martes, 19 de mayo de 2009

DE LA NECESIDAD DEL MUNDO DE QUE UNO TENGA ENEMIGOS

Uno es educado para la concordia, para evitar los conflictos. Y cuando no lo es, se educa a sí mismo a través de la experiencia personal: después de un tiempo de confrontar con la gente se llega – mal que mal – a la conclusión de que no vale la pena perder energía en pleitos y contrapuntos.
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Esta puede ser la génesis de las posturas que se moldean a través de la aceptación de los lugares comunes de corrección política, el horno en el que se cocina la inautenticidad. Porque tomar una posición, decir en voz alta lo que uno realmente piensa y no lo que piensa el “uno” impersonal, implica muchas veces la contienda y la distancia. Y es difícil y agotador. Y entraña dar explicaciones, contrastar argumentos; obliga a una tensión que no encuentra en todos los espíritus la templanza requerida. Y así uno adapta su decir y su hacer a lo que es recibido con una sonrisa de beneplácito por las mayorías o por ciertas minorías consideradas poseedoras de un discurso distintivo e interesante, legitimado. Pero en rigor es tan inauténtico lo uno como lo otro; tan falso estar de acuerdo necesariamente con lo que todos están de acuerdo, como oponerse sistemáticamente a ciertas cosas parados en el pedestal de algunos principios o valores. No les creo a los que apoyan el concepto de estado-nación simplemente porque nadie se opondría a una idea tan popularizada, como tampoco a los que dicen no disfrutar de la televisión porque es un sistema de atontamiento de las masas. Les creo a los que entienden que la idea de estado tiene algunos límites muy claros para operar sobre una realidad cambiante; y les creo también a los que trabajan en la Universidad y cuando llegan te cuentan que la imitación de la presidenta en Showmatch fue realmente magistral. A los que espontáneamente dicen lo que piensan, lo que les pasa, sin importar la cara de rechazo que pueda poner el otro, sin especular respecto a la recepción que puede tener lo que dicen en los que tienen al lado.
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El precio a pagar por la comodidad de decir y hacer de acuerdo a lo contextualmente autorizado es el estancamiento y la incapacidad de evolucionar; la imposibilidad de patear el tablero, de rehacer el mundo, de crecer individual y socialmente. No se trata de oponerse, de tener postura crítica, de exigir “profundidades” o “complejizaciones”; no cuando todo esto surge de la repetición de clichés seguramente elegantes, pero no necesariamente genuinos en relación a lo que moviliza nuestras voluntades. Se trata de recuperar la naturalidad, la franqueza, porque este es el único modo en que pueden surgir las miradas personales que, por únicas, permitirán proyectar sobre el mundo perspectivas renovadas. De seguro plantarse y decir “aquí estoy yo” nos llevará a chocar contra otras formas de concebir la realidad, y surgirá la discusión, la oposición, la pelea y con ella la angustia del distanciamiento. Pero será el precio de crecer. Y el crecimiento es irrenunciable. Uno no se puede quedar esperando el avance ajeno: debe intentar promoverlo. Pero si él/los otros no están listos aún, no quedarse y esperar: el tiempo es poco, la vida es finita y negarse a hacer uso de los talentos es el pecado que está detrás de la frustración. .
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- ¡No! Por favor... ¡no saltes!
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- Tengo que hacerlo. No te puedo esperar.
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- Por favor... ¡nooo!
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- Tengo que hacerlo. Te voy a extrañar.
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(Se eleva y se pierde en el cielo)

7 comentarios:

Fede dijo...

1. También hay personas (no me incluyo)que no miran tele porque no les gusta. ¿O no? ¿No?

2. Galeano contaba que, según no sé qué tribu, los animales eran todos blancos al principio. Cuando se movieron por primera vez, tomaron el color de lo primero que tocaron. No hay que buscar enemigos; los enemigos vienen sólos: nada más hay que moverse un poco.

3. Sigo sin entender qué quiere decir "profundo".

4. Yo defiendo la complejidad. Afirmo que lo complejo, toda vez que puede accederse a él, tiende a producir más placer que lo simple. Y ya que hablamos del tema: me llamó su mujer y me dijo que está podrida del misionero.

5. Creo que la autenticidad, al igual que la sinceridad, tienen un límite. Uno no le dice a su mujer: "¡Qué culo tiene tu hermana!"

6. ¿Cuándo piensa cambiar el diseño?

Walter L. Doti dijo...

1. Claro que sí. Pero cuando TODOS dicen que no miran la tele en un aula de la facultad, la verdad yo desconfío.

2. No hay que buscarse enemigos. Hay que aceptar como natural el hecho de que uno los va a tener. No hay que buscarlos, pero tampoco hay que hacer nada para evitarlos.

3. Digamos "rebuscado". :)

4. Para mí la complejidad es un criterio absurdo. Mucha gente dice no escuchar a Calamaro porque tiene cuatro acordes... ¡qué ganas de mensurar!
Y ya sé que mi mujer está cansada del misionero... por eso ahora anda con el entrerriano. :P

5. ¡Porque no es el caso! Fuera de broma, si uno lo piensa, debería poder decirlo. Pero nuestra sociedad se basa en un montón de mentiras consentidas.

6. ¿No le gusta? A mí tampoco. La foto de la cabecera parece de un cementerio privado. En cuanto tenga un rato.

Gracias por la respuesta. Me encanta cuando el blog se pone interesante.

Fede dijo...

A mí también me gusta cuando se ponen interesantes. de hecho llevo un año tratando de que ocurra eso con el mío.

Fogel dijo...

Amigo Walter, no sé si mi participación pueda tornar interesante este post, pero si puedo decir que este post puede tornar interesante esta noche de turno laboral, por demás insípida y aburrida. NO quiero decir con esto que utilice ahora el espacio que usted tan amablemente nos brinda para expresarnos libremente, tan solo para matar el aburrimiento, que para eso ya se inventó la televisión, Tinelli incluido. Ahora digo:

1: No creo que el mundo necesite que uno tenga enemigos, a no ser que el mundo quiera acabar con uno, siento que más bien es Uno quien nesecita de amigos para acabar con el mundo, como le sucede a Roberto Carlos, o de enemigos que nos fortalezcan, como sucede con los virus y los gobiernos de turno, un enemigo a nuestra altura nos enoblece,(¿se escribe así?) tanto como la amistad con un idiota nos empareja con el mismo. Quizás hasta se podría decir que más hace por uno un enemigo que un amigo, de quién se puede esperar las mayores traiciones, algo que un enemigo está imposibilitado de hacer, por su condición propia( e implícita) de enemigo, amen de ser quien más nos incita a superarnos, por amor propio y porque sino nos pasa por encima, literalmente. La selección natural de la raza humana la hacen nuestros enemigos, y nosotros participamos encubiertamente en la selección de otros tantos infelices que por vestirse de manera más casual, o por pertenecer a otra tribu o extracto social, es blanco de nuestra enemistad, o al menos objetivo a superar, si pretendemos que la mujer que elejimos nos vea como algo de su interes, o que compre algo que pretendemos venderle,(para nuestro propio beneficio)sin importarnos cuanto daño económico o moral podamos ocacionar.

2) Somos, según dogmas antiquisimos y movimientos para culturales de la actualidad, nosotros mismos nuestros peores enemigos. De tener en cuenta esta afirmación, el amor propio no es más que otra demostración de cuanto le debemos a la "enemistad" en si misma, pues debemos a este "amor" casi toda iniciativa de mejorar como seres humanos e individuos fundamentalmente sociales. Saludemos pues cada mañana al levantarnos a ese enemigo que se levanta con nosotros y nos acompaña durante el todo el día, para ejercitarnos y mantener nuestra atención en un solo objetivo: superarnos o perecer.

3) Y digo "perecer", y cito a "La muerte", nuestro Nemesis, nuestro principal enemigo, el más ruin y desalmado de todos, contra uien con más fervor luchamos y el que despierta nuestras más fabulosas fantasias de superación, si pudieramos vencerlo...si pudieramos lograr que no nos derrote finalmente, como siempre sucede, pero: ¿No es acaso la muerte, este enemigo último e invencible, el que nos hace más humanos y le da sentido a la lucha por mejorar, por alcanzar cierto estadio "ideal", un dejo de honorabilidad en los actos, un limite también, por que no, a nuestra propia capacidad de hacernos daño? ¿No es la muerte, ese enemigo acérrimo y trasfigurado, el que nos regala este espacio acotado de tiempo, para que hagamos con él lo que nos plazca, sin temor a tener que cargar sobre nuestras espaldas los errores que podamos cometer, ya que no estarémos aquí para llorar por ellos?

4)Los errores. ¿No es verdad que se aprende más de nuestros errores? Y si es así, ¿no sería mejor ir por la vida equivocandose, y tomando debida nota de ello, por supuesto, y no evitandolos, como si de otra clase de "enemigos" se tratase? ¿No es más util y sincero el amigo que nos señala un error, que aquel que nos aplaude un acierto? ¿Y qué tiene que ver esto con la nesecidad del mundo de que tengamos enemigos? No lo sé. En verdad no tengo idea de como llegue hasta este punto ni de como salir sin dejar tras de mi una orda de personas indignadas que exigen se me linche sin mayores consideraciones, enemigos al fin, que hacen de mis dias un ir y venir de emociones y entretenimientos varios, igual que la televisión, vea, pero sin Tinelli incluido.

Un abrazo de enemigo

Fogel dijo...

PD: La sociedad debería tener su "día del enemigo", y ser declarado enemigo público numero uno de la sociedad, debería ser un alto honor a aspirar.
Algunos pocos lo logran...

Ahora sí, cordialmente suyo...Gustavo Fogel

cacho de pan dijo...

ustedes están muy habladores y yo estoy cargado de historias por hacer...lo siento, walter, esta vez no me engancho, a pesar de que el tema tiene lo suyo.
Una sola cosa: esto de los demás como posibles enemigos, no será algo que se cuece por allí y en ciertas esferas?
No pienso en esas cosas...será que no tengo grandes enemigos?

Idea dijo...

Tanto bla, bla bla para confesar que le gusta Tinelli y que no se pierde ni un solo capítulo de Gran Cuñado, el retrato mejor calculado de la realidad política argentina.
¿Cuáles son los lugares comunes de corrección política?
Interesante - como siempre – aunque no revolucionario: “miradas personales que, por únicas, permitirán proyectar sobre el mundo perspectivas renovadas.”
Un beso grande.