domingo, 17 de mayo de 2009

EL HOMBRE QUE VENDIÓ SU SOMBRA

Cada vez que alguien lea La maravillosa historia de Peter Schlemihl de Adelbert Von Chamisso, este personaje zanquilargo, torpe y que parece perezoso por su desidia será tentado por el diablo con una serie de objetos prodigiosos para entregárselos a cambio de su sombra:

La primera opción es la auténtica mandrágora, una planta que sirve para encontrar tesoros y curar enfermedades. La segunda, la hierba de Glauco que hace saltar las cerraduras y abre así todas las puertas. En tercer lugar, el tenebroso lo tentará con los cinco céntimos del judío, que son monedas de cobre que cada vez que se cambian traen con ellas una moneda de oro. Luego sacará el diablo la moneda robada, que arrastra para su poseedor cada moneda que toca. Y lo seducirá también con el tapete de Rolando - un mantel sobre el que aparecen todos los alimentos que se desean - y con el genio embotellado que hace todo lo que se le pida. Peter, sin embargo, eligirá siempre la última de las opciones: el sombrerito y la bolsa de los deseos de Fortunato: del primero podrá sacar cuanto objeto necesite y de la bolsita brotará dinero infinitamente.
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Pero el héroe pronto descubrirá cuán difícil es ocupar un lugar a la luz para alguien que ha entregado su sombra; y vivirá la condena de su ambición. . .
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¿Qué objeto mágico creen que valdría el precio de sus sombras?

7 comentarios:

cacho de pan dijo...

Si te lo dijera es probable que te censuraran la página...

Walter L. Doti dijo...

Yo vendería mi sombra por el precio de algún dispositivo mágico que me hiciera recibir más de 10 comentarios en el blog :(

Pero creo que es imposible...


El que no llora, no mama!

Fede dijo...

Yo la cambiaría por la piedra... filosofal, no?

Luc dijo...

Se me ocurren varias cosas, pero todas me parecen insatisfactorias:

1. Una estadía con mis 50 huríes en el paraíso coránico.

2. La flor de la inmortalidad de Gilgamesh.

3. Una charla sin tiempo con la cabeza de Mimir que sabe todas las respuestas.

4. Escuchar un par de cuentos de Sherezade por ella misma.

5. La máquina del tiempo para ir a un recital de Pink Floyd o Led Zeppelin en su esplendor.

6. Poder detener el mundo un ratito como en la película Momo.

No sé, la verdad me sigo quedando con mi sombra. Quizá ella me asegure que aún yo no soy sólo una sombra.

Abrazo

Morgenrot dijo...

¡ Ay , Walter ! , que este es uno de mis libros favoritos.

La sombra no tiene precio, te recuerdo algunos párrafos de la carta que que un día escribiera el autor , y alter ego Adelbert von Chamisso, ya en el ocaso de su vida:


" La sombra, quisiera preguntar, qué es eso,
tal como tantas veces a mí me preguntaron,
y cómo es que este mundo tan bellaco
no deja de tenerle súblime estimación.
Han amanecido diecinuevemil días sobre nuestras cabezas
trayéndonos sabiduría,
y nosotros, que hemos dado ser a las sombras,
vemos hoy a los seres como sombras desfigurarse.


Berlín, agosto de 1834. "

Saludos con la alegría de haber encontrado un seguidos de mi querido peter Schlemihl

Luzdeana dijo...

Siendo Luz, no podría prescindir de mi sombra sin dejar de existir.
Pero tengo momentos en que lo pensaría, si me ofrecieran un "lápiz anti clichés", que sólo escribiera frases que nunca antes se le ocurrieron a alguien.

Walter L. Doti dijo...

Cacho: De seguro! Mejor no lo diga :)

Fede: ¡Qué comentario drogón, che!

Luc: En el punto 5., no habrá dicho "su" para referirse a mi esplendor, ¿no?

Morgenrot: ¡estoy fascinado con esta nouvelle!

Luzdeana: ¡Mi reino por ese làpiz!