lunes, 12 de agosto de 2013

JIRAFAS

De chico tuve un solo sueño recurrente: yo adoptaba la perspectiva de un bebé y desde afuera de la cuna se asomaba un rostro inefable que me advertía: "¡Cuidado con la jirafa, la jirafa, LA JIRAFA!", de modo cada vez más veloz y con tono cada vez más enojado, despertándome finalmente cuando ni la velocidad de las palabras ni la furia podían ser mayores. Muchos años después un psiquiatra me preguntó con qué relacionaba esa pesadilla y lo primero que me vino a la cabeza fue un cuadrito que había en mi casa en mi primera niñez, en el que se representaba a una jirafa cuyo cuello salía por fuera de los límites del marco. Esa imagen llevaba una leyenda: "Larguísimos años de suerte y alegría". El psiquiatra me hizo advertir que, si lo expresado en la leyenda era un deseo, esto quería decir que los años no solían ser ni largos, ni plagados de suerte y alegría: sólo se desea lo que no se tiene. La jirafa de la que el rostro del sueño me precavía, era entonces ni más ni menos que mi simbolización personal de la muerte.