retaban. El pequeño X ya no tan pequeño empieza a descubrir que puede ocultarse en el intersticio de la no elección. Dejar que todo pase. Me recuerda la historia de la pequeña F. Algún día si ella me deja la contaré.

- Addenda, pensé que lo anterior era lo último pero se me ocurrió otra más. Quizás en su no decisión X no hace más que mantener al máximo el abanico de posibilidades. La no actualización de lo potencial se muestra como un refugio, no es que no sea capaz, tengo la respuesta exacta solo que no sé utilizarla. No sé actualizarla. Tal vez no sea eso, sino que sea la ausencia de respuesta exacta y la negación del sostenimiento de una más o menos potable en su lugar.

Bueno, este es mi aporte. Casi tan largo como el post, pero seguramente mucho menos fluido.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Cuando obtenga mi título en psicología ¿le gustaría ser mi consultor externo?

maria b dijo...

Dígale al protagonista que cuando se baje del "auto", tengo un par de analistas para recomendarle...

cacho de pan dijo...

qué buen amigo es el Luc!
tomándose el trabajo de analizar la situación y dándole consejos sabios...
yo, más paternalista, le diría:
¿por qué mierda no discute su existencia en otro lado? ¿O quiere reventarse con toda la familia contra un camión?
Me va amargar la vida, se lo juro.

Y sí, la asertividad es un camino posible. ¿Conoce, leyó, "Cuando digo que no me siento culpable"?

Walter L. Doti dijo...

Fogel: Gracias! Supongo que si emprendo el camino hacia la curación pasaré primero por la etapa en que pase por encima de todo el mundo. ¡Así que cuídese!

Luc: Gracias! A mí también lo que me interesa es lo otro. No coincido en que sea el miedo a hacerme cargo de las decisiones el tema principal. Aunque reconozco que puede ser también componente de esta personalidad endeble que tengo. Para mí la cosa pasa por la aceptación resignada de ser siempre el último orejón del tarro. Uno asume que es poca cosa y se queda con eso, después lo adapta y lo reinterpreta para que parezca otra cosa: por ejemplo, como uno no puede decir que no, se convence de que es porque es realmente macanudo. Y no, no es por eso. Es porque uno no puede hacerse valer.
Me encanta recibir comentarios como este. Se que no siempre se puede, pero me ponen muy feliz. Otra vez gracias.

Maria B: Por favor. No sabe la falta que me hacen. Con tal de que no sean psicoanalistas...

Cacho: Conozco, pero no leí, el libro que me menciona. ¿Valdrá la pena? Igual yo creo que, como dice María B (que se ha instalado cómodamente sobre Ud.) necesito un seguimiento personalizado. Más que nada para que no dejen que me saque la camisa de fuerza. Gracias por comentar!

Idea dijo...

El texto: genial y como lo respeto no se me ocurriría hacer psicoanálisis, si quiere un lugar en el diván, saque número y pague la consulta.

Walter L. Doti dijo...

Idea: ¿Dónde estaba? Se la extrañaba. La necesitamos urgentemente en Mar del Plata. Pero eso sí, tiene que venir toda junta. :)

Luc dijo...

¡Jajaja! (tenía que decirlo, por la rta. que le dio a Idea).

Walter L. Doti dijo...

Luc: Ja jaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Centro Islámico Marplatense dijo...

la verdad me haces reir mucho dentro de la tragedia de vivir asi, es un pena, que se yo, dale a eso de que hablabamos.
no creo que se trata del respeto al otro ( eso es tu fachada, en nombre que te gusta darle al problema), sino mas bien de asustarte a las consecuencias , para dewspues terminar peor, quizas tendrias que tener una especie de clik en tu cabeza: aca viene de vuelta y no hago nada, entonces lo pensas y despues la pudris, aunque salga mal... despues te iras moderando...
no se, suerte y apreta ese tema

Anónimo dijo...

Hace cuatro años hubiera puesto en mi las palabras de I.S.:

"Déjate convencer.
Ya habrá alguien que se haga cargo
de recoger las culpas de este pecado.
A donde iré, sin este abrazo.
No te puedes negar,
no sea que nuestro pasado nos llegué a atrapar.
Esta noche está en nuestras manos decir alguna verdad
que ya... que ya mentimos a diario."

En fin... ¡que dificil hacer lo que uno quiere!

Anónimo dijo...

Tenes razon walter, tu problema es que sos demaciado bueno, un buenudo.

Carolina dijo...

o demaciado boludo; un boluedo

Carolina dijo...

Upss! me olvidé de sonreir!

:)

Humanoide dijo...

Uy, tu texto me dio escalofríos. Palabra que te re entiendo. Y efecto mariposa, qué película, dios. Te re deja pensando. Desconocemos el alcance de todos nuestros actos. Más aún, desconocemos incluso el alcance de nuestros pensamientos.

Saludos, camarada.