domingo, 24 de mayo de 2009

LOS HOMBRES DE ACCIÓN (2)

La razón crea monstruos. Seres deformes que operan sobre mundos reflejados como en espejos de feria. Allí donde el hombre práctico halla una relación directa con su entorno (advierte un problema, actúa sobre él, lo resuelve), el teórico agrega una instancia eliminable: mediatiza el acceso a la materialidad fáctica a través de su representación simbólica. Y luego juega a perfeccionar los vínculos y relaciones de esa combinación de símbolos.
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Sucede entonces que lo que es un mero medio para acceder a lo material (lo único que existe) se comprende como una finalidad en sí mismo. Allí está la monstruosidad. Hombres dedicados al refinamiento de símbolos que no sirven para acceder al mundo. Que son pagados para permanecer en ese encierro antinatural. Que reciben incluso prestigio social por su faena extraña: el mundo académico, las universidades, la filosofía, las letras. Los ojos de la mirada contemplativa y quieta detrás de lentes de marco negro. Es interesante apuntar el aporte heideggeriano a la cuestión cuando tematiza la importancia de los útiles, del ser-a-la-mano. Los útiles, con los que se opera sobre el mundo, no son un agregado a lo que somos en cada caso. Son un existenciario, son nosotros.

3 comentarios:

Fede dijo...

La razón, la inteligencia, el conocimiento e, incluso, la fe religiosa, son herramientas y toda herramienta apunta a un fin. Poner el deseo a su servicio es como poner la carreta a tirar del caballo. Hay quienes compran vasos porque tienen vino y hay quienes compran vino porque tienen vasos.

Alguien podrá quejarse diciendo que encuentra placer en el conocimiento en sí mismo. Pues bien: yo le diré que el fin de su conocer es el placer que le brinda o la expectativa de un placer o utilidad futura y no el conocimiento en si.

Incluso, llamamos útil a todo aquello que, al fin de cuentas, nos provee de placer. El único fin en sí mismo, es por ende, el placer.

PD: Este comentario me gustó mucho, así que ahora mismo (sin demora alguna), lo voy a transformar en un post, sin importar lo irracional que pueda resultar decir dos veces lo mismo.

Walter L. Doti dijo...

Fede: ¿Decir dos veces lo mismo? ¡Qué disparate!

Buen comment

Aldous Lape dijo...

dos veces lo mismo
dos veces lo mismo