jueves, 29 de enero de 2009

CONSIDERACIONES INTEMPESTIVAS ACERCA DE LA INTELIGENCIA

Dejando de lado la ampliación conceptual que la inteligencia ha tenido en los últimos 30 años hacia los aspectos de lo emocional – corrimiento a mi juicio perfectamente atendible porque convierte a ésta en una capacidad integral – lo cierto es que los aspectos lógico-matemáticos de esta facultad son los que popular e institucionalmente son considerados determinantes como criterios objetivos de evaluación general de las potencialidades cognitivas personales.
Así como el tiempo se define como aquello que miden los relojes, si se pregunta qué es la inteligencia la respuesta vendrá por los resultados que arrojan ciertos test legitimados a tal efecto. Una serie de ítems (preguntas o ejercicios) pondrán a prueba la capacidad de procesar lógicamente la información adquirida y aplicarla a situaciones novedosas. Básicamente, el recurso común a todos estos modelos es presentar ciertos datos de modo que las relaciones que guardan entre sí no resulten evidentes de suyo. Así, el operador deberá barajar y seleccionar entre una serie de hipótesis que intenten brindar una resolución eficiente del caso, considerándose que ha conseguido un desempeño exitoso si es que ha podido dar con la relación que el creador del ejercicio pretendió ocultar. La rapidez de la maniobra será otra variable mensurable que se proyectará directamente en la evaluación de la prueba.
Ahora bien, en mi opinión hay un aspecto que en estas mediciones no es tenido en cuenta y que podría ser crucial para la determinación del grado de inteligencia de un individuo (claro que de ser atendido comportaría, seguramente, una redefinición del concepto). Se trata de la capacidad de establecer hipótesis para ser sometidas a prueba.
El hecho de que una determinada conjetura resulte coincidente con aquella relación en la que el creador del ítem haya pensado se explica mejor como una casualidad o como el fruto de un ejercicio reiterado de ensayos y errores en relación a pruebas normalizadas que como un gesto de brillantez. Pues a priori ninguna hipótesis es más atinada que otra.
V. g., dada una serie cualquiera, a saber, “1, 2, 3…”, si se nos solicita que completemos el espacio siguiente podremos conjeturar que la pretensión implícita es que coloquemos el número 4 y, de modo casi seguro comprobaremos que hemos comprendido la relación que unía al primer elemento con el segundo y al segundo con el tercero. Sin embargo, bien podría suceder que la relación oculta fuese más compleja y que se buscase que notáramos que el 2 representa el doble de su antecesor (100% mayor), al tiempo que el 3 es tan sólo un 50% superior al número antepuesto (2). Con ello, es presumible que después del 3 debería colocarse un 3,75, cifra que representa un incremento del 25% respecto a 2. Así satisfaríamos la serie proporcionalmente decreciente de aumentos entre los elementos involucrados: 100%, 50%, 25%.
Como decíamos, con independencia del contraste con los resultados preestablecidos, ninguna hipótesis plausible tiene preeminencia por sobre otra. De hecho, aunque en el ejemplo la solución por vía de aumentos correspondientemente descendentes parece ser más elaborada, hay un alto grado de posibilidades de que la respuesta a la que obliga sea considerada errónea en un test de inteligencia. Pareciera entonces que no hay una relación estricta entre la resolución “correcta” de los ejercicios de un examen objetivo y la capacidad que funda tal desempeño.
Propondremos, en cambio, otro criterio que bien podría determinar un nuevo concepto de inteligencia y el diseño de nuevos métodos proyectivos: el grado de desempeño en este aspecto debería fundarse en la capacidad para formular hipótesis varias que den cuenta de modo plausible de las relaciones entre componentes aparentemente inconexos. Será más inteligente quien más conjeturas lógicamente estimables pueda establecer respecto a la resolución de un problema.
Una de las ventajas de esta tesis radica en que elimina el componente mecánico de la resolución de tests - rasgo que parece ser útil para diferenciar, por ejemplo, máquinas de hombres – pues la formulación de hipótesis respecto a situaciones inéditas no puede repetirse memorísticamente, ni aprenderse extrapolando modelos de solución utilizados anteriormente (cosa que sí parece dable bajo la concepción vigente, donde los miembros de las sociedades que reúnen a individuos que obtienen resultados superlativos en las pruebas de desempeño cognitivo se “entrenan” constantemente para mantener y superar los resultados conseguidos anteriormente. Esto podría explicar, incluso, el curioso fenómeno denominado Efecto Flynn, sin recurrir al expediente de considerar aspectos como la nutrición, la composición familiar, etc.). Por otra parte, integra de modo elegante al concepto de inteligencia las características de la creatividad y de la imaginación, que muchas veces parecen desvinculadas o ajenas, pero que se reconocen intuitivamente como relacionadas a las personas que no dudaríamos en calificar de inteligentes.

miércoles, 21 de enero de 2009

EL QUE SE FUE A SEVILLA...

Lo fieles seguidores de este blog recordarán aquel video aquí posteado en que un hombre llamado Matt nos conmovía con el simple pero significativo acto de bailar. (ver link)
Pues bien, tanta sabiduría tiene su precio. El ying y el yang.

martes, 20 de enero de 2009

AUTO-ANÁLISIS

- ¡Es que son cosas que no puedo resolver! No es que sea desbolado, no es que no sepa qué es lo que tengo que hacer. Pero no puedo. Hay cosas que no las puedo hacer. No sé bien por qué. No sé, en serio. No entiendo. Ponele: con este asunto de las boletas y de ARBA, yo hace rato que le vengo diciendo al contador que cómo hay que solucionar el tema, que a ver si terminamos de una buena vez con los bimestres atrasados y toda la bola. Pero cuando voy, el tipo me dice que sí, que tiene todo controlado, que lo va a tener listo para dentro de dos días. Y después paso a los dos días y resulta que me dice que no pudo, que ya está listo, pero le pedís y no te da nada. Y yo, como es el contador, no me da para reclamarle nada y me quedo callado. ¡Pero después el quilombo lo tengo yo! ¿Entendés?¿Y sabés qué? Creo que eso es lo que me pasa con todo. Como que siempre tengo en claro qué es lo que hay que hacer pero no sé cómo hacer para que los demás lo lleven a cabo. Y entonces algo que es una boludez, que se soluciona fácil, termina desencadenando en un problema enorme porque yo no me puedo imponer. Y eso es lo que me estresa.
- ¡No me mires a mí! Mirá para adelante que vamos con los chicos.
- Está bien. ¿Pero entendés a lo que voy? Todo es así. No es ni casualidad, ni que esté maldito, ni nada. Todos, pero absolutamente todos los quilombos en los que me meto, responden a lo mismo. No puedo imponerme para que las cosas pasen como yo sé que tienen que pasar.
No se animó a pasar de golpe al camión que iba despacito adelante. Había bastante tráfico y esa había sido siempre una ruta peligrosa. Bajó la velocidad y mientras se cercioraba de que no viniera nadie por la otra mano, suspendió la charla. Su mujer lo escuchaba resignada y si no se dormía era por su eterno miedo a un accidente fatal. Morir en una ruta después de un fin de semana de descanso obligado por el médico, era suficientemente ridículo como para que pudiera pasar.
- ¿Viste que últimamente vengo diciendo que tengo que darme más bola a mí mismo? Es eso. Ese es el punto. Darme más bola a mí mismo. Pero cuando pasa algo donde tengo que tomar una decisión o hacer algo en concreto para solucionar la cuestión, me taro y veo cómo se va armando el quilombo como desde afuera, llorando porque nada va a suceder como yo sé que debería suceder.
- ¡Mirá para adelante, por favor! En serio.
- ¡Pero si no viene nadie! Y lo peor de todo es que me doy cuenta de que siempre me pasó así. Siempre. Mirá: diciendo esto me acuerdo de esa vez en “Luna Roja”, cuando fui con todos los rusos a la playa. ¿Te conté lo de “Luna Roja”?
- No sé.
- ¿Yo qué tendría? Ponele cinco años. Me agarraron ganas de hacer pis y como no estaban mis viejos no me animaba a decirle a nadie ¿entendés? Y me quedé ahí sentadito en una piedra sin hablar con nadie. Me puse blanco; no daba más. Y no dije nada. Cuando el papá de mi prima me vio ahí acurrucadito, llamó a mis viejos enseguida porque no tenía ni idea de qué corno me pasaba. Y recién cuando mis viejos aparecieron dije lo que me pasaba. ¡No sabés cómo me cagaron a pedos! “Sos un boludo!, ¿¡Cómo no vas a decir nada!?” Pero prefería morirme que tener que ser el protagonista de un quilombo. De hecho terminé con una fisura en la vejiga.
- Nunca me habías dicho nada.
- ¿No? ¿Y de lo de la pileta de olas?
- Eso sí.
- Se me acalambraron las dos piernas justo cuando anunciaban que empezaban las olas. Yo quería acercarme al borde para salir. ¡Y lo peor es que tenía al guardavida ahí, justito al lado! Pero no pude decir nada. Y te juro que me hundía; me ahogaba. Pero no le podía decir nada.
- ¿Y cómo saliste?
- Justo pasaba uno de los mellis con los que había ido y le pedí que me sacara. Estaba medio desmayado. El bañero me hizo masajes en las piernas y me cagó a pedos también. Era un pendejo él también y si se le ahogaba alguien lo iban a matar. No sabés cómo me puteó.
- Un boludo importante.
- ¡Terrible! Lo peor es que cuando me pasa con relación a otros, todos piensan que lo hago de egoísta, de garca. Pero fijate que ni ahí: me puedo estar muriendo yo mismo y no hago nada para remediarlo. Un poco que te convierte en un hijo de puta. Con el nene, por ejemplo. ¿Te acordás? Pasé de la alegría de ser papá a tener que llevarlo a un hospital en Buenos Aires porque se nos moría y cuando llegamos y nos dijeron que no había cama, me lamenté despacito, le agradecí al de la recepción y me di media vuelta como para irme. Si vos no hubieras armado el despelote que armaste por ahí no lo teníamos durmiendo acá atrás.
-Bueno, pero vos estabas nervioso. Era un momento terrible…
- … Pero para vos también era terrible. Y pudiste hacer lo que había que hacer. En cambio yo actué como un salame. Era obvio qué era lo que tenía que hacer, pero esa especie de respeto que me generan las otras personas es más fuerte. Más fuerte que el amor que le tengo al nene. Y fijate que todo responde a este modelo: todo. Nunca me había dado cuenta. Es como que prefiero al otro que a mí. Y para evitar esos momentos dejo que todo se resuelva solo. Y dependo de la suerte para que todo salga bien; porque si la cosa se complica, cagué. Es como que fuera en una lancha que se desvía y se desvía y yo tengo el volante ahí y algo me traba para dar el volantazo y dejo que avance y avance. Después si no choco y me hago pelota, joya; pero si no, me quedo viendo como se va todo al carajo y no puedo reaccionar. …En el negocio lo mismo. Dejo que todo el mundo haga lo que se le canta. Y no sólo los empleados. También me pasa con los clientes. Cada vez que alguno me pide un favor, rezo para que sea un tipo educado y ubicuo. Que no se zarpe. Pero en general se zarpan y no les puedo para el carro. No puedo. Acordate de la vieja esa que venía y rompía siempre las pelotas a todos. ¿Te acordás? Yo la odiaba, la hubiera matado. Pero la dejé, la dejé, y al final armó la puesta en escena esa, haciéndose la que tenía convulsiones. Decí que vino el abogado que le administraba la guita y nos explicó que siempre hacía cosas así para llamar la atención. Podríamos haber tenido un problema de aquellos.
- ¿Y la loca esa que iba al otro local?, ¿Alicia era?
- ¿Cuál?
- Esa que te terminó pidiendo guita y vos le diste.
- Ah, cierto. Pero le di para no matarla. Porque eso me pasa, ¿entendés? No tengo término medio: o hago todo lo que me piden, como un boludo; o me caliento mal, exageradamente y soy capaz de asesinarla. ¡Otra que me acordé ahora! El arquitecto del local ese que alquilamos al principio. El tipo lo defendía al dueño y querían que nosotros pagáramos toda la reforma. A mí me dolió la panza una semana sabiendo que tenía que enfrentar ese asunto y hacerle ver que eso no estaba dentro del trato. Y cuando lo encaré lo mandé a la putísima madre que lo parió. Resultado: el tipo se ofendió para el orto, terminó como que él tenía razón y encima pagamos todo con tal de quedarnos en el local. ¡Cualquiera!
- O el que te afanó la mercadería delante tuyo. Se miraron a los ojos mientras se metía las cosas en el pantalón y no le dijiste nada.
- Ese respeto por el otro es inquebrantable. No hay nada que pueda con él. Ni aún cuando es recontra obvio que me están cagando. Dejo pasar, dejo pasar y después se hace una bola de nieve increíble. Y termino viviendo problemas totalmente inverosímiles que me hacen preguntarme “¿por qué estoy en esta situación?, ¿cómo llegué a esto?” ¿Viste lo del efecto mariposa? Una modificación chiquitita al principio crea un caos al final. Por eso no es que todo lo que me pasa sea porque el perro nos meó la ruda. Me pasa porque soy un ganso.
- Siempre te das con un caño. Por ahí es un problema psicológico con nombre y apellido.
- Por ahí sí: esto debe tener un nombre, ¿no?... …¡Dale boludo, avanzá, la puta que te parió! ¿¡Desde cuándo le dan registro a los negros!?...

lunes, 19 de enero de 2009

ELOGIO DE LA SOBERBIA

“La humildad es la virtud de los que no tienen otra”, he escuchado decir alguna vez. Yo digo más: la humildad es la virtud que impedirá siempre hacerse de una nueva virtud.
Quien encara una empresa, un desafío de la índole que fuera, necesita como condición necesaria para lograr una mera chance de éxito, el estar poseído por el fuego sagrado de una impertinente altivez. Quien escriba debe creer mientras lo hace que lo que sale de su pluma es lo más alto a que puede llegar la creación humana en ese terreno. Quien vaya a patear un penal debe sentirse infalible; pero quien esté en el arco tiene que aferrarse a la idea de que provocará la paradoja de no poder ser superado jamás. El que invierta sus ahorros en un negocio debe, para vivir la posibilidad de superar el fatídico primer año en que se determina si habrá o no un segundo, pensar que no hay competidor posible, que la vía tomada tendrá la fortuna como estación terminal.

Si uno recorre la historia del mundo, la historia de sus ideas, de sus revoluciones estéticas y políticas, de los inventos, de la literatura, de la filosofía, de la economía, de la creatividad, de la moda, de las empresas, notará que todo golpe de timón, que todos los virajes que han hecho de la ruta de la humanidad un camino más complejo e interesante, han sido obra del entusiasmo desmedido y la terquedad insolente de personas no dispuestas a detenerse ante las paredes levantadas por los promotores de una prolija y eficiente mediocridad; no dispuestas a frenar su empuje a favor de una tendenciosamente ponderada humildad.

Ya habrá tiempo luego para que la realidad nos ponga en el lugar que nos corresponde. La obra terminada se enfrentará al mundo y probará si está apta o no para sobrevivir. Y sólo allí y en la medida justa ejerceremos nuestra modestia, si correspondiera. Pero nunca antes, nunca en los procesos creativos cuyo combustible único es – debe ser - la audacia más plena.

Escuchar las voces que recomiendan las cabezas gachas y la prudencia, termina inevitablemente en la constatación de la inutilidad de todo esfuerzo, de todo primer paso: nunca llegaremos a las alturas de los ya consagrados. Pero los ya consagrados fueron sordos a esas voces. No los detuvo el olor rancio del nihilismo. Supieron que el placer de hacer es todo el sentido que una empresa necesita; no superar a otros, no ser los mejores: tan sólo el placer de hacer.

miércoles, 14 de enero de 2009

EL ORIGEN DE TU NOMBRE

PALOMA

Condensado de feminidad. Diosa en miniatura. Dulce, misteriosa, profunda, mágica Paloma.

Tres años convenciéndonos de que el mundo es perfecto.

miércoles, 7 de enero de 2009

¡DE REVERSA, MAMI... DE REVERSA!

Dedicado a Doña Nadie, que tiene la capacidad increíble de hacerme reir con dos palabras.

martes, 6 de enero de 2009

EL MIEDO A LA LIBERTAD

- No sigamos - le dijo él ofuscado. - ¡Si no, vamos a terminar haciendo lo que queremos!

lunes, 5 de enero de 2009

A TRAVÉS DEL AGUJERO EN LA POSTAL

Para EGO, que alguna vez me preguntó cómo era Mar del Plata
El punto de encuentro de la Corriente marina cálida de Brasil y la corriente fría de las Islas Malvinas otorga las condiciones perfectas para el emplazamiento de una ciudad, por donde se la mire, tibia. Mar del Plata es otra de acuerdo a que se vea de afuera hacia adentro que de adentro hacia fuera.
La postal es conocida: el edificio de un casino falsamente considerado el más grande del mundo, una franja costera kilométrica donde miles de sombrillas multicolores no dejan adivinar la arena, tres o cuatro construcciones de estilo normando, un par de pétreos lobos marinos mirándose entre sí. Pero lo que de lejos es homogéneo y terso, de cerca se muestra rugoso e imperfecto. A través del agujero en la panorámica la realidad puede ser monstruosa.
Que otros se jacten de vivir calles que nunca duermen: Mar del Plata exhibe el privilegio extraño de ser la ciudad que nunca despierta. Si la hubiera conocido, fácilmente Oscar Wilde podría haber escrito El fantasma de Canterville otorgando a los marplatenses las características que satirizara de los norteamericanos. Porque la nuestra es una ciudad carente de espíritu (aunque no, por cierto, a favor de otros valores como el pragmatismo). Su composición poblacional puede dar la clave, quizás: destino universalmente pensado para el retiro, Mar del Plata es ciudad de viejos, de planes de descanso, de rechazo sistemático de todo emprendimiento, de todo hacer, de toda evolución. Las pirámides poblacionales invertidas apuntan para abajo.
Las fotos se sacan los días en que el cielo está celeste porque ese color se vive como un evento. La pasión que tiñe y que hace a Río ser amarilla, o a París ser roja, en Mar del Plata genera grises plúmbeos; grises pesados que se te caen la cabeza, grises de muerte, grises tristes que duran diez meses.

Mar del Plata tiene el mar en el nombre pero no en el cuerpo. Quien aquí vive ha perdido el encanto de una playa en invierno. El romanticismo que inspira un cuadro así se oculta tras el detalle pedestre del frío y del viento, de la arena y el agua sucias. Y se desprecia el océano estival, tan siempre apretado de gentes y cosas. El marplatense es un ser urbano que ha perdido todo vínculo con lo natural y que no se ha adiestrado lo suficiente en lo urbano.

El mar se mira sólo como vía de escape hacia una dinámica mundana de la que alguna vez se ha oído hablar. Caminar por su costa irregular de piedras crudas y horizontes de verde espuma violenta, de sur a norte, anonada: trae la sensación de que todo está más allá, de que todo pasa más allá; en otras geografías que promete el cielo. Y el mar se vive como barrera, como impedimento. Por eso le damos la espalda al mar. Por eso lo odiamos.
El estilo es el hijo predilecto del espíritu. Por eso Mar del Plata carece de estilo, de elegancia. La gente y la ciudad hacen juego: son sobrecargadas, coloridas, desprolijas, pretenciosas hasta el mal gusto. Y en los pegajosos veranos, los visitantes encuentran en esta ciudad el sitio para expiar de un modo casi anónimo su costado desmesurado y artificial; su desalineada superficialidad.
Es cierto que la costumbre puede generar cierto tipo de querencia, pero esta ciudad no puede nunca provocar amor. Mar del Plata no enamora porque es simple y es plana; porque su trazado es regular y no hay en ella rincones ni espacios secretos, porque todo está a la vista y nada se esconde: no hay intrigas ni magias ocultas en Mar del Plata. Y lo que seduce es lo que no se deja ver.
En una ciudad de cotillón, todo es de cotillón: la educación, la idea de mejoramiento, la profesionalización. En Mar del Plata no se produce, porque para hacerlo es necesario tomarse las cosas en serio. Y aquí todo es artificial. Entonces la economía es una de tenderos; y la moral y las costumbres y la estética y las ideas y los proyectos y los desafíos y los objetivos son de tenderos. Mar del Plata no genera y espera parasitariamente las temporadas donde los que sí trabajaron y emprendieron vienen a olvidarse por un rato. Sonríen como vampiros cuando pueden quedarse con algún billete que la distracción o la torpeza de sus dueños ha dejado caer al suelo.
El marplatense se entiende por rasgos negativos. Tiene – propiamente - una no-identidad que, paradójicamente, lo define. Y defiende todas estas cosas que no es a través de un conservadorismo de una tradición imaginada o pretendida, pero nunca real. El marplatense es sus defectos y, de tanto repetirlos, los ha creído su virtud.
Sueño con un día despertar y ya no ser hijo de esta ciudad, con haberme sacado sus marcas de mi cuerpo. Sueño con que algún día Mar del Plata sea para mí una anécdota esporádica y no una pesadilla eterna.

viernes, 2 de enero de 2009

COMO DEBE SER

Nada de sutilezas. Urgente, turgente. Hinchada, grosera, obscena. Prominente, curvilínea, sinuosa. Explosiva, impactante, ilimitada. Poderosa, intensa, calórica. Ardorosa, vehemente, exaltada.
Nada de sutilezas: así debe ser una mujer.

jueves, 1 de enero de 2009

A BRILLAR, MI AMOR

Los cambios de día, de semana, de mes y de año no hacen más que imprimir la ilusión de una repetición cíclica en lo que es un continuo de situaciones a cada momento inaugurales. Pero valga esa ilusión si nos es útil para usarla como punto de quiebre, como hito decisional.
El inicio de un nuevo año es una buena ocasión para decir "basta". Para empezar a comprender que todo en el mundo es una gran convención y que alcanza con perderle el respeto para poder dominarla. Un buen momento para perder la humildad y la timidez; para afirmar con voz viva que uno está aquí y ahora, que pisa lo suficientemente fuerte como para dejar huellas en el asfalto. Una excelente excusa para empezar - de una buena vez por todas - a brillar.