lunes, 5 de enero de 2009

A TRAVÉS DEL AGUJERO EN LA POSTAL

Para EGO, que alguna vez me preguntó cómo era Mar del Plata
El punto de encuentro de la Corriente marina cálida de Brasil y la corriente fría de las Islas Malvinas otorga las condiciones perfectas para el emplazamiento de una ciudad, por donde se la mire, tibia. Mar del Plata es otra de acuerdo a que se vea de afuera hacia adentro que de adentro hacia fuera.
La postal es conocida: el edificio de un casino falsamente considerado el más grande del mundo, una franja costera kilométrica donde miles de sombrillas multicolores no dejan adivinar la arena, tres o cuatro construcciones de estilo normando, un par de pétreos lobos marinos mirándose entre sí. Pero lo que de lejos es homogéneo y terso, de cerca se muestra rugoso e imperfecto. A través del agujero en la panorámica la realidad puede ser monstruosa.
Que otros se jacten de vivir calles que nunca duermen: Mar del Plata exhibe el privilegio extraño de ser la ciudad que nunca despierta. Si la hubiera conocido, fácilmente Oscar Wilde podría haber escrito El fantasma de Canterville otorgando a los marplatenses las características que satirizara de los norteamericanos. Porque la nuestra es una ciudad carente de espíritu (aunque no, por cierto, a favor de otros valores como el pragmatismo). Su composición poblacional puede dar la clave, quizás: destino universalmente pensado para el retiro, Mar del Plata es ciudad de viejos, de planes de descanso, de rechazo sistemático de todo emprendimiento, de todo hacer, de toda evolución. Las pirámides poblacionales invertidas apuntan para abajo.
Las fotos se sacan los días en que el cielo está celeste porque ese color se vive como un evento. La pasión que tiñe y que hace a Río ser amarilla, o a París ser roja, en Mar del Plata genera grises plúmbeos; grises pesados que se te caen la cabeza, grises de muerte, grises tristes que duran diez meses.

Mar del Plata tiene el mar en el nombre pero no en el cuerpo. Quien aquí vive ha perdido el encanto de una playa en invierno. El romanticismo que inspira un cuadro así se oculta tras el detalle pedestre del frío y del viento, de la arena y el agua sucias. Y se desprecia el océano estival, tan siempre apretado de gentes y cosas. El marplatense es un ser urbano que ha perdido todo vínculo con lo natural y que no se ha adiestrado lo suficiente en lo urbano.

El mar se mira sólo como vía de escape hacia una dinámica mundana de la que alguna vez se ha oído hablar. Caminar por su costa irregular de piedras crudas y horizontes de verde espuma violenta, de sur a norte, anonada: trae la sensación de que todo está más allá, de que todo pasa más allá; en otras geografías que promete el cielo. Y el mar se vive como barrera, como impedimento. Por eso le damos la espalda al mar. Por eso lo odiamos.
El estilo es el hijo predilecto del espíritu. Por eso Mar del Plata carece de estilo, de elegancia. La gente y la ciudad hacen juego: son sobrecargadas, coloridas, desprolijas, pretenciosas hasta el mal gusto. Y en los pegajosos veranos, los visitantes encuentran en esta ciudad el sitio para expiar de un modo casi anónimo su costado desmesurado y artificial; su desalineada superficialidad.
Es cierto que la costumbre puede generar cierto tipo de querencia, pero esta ciudad no puede nunca provocar amor. Mar del Plata no enamora porque es simple y es plana; porque su trazado es regular y no hay en ella rincones ni espacios secretos, porque todo está a la vista y nada se esconde: no hay intrigas ni magias ocultas en Mar del Plata. Y lo que seduce es lo que no se deja ver.
En una ciudad de cotillón, todo es de cotillón: la educación, la idea de mejoramiento, la profesionalización. En Mar del Plata no se produce, porque para hacerlo es necesario tomarse las cosas en serio. Y aquí todo es artificial. Entonces la economía es una de tenderos; y la moral y las costumbres y la estética y las ideas y los proyectos y los desafíos y los objetivos son de tenderos. Mar del Plata no genera y espera parasitariamente las temporadas donde los que sí trabajaron y emprendieron vienen a olvidarse por un rato. Sonríen como vampiros cuando pueden quedarse con algún billete que la distracción o la torpeza de sus dueños ha dejado caer al suelo.
El marplatense se entiende por rasgos negativos. Tiene – propiamente - una no-identidad que, paradójicamente, lo define. Y defiende todas estas cosas que no es a través de un conservadorismo de una tradición imaginada o pretendida, pero nunca real. El marplatense es sus defectos y, de tanto repetirlos, los ha creído su virtud.
Sueño con un día despertar y ya no ser hijo de esta ciudad, con haberme sacado sus marcas de mi cuerpo. Sueño con que algún día Mar del Plata sea para mí una anécdota esporádica y no una pesadilla eterna.

21 comentarios:

Carolina dijo...

Que horror empezar la semana, casi el año, con semejante cachetada.

Dormiré hasta el 2100.

(Ayer casualmente estaba hablando de parte de este tema. Discutia con una persona acerca de como MdP no aprovecha el mar de ninguna forma. Elemento que ademas de darnos nombre resulta ser lo mas relevante que tenemos. Deberiamos comer pescado, hacer surf y deportes acuaticos, conocer el puerto, frecuentar la playa, saber nadar. Pero no!)

Misterios sin resolver.

Wake up! Make up!

Fede dijo...

No sé si Mar del Plata tiene tanto la culpa. A veces creo que me las rebuscaría para ser un paria en cualquier lado.

PD: Se olvidó de mencionar eso de:

"Las olas y el viento
y el frío del mar"

Seguramente Ego no conoce esa canción y le sería muy reveladora.

Luc dijo...

Así no la convencemos ni en pedo a Idea para que venga para acá

Luc dijo...

Ahora sí, yendo de lleno al post. No sé si es tan así. En principio apelaré a mi "objetividad" dado que yo no soy marplatense.
Esta ciudad tiene una chatura incomparable. Sobre todo en lo cultural. Pero no obstante, creo que tiene unas grandísimas posibilidades.

Por un lado no lo voy a negar, tenemos casi 10 meses de invierno, si nevara sería un excelente centro de culipatín, porque tampoco tenemos cumbres.

Pero no obstante, es una ciudad con muchas posibilidades. Creo que si se diversificara (es decir, empezara a pensar que la gente no sólo quiere playa, y menos aún en invierno) las cosas serían muy distintas.

La ciudad es realmente hermosa. Cuando uno la recorre por la costa y ve el mar (gris) en contraste con la costa verde. Ahí, la verdad como platense me emociono. O ¿qué hay de un amanecer en el Manolo de la costa o en Nautical? (últimamente veo muchos amaneceres)
O incluso ver la luna roja saliendo panzona del agua del mar.

En cuanto a los rincones, están, hay una parte cerca de la universidad en que las casas están en rotondas y la gente no recibe delivery. Hay una diagonalcita que hace de hipotenusa a las Av. Colón e Independiencia que tiene unos murales impresionantes.Hay una playa a la altura de Camet toda de caracoles. Hay un torreón mentiroso, un museo pedorro de josé hernández, pero algo real, el viejo estuvo ahí cuando escribió nuestra épica. Hay una estatua del Quijote que me asusta. Hay noches mágicas que no sé si están en otros lados.

En mi vida visité Montevideo, Rosario, San Juan, Mendoza, Córdoba, Bariloche, Buenos Aires y La Plata y la verdad la única que me hizo no desear volver a esta ciudad fue Mendoza.

Me enferma que haya tan poca inversión y oportunidades para lo cultural. Que no haya más que un bar de jazz. Que la ciudad sea propiedad de una sola persona. Que los teatros cierren por falta de público. Pero creo que eso marca el error de los marplatenses y no condena a la ciudad. Quizás, cuando la gente deje de venir gradualmente a nuestras playas de aguas gélidas a alguien se le caiga una idea y a otro se le ocurra apoyarlo económicamente.

Mientras tanto, me voy a la playa a sumergirme en el Atlántico!

Abrazo

•Miserable Fan• dijo...

Ciudad cotillón es un excelente adjetivo!

"Nos tocó vivir en un pueblito más,
alejado y con vista a la nada.
Aquí donde les cuento nunca hubo rock & roll
acá los pibes no sueñan con hadas
Algunos se conforman tomando en el bar
otros matan o son rutinarios
Y nadie los protege, y nadie les da más
jamás van a salir en los diarios

Ciudad Paranoia, Ciudad Paranoia
donde los tigres no huelen a tigre
dónde la gente anda en caballos blancos
sin galopar

Nos tocó vivir en un pueblito más
alejado y con vista a la nada
Donde Jorge la seduce a Mirta con su cross
y le ofrece una ficha a medias
Donde Ana duerme sola pero se viste bien
y no deja de estar a la moda
Aquí podés hacer tus cosas y podés hacerlas bien
como comprar la leche o la soda"

(Ciudad Paranoia)

Anónimo dijo...

No voy a sumar nada. No quiero sacar ni agregar nada a un post tan exacto. Lo felicito!.Sólo una cosa ,y esto va para el Sr. Luc y para el Sr. Fede: hablar de la ciudad y su gente es como hablar del cuerpo y el alma, dicotomias inexistentes que no eximen a nada ni a nadie.

Idea dijo...

mmm, mientras pienso a Anónimo me permite un apunte. Mar de Plata tiene la cualidad de ser como usted la describe y sin embargo allí están ellos, un tal Walter, un tal Fede, un tal Lucas, una tal Eugenia y una tal Carolina...vaya paradoja la de Mar del Plata.

¿No debería ser motivo de investigación?

Walter L. Doti dijo...

Caro:
Cuando niño leí un libro de la colección Robin Hood, llamado "Cuentos del año 2100". Un día caí en la cuenta de que nunca iba a llegar a constatar si sus predicciones eran ciertas.
Qué bueno que vos sí.
Lo que digo no es noticia. Pero sin embargo lo será cuando vuelvas de Europa.

Fede: Una vez Jorge Guinzburg reflexionó: "Siempre me pregunté qué hubiera sido de mi vida si en vez de a la Argentina, mis padres hubieran decidido emigrar a los Estados Unidos. Se me ocurrió que con las mismas capacidades hubiera sido guionista en Hollywood y hubiera tenido fama mundial. Pero después me di cuenta de que no: hubiera muerto en Vietnam."
No sabemos qué mundos posibles se podrían haber actualizado de haber nacido en otros lugares. Pero con una cuota de suerte similar, lo que aquí fueron intentos breves e inconducentes hubieran perfilado una carrera en una ciudad de verdad.

Luc: Cuando conozca París verá a qué me refiero con "rincones". :)

Miserable Fan: ¿Nos tocó vivir acá? Yo creo que nos tocó nacer acá. Seguir viviendo en Mar del Plata es falta de espíritu.

Anónimo: ¡Tiene razón!

Idea: Mmm... dos átomos de morondanga en correcta disposición generan el agua, indispensable para la vida. Cinco átomos de oro, cada uno por su lado, son incapaces de generar las condiciones de posibilidad de ningún fenómeno cualitativamente superior.
No son los componentes los que definen la cuestión sino su disposición conjunta.

Darth Tater dijo...

Diablos Walter, qué mala publicidad... ¿comió mal durante las fiestas o a qué viene tanto pesimismo? Anímese, hombre, al menos usted puede ver la Cruz del Sur desde MdP, cosa que ni Mr. Bush ni yo podemos hacer.

Daniel Rico dijo...

Me gusto el uso de la palabra "tendero", en lugar de almacenero, porque hay muchos almaceneros en esta ciudad y ningun se siente tendero, con lo que no se hieren suceptibilidades.

Otra caracteristica de mar del plata: depues del sorteo, los que unicos que se quejan son los que ganaron.

Saludos.

Walter L. Doti dijo...

Darth: ¡De regreso! ¡Qué bien! Pues es la pura verdad. O más que eso: MI pura verdad!

Danielo: De alguna manera tengo que demostrar que leí a Kant.
Ud. sigue pensando que yo gané, pero la verdad es que soy uno más de los perdedores: da igual errarle por uno que por treinta y siete.

Bits dijo...

Buen post. No creo tener nada bueno que aportar.

A mi me gusta que Mar del Plata sea gris, aunque no estoy segura de que siempre me haya gustado.

Se que no hay rincones, pero si vas por Urquiza a la altura de Castelli, Urquiza se corta y para cruzar hay que bajar y luego subir unas escaleritas pedorras de piedra que son mi lugar preferido =)

cacho de pan dijo...

Walter, aunque me avergüenza un poco decirlo en público, a veces lo adoro. Por su claridad sin concesiones, por su aventurera, arriesgada, manera de pensar.
A empezado, escorpiano al fin, con la misma leche que yo, aquí del otro lado.

Luc dijo...

Estimado y "valiente" Anónimo. No creo que en el alma. A su vez creo que una ciudad es algo más que su gente actual. Es la gente que estuvo antes y la gente que vendrá. Es lo que dejaron y lo que traerán.

En cuanto a vos, mi amigo Gualterio, ver para creer. Igual creo que no es parangonable una ciudad que si mal no recuerdo tiene poco más de 200 años con una que tiene más de 2000. Por el mismo argumento que le di al anónimo.

Saludos

Walter L. Doti dijo...

Bits: This is what I call a rincón!

Cacho: Graciela! (Ud. debe responder "De nADELA!")

Luc: Sí, por eso y por la planificación urbana y el sentido histórico-estético.
¡Qué raro verlo pasar en la respuesta de los comentarios!

cacho de pan dijo...

de Nadine!
perdone, pero soy un afrancesado de mierda...

Morocho dijo...

En sintesis
Mar del Plata y Argentina, la misma cosa.

Como bien dice Ud, la falta de espiritu es lo que ancla.

Y si se fuera de ahi?
Y si triunfara?
Y si tuviera que hacerce cargo del triunfo?
Que miedo no?

Jorge (el profe del veterano) dijo...

"lo que seduce es lo que no se puede ver" se contrapone a tu visión de la pornografía.

el sentimiento que manifestás en el artículo creo haberlo percibido en personas de otras ciudades turísticas de Argentina y de otros países.
la desorientación en cuanto a la identidad en una ciudad turística creo que puede ser producto de las distintas inquietudes y costumbres que traen los turistas, que alteran la vida cotidiana de los ciudadanos que vuelan a comer lo que tiran los turistas (cada vez menos); como las gaviotas con las lanchas amarillas (¿nunca las vistes en la playa? tendrías que ir, surgen muchas reflexiones; preguntale a R. Bach).
Condimento especial y sobresaliente también es la cantidad de inmigrantes de distinto origen que desembarcaron en nuestras costas (gallegos, asturianos, napolitanos, vascos, paraguayos, bolivianos, chilenos, turcos,etc. Solo hay que mirar cuantos centros de tal o cual región del mundo existen en nuestra ciudad)
Pienso que estamos en un tiempo de transición. Y cada transición lleva su crisis, en este caso una muy difícil, la de identidad.
Algunos nos vemos menos afectados; en mi caso adoro el mar (Hago surf, como pescado y se nadar, por lo que estoy adelantado a Carolina), me gusta que la ciudad esté creciendo (aunque muuuuy lentamente) en su relación con la cultura; brindo todos los domingos a la salud de los teatros y cines marplatenses que ya hace mas de 8 años están abriendo con funciones muy buenas casi todos los días del año.
En cuanto a la oferta educativa, no me parece mala; faltan estudios de posgrado, maestrías y doctorados, que hace que algunos debamos viajar o utilizar mucho Internet.
La oferta universitaria privada es un capítulo aparte, pero de la problemática educativa nacional.
Y el pensamiento unidimensional que posee gran parte de la población marplatense creo se corresponde con la situación nacional y su planificación cultural y educativa destinada a cocechar votos. Tenemos que modificarlo nosotros educando al que tengamos a mano, no podemos quedarnos quietos y esperar algo de alguien con su mano salvadora.
Te recomiendo viajar por el país, no es necesario ir muy lejos, acá nomás, por ejemplo Santa Clara o Vidal, o Gesell, y conviví con la gente del lugar; después releé tu artículo. Si salís de la Pcia de BsAS mejor.
Si vas fuera del país, tendrás que tener la precaución de compararnos con paises que estén en nuestro nivel, porque Paris queda lejos.


Creo que la ciudad es maravillosa y que abría que mirar dentro de uno mismo si el paisaje está y no lo miramos.
Seguro que hay muchas cosas que mejorar, pero hay muchas cosas excelentes que me identifican con el lugar.

Arriba los corazones!!!

Jorge (el profe del veterano) dijo...

Se que parís es una ciudad! Usted entenderá, me refería a lugares.

Aldous Lape dijo...

me gustó el post porque creo que expresa el sentimiento marplatense muy claramente sin embargo debo decirle que a mi me gusta el gris marplatense, sobre todo en invierno, es de un hermoso equilibrio en algunas cosas similar al budismo zen

hay que bancarse el ofri y el viento pero es parte de la naturaleza del lugar, cosa que en otros sitios no abunda

soy un porteño recién llegado... en unos años quizás le cuento otro cuento

Ego... dijo...

Dios!!!
No lo había leído. No he entrado en las vacaciones y no había tenido tiempo de ponerme al día.

Pensaba que esa tierra era más viva, menos gris.
Creo que algunos (pocos) quizá opinen que es un buen lugar para terminar sus días, para colgar las botas, como se suele decir.
Pero supongo que los que dicen eso nunca han vivido ahí.
Comprendo tus sentimientos porque en mi pueblo ocurre algo parecido, pueblo de pirámides invertidas, de tranquilidad inquietante y días laaaargos.
Un abrazo
Gracias por este post, aunque sienta que te puso un poco triste...