viernes, 5 de junio de 2009

INVERSIÓN DE LAS INVERSIONES

Abogo por la desaparición de las humanidades, las artes y los deportes del ámbito de la tutela estatal. Considero que la existencia de una actividad puede estar bien justificada en el gusto de quienes la practican, pero no por ello está bien que se malgasten fondos públicos para perpetuar lo que en definitiva son hobbies personales. Y no lo digo con resentimiento.
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Es probable que si a mí se me ofreciese un cargo en la Universidad o alguien cometiera la locura de darme una beca, aceptaría sin dilaciones y de algún modo, aprovecharía esa ventaja. Pero en el fondo no dejaría de pensar (por mucho que pudiera decir de la boca para afuera) que me estoy llevando un dinero inmerecido.
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Todos los que asumen una postura de "pensantes" de la sociedad, los que se atribuyen la misión del contralor reflexivo de los procesos sociales, se oponen resueltamente a que se malgaste dinero en esto o en aquello porque reconocen que hay mucha gente necesitada de cuestiones primordiales ligadas a la supervivencia. Sin embargo, cuando alguien propone que sean los fondos que a ellos llegan los que se utilicen para la redistribución, levantan inmediatamente la lastimera bandera de la cultura y el humanitarismo, así como los oligarcas estancieros hablaban desde un yate en Niza del sacrificio del hombre de campo que se levanta todos los días a las seis de la mañana pensando en el bien que le hace a la patria.
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Ahora bien, si las arcas del Estado están rebosantes, si las necesidades reales de la gente están cubiertas, el Estado puede comenzar a pensar en invertir ese dinero en proyectos culturales o deportivos, pero teniendo en cuenta el aspecto de la pertinencia social real de los mismos (aspecto que no pasa de ser un requisito puramente formal y completado meramente para cumplir con un formulario).
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De esta manera, el antiacademicismo es una retribución justa para quienes tenemos (o alguna vez tuvimos) la pueril pretensión de que alguien nos subvencione nuestro refinado - aunque esteril - onanismo intelectual. Privadamente, que cada cual haga lo que quiera.

8 comentarios:

Fede dijo...

Sin duda, debería existir una orden de prioridades para el gasto público. Toda vez que se habla de una beca estatal para la selección nacional de Lacrosse, uno se pregunta: ¿No sería más sensato abastecer primero los hospitales públicos?

Pero detrás de eso hay una trampa: la certeza de que siempre hay algo más importante que hacer, suele ser la excusa perfecta de los estadistas que no quieren o no pueden cumplir adecuadamente su función.

Así, no hay plata para la filarmónica porque necesitamos más plata la facultad, no hay plata para la facultad porque necesitamos plata para en CONICET, no hay plata para el CONICET, etcétera.

Creo la responsabilidad del buen ciudadano es reclamar desde la honesta convicción de que se reclama coherentemente. Y la del buen estadista, saber decir que no, hacer posibles lo sí y determinar prioridades.

PD: El comentario me quedó demasiado prolijito: debe esconder alguna idea demasiado burguesa o una falacia (espero que sea lo segundo)

Javiera Miraglia dijo...

Digo,para eso están los cajoncitos.Y cada quién se sube al cajoncito que le parece,y se baja cuando le deja de parecer.¿Quien es Juez? ¿El que muere ( ¿muere?)de hambre tiene derecho porque donde hay una necesidad...?Por eso no me dedico a distribuir bienes, ni me dedico a votar a los que los distribuyen.¿Quién mide la necesidad? acaso alguna vez preferí entender ( educarme,saber, culturizarme) y dejar de ser la víctima que un plato simpre lleno techado de lujo. ¿Cuanto cuesta la libertad? No sé si hablabas entre medio de un problema de conciencia...en todo caso todos deberían tener un problema de conciencia...creo que la necesidad de todos estarìa entonces satisfecha.Lo siento me metí porque me interesò lo que escribiste,creo que las conciencias individuales están mas allá de la conciencia social, aunque paradójicamente, son hija y madre , la misma cosa y lo opuesto.Perdón, prometo no colgarme mas en estas alturas.Me mareo.Suerte.

Lutsek dijo...

Excelente el argumento de la "pendiente resbaladiza" expuesto por Fede.

Dante B. dijo...

allá usted, Walter...
excede mis posibilidades de interés, me cae demasiado lejos.
Nadie me subvenciona nada.

H dijo...

Yo digo que a los intelectuales deberían sacarnos las becas y con eso construir más estadios de fútbol.

Fogel dijo...

Gandhi dijo alguna vez: "Somos un pais demasiado pobre como para darnos el lujo de no invertir en la cultura de nuestro pueblo", y yo creo, modestamente, que la mano pasa un poco por ahí. No hablemos de becas para una persona en especial, que pueda o no merecerla, pero si pensamos en la distribucion del dinero del estado (el nuestro) en gral, priorizar en salud y vivienda no es de menor valor que educación e investigación. Eso sí, lamentablemente, en lo del arte estoy en total acuerdo, cada uno debería pelearla como pueda sin pretender que los demás le banquemos las veleidades artisticas con el sudor de nustra frente.

UN APLAUSO

Lutsek dijo...

Insisto en que el argumento de Fede suele llevar el término técnico de "pendiente resbaladiza" y está excelentemente expuesto. Ahora bien, si no elige argumentar no es mi problema.
Pero si lo ayuda un poco le pregunto: ¿en qué habría que invertir? ¿está bien pagar un acelerador de hadrones de millones de euros para buscar el bosón de Higgs si no lo encuentran? ¿está bien solventar una exploración a la Antártida para analizar la diferencia cromática de los líquenes en la zona?
Coincido en que es injusto que no se cubran necesidades primordiales, pero el dinero alcanza más que para eso. Disiento en que sea un hobbie las humanidades y las artes dado que de ella se siguen dos partes muy importantes de la vida: la práctica cotidiana comunicativa a la cual las ciencias duras no aportan casi nada y la parte recreativa, expresiva, catártica y ornamental de las artes.
Mire su ropa, sus libros, su casa, las mochilas de sus hijos, todo eso fue diseñado por artistas o robado a artistas.
Piense en las palabras con las que va a replicar y una gran mayoría fueron mentadas por filósofos. La palabra condiciona el pensamiento. Lo remito a Orwell y la neolengua. Si achicás el lenguaje acortás el pensamiento. Supongamos que la filosofía fuera una perorata, aún así en su carácter de eterno constructor de nuevos significados y neologismos aporta al pensamiento de la humanidad.
Quizá su rechazo por las humanidades y el arte lo está cegando de la argumentación (quizá porque es demasiado filosófica). En ese caso no puedo continuar este diálogo.

Saludos

Walter L. Doti dijo...

Es verdad. Es demasiado filosófico el asunto. Me agota. Mucha energía perdida en nada. Lo dejo ahí. ¡Ganaste! :)