martes, 11 de agosto de 2009

PROMOCIÓN 1979

Cuando me descubro riéndome solo por algo que pasó hace un rato, me río de mi propia risa pero ya en voz alta, como para hacerme ver a mí mismo que me di cuenta de ese acto inconsciente. Como en el pasillo de la casa de Carlitos Espósito, dejando atrás el quilombo del comedor, sonriendo por el recuerdo de esa anécdota con la de química. Igual, sin tanta cerveza yo no sé si me hubiera reído tanto: las anécdotas del secundario causan gracia solamente en las reuniones de egresados como esta y después de tomar mucho. Y ni siquiera en las solitarias excursiones al baño uno deja de reírse.
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Y ahí estaba yo, tanteando la perilla de la luz y con la otra mano ya en la bragueta, con la expresión boluda de un Budita alegre. El baño dice mucho de la gente de la casa. Este era prolijito y limpio, como Espósito. Como Espósito ahora, que es abogado. ¡El tipo más quilombero de la escuela, abogado! ¡Increíble! Pero también había algo sospechoso, no sé qué, algo raro. Por ahí ese potus, tan abrazado al toallero. O esos cobertores de sanitarios tan peludos, tan celestes. O esa ventana tan enorme para un baño y tan ahí en el medio. Me daba miedo por sí misma esa ventana: no podía estar ahí. Pero más miedo me dio cuando se asomó ese viejo. Él también se asustó, me parece. Y se acercó para verme con la misma curiosidad con que yo, de forma grosera y muy rara en mí, me le arrimé para mirarlo en detalle. Es que me causó una impresión repelente. No era viejo del todo, pero había perdido mucho pelo, y lo poco que le quedaba estaba grasoso y con unas pocas canas. Tenía unas arruguitas alrededor de los ojos que retenían toda la atención de la vista, no sé por qué, porque eran mínimas; pero era como que decían que el tipo estaba entrando en un tobogán hacia la muerte, que no tenía salida. Fue un segundo, pero pude ver todo eso. Hasta sus manos adultas que también se cerraron dos o tres veces mientras yo apretaba a la vez las mías como poniéndome en su lugar despreciable desde el gesto. Cuando volví del embrujo me eché hacia atrás aterrado y él reaccionó de la misma manera. Me apuré para abrir la puerta y salir de ahí volando; y entre mis maniobras torpes y rápidas como el latido de mi corazón, pude ver de refilón como también el viejo tanteaba la manija de la puerta con una expresión de susto calcada a la mía. Antes de salir, el asombro por ese momento tan raro me llevó a clavar mis ojos una vez más en su rostro derrotado, pero no pude aguantar la angustia que me daba verlo. Nos sacamos la mirada de encima violentamente y al mismo tiempo en una coreografía impensada. Lo vi escaparse como yo me escapé, pero no me importó entender por qué no apareció en el pasillo.
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Volví lo más rápido que me dieron las piernas para el lado del ruido, haciendo fuerza para olvidarme la sensación de pensar que yo podría llegar a ser como ese hombre alguna vez, rezando para recuperar el ánimo y seguir contando anécdotas y divirtiéndome con mi ex compañeros. Porque al fin y al cabo no todos los días se festejan treinta años de egresados. .

7 comentarios:

Lutsek dijo...

Excelente. Muy bien resueltos todos y cada uno de los problemas iniciales. Se filtraron un par de erratas bobas un acento que falta, un "mi" por "mis". Nada importante.
Otro ejemplo de calidad literaria, de arte de un artesano de la palabra.
Para contrariarlo me permitiré decirle que no hay nada de usina en sus ideas, hay mucho de esteca, de amasar, de cocer y de pintar.
Brindo con lágrimas insomnes por la mano manchada de arcilla literaria que moldeó a ese pobre viejo que todos somos, seremos o fuimos.

Abrazo

Fede dijo...

"Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres"

Heresiarca uqbariano.

Antígona dijo...

El paso del tiempo hace estragos, y está visto que el alcohol también.

Pero ¿quién quiere reconocerse en las huellas de su constante caminar hacia la muerte?

Día a día nos engañamos, creyendo que somos inmortales desde el interior de nuestras conciencias. Hasta que nos miramos de verdad, sin subterfugios, en el espejo.

Muy bueno el relato.

Anónimo dijo...

Fue una joda mía. Te lo iba a decir y se me pasó. No soy abogado tampoco .
Detrás del vidrio símil espejo estaba un flaco de la Escuela de Circo.

Te dejo : Tengo que limpiar el reguero que me dejaste.

"Dr" Espósito .

Pda: Media hora después que te fuiste, el que tuvo que ir de apuro al baño fue Ridolfi...

Todavía no salió.Sólo escuchamos un estampido.

Daniel Rico dijo...

No se porque le puso el tipo ese tonto nombre de MEME, pero viendo la onda expansiva de la cita de borges sobre los reflejos y los alumbramientos no puede dejar de darte la razon en tus explicaciones sobre lucha por la vida de las ideas.

Me gusto mucho tu relato, en japon venden unos espejos buenisimos que en realidad son una pantalla plana con una camara: en tiempo real toma tu imagen y la edita para que te veas mas joven o incluso siendo otro.

Aldous Lape dijo...

y si hiciese algo asi en chesterton ?

http://jrod.com.ar/charlas-sobre-pensamiento/#more-433

saludos

Connie dijo...

wow el año en ke yo naci!!! buenisima foto!
besos desde mar del plata!!!