sábado, 20 de junio de 2009

ANTROPOLOGÍA PRÁCTICA

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La piel engaña. Definitivamente. Para saber lo que es un humano habría más bien que meterle una mano por la boca, bien adentro, y sacar todos sus órganos para afuera, como quien da vuelta un guante. Así daríamos con su realidad más elemental y se vendrían abajo todas esas especulaciones sin sentido que quieren ver oro donde hay mierda.
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Se haría evidente que somos poco más que una serie de bolsas que reciben, procesan, absorben y eliminan compuestos orgánicos. Podríamos entender los dientes como lo que son: no las unidades de una sonrisa, sino espantosas trituradoras óseas. ¿Sabés dónde se ve claro esto que te digo? En las fluoroscopías de la deglución. ¿Nunca viste una fluoroscopía de un tipo comiendo? Ahí se ve la verdad del asunto. Ahí se ve lo que es una persona más allá de toda interpretación. Te das cuenta que lo que se ve a simple vista es un accidente de una funcionalidad esencial de la que todo lo demás depende. No sé si te lo pusiste pensar así alguna vez, pero un ser humano es básicamente su tronco y su cabeza; eso sólo. Las piernas y los brazos le ayudan a ese tronco a moverse de acá para allá para ir a buscar los aminoácidos de otros seres vivos y renovar y reparar los propios. Y ni siquiera la cabeza se diría que es lo fundamental. Si te ponés a analizar, la cabeza sería como la computadora central que provee de energía y coordina lo que pasa dentro de ese recipiente. Pero el juego está ahí. La pregunta es para qué, ¿no? Todos esos procesos sirven a una cosa que está todavía más atrás: los genes.
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En el hombre al revés que te hago imaginar se podría ver una pista también de eso: verías los nervios atravesándolo todo, enervando las vísceras para que ese conglomerado pasajero de materia orgánica se dé cuenta de sí mismo. Y por sobre todo, concentrándose con millones de puntas en ciertas zonas para provocar esa presión que nos hace excitar y querer dirigirnos hacia otros que nos brinden un medio fluido para frotar algunos órganos que expulsan nuestra simiente. Los genes así tienen la posibilidad de salirse por un rato de esas cápsulas que los protegen y de encontrarse con otros iguales para combinarse y fabricar otras máquinas replicadoras igual de absurdas, igual de feas.
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¿Entendiste? Ya te digo, no hay que dejarse engañar por la piel. La piel tapa todo el estofado. Ahora, andá, querés, andá. Andá y matá a ese nene de una vez.

6 comentarios:

vfedor dijo...

de ahí que la profundidad, está en la piel ???

Luzdeana dijo...

Y bueno, yo que vengo de leer cómo hacer prosa poética, esto es como que me equilibra, me deposita las extremidades inferiores sobre el suelo del ecosistema en el que todavía sobrevivo exitosamente como organismo pensante...

Anónimo dijo...

¿el de foto será el cadáver de Pedemonti?

Fede dijo...

Lo esencial es invisible a los Oshos

LA GORDA dijo...

¡Gerónimoooooo!
El que es un pionero en eso de dar vuelta la piel como un guante es el padre grassi, ese sí que mata nenes...

Aldous Lape dijo...

palabras espirituales !